La democracia ‘representativa’ en estado de descomposición avanzada

Alejandro Teitelbaum
Abogado, diplomado en Relaciones Económicas Internacionales en París y representante de la Asociación Americana de Juristas ante la ONU

I. Cada vez es más evidente que el mito de la democracia “representativa” o “democracia delegativa” como la llaman algunos, se encuentra en estado de descomposición avanzada.

Dicha democracia consiste en que periódicamente los ciudadanos son convocados a elegir entre distintos nombres que figuran en las boletas electorales y optan por quienes creen –previo lavado de cerebro sufrido durante la campaña electoral –que serán las personas que representarán mejor sus intereses y opiniones, delegando en ellos –sin limitación ni control posterior algunos– el poder de decidir sobre todo lo que puede afectar de una manera u otra su propia existencia.

El voto ciudadano sufre el condicionamiento de la propaganda electoral vehiculizada por los oligopolios mediáticos gubernamentales o al servicio de los sectores de la burguesía opositores al gobierno de turno, donde las propuestas alternativas de algunos movimientos de izquierda prácticamente no aparecen.

Y el resultado electoral está también con frecuencia contaminado por la compra de votos. No pocos ciudadanos pobres no se sienten en absoluto motivados para votar y tienden a abstenerse. Hasta que aparece una motivación cuando se les propone que voten por determinado candidato a cambio de dinero o de un bono para hacer compras en un supermercado. Votando saben que no incidirán en absoluto sobre las políticas del futuro gobierno, pero por lo menos monetizando su voto podrán llenar una vez, aunque sea parcialmente, el carrito del supermercado.

Por regla general, los elegidos harán lo contrario de lo que prometieron. Porque –como piensan los políticos profesionales y algunos lo dicen en voz alta– una cosa es hacer campaña electoral y otra muy distinta es gobernar.

Hace ya unos cuantos años que muchos ciudadanos han dejado de creer en este sistema y lo manifiestan absteniéndose de votar (las cifras de abstencionistas son cada vez más altas en todo el mundo) o declarando muy mayoritariamente en distintas encuestas su total desconfianza en los políticos y en los partidos políticos en general.

Otro elemento que muestra la progresiva degradación de la democracia representativa es el análisis de la composición social de los parlamentos –la supuesta “representación popular”– donde nunca estuvieron representadas las clases populares, y en particular los trabajadores, en proporción a su peso demográfico. Y en los últimos decenios la curva de dicha representación es descendente hasta ser actualmente, en lo que se refiere a los trabajadores, casi nula. Las tasas más altas correspondieron, en algunos países, a los períodos en que los Partidos Comunistas tenían una bancada parlamentaria numerosa que incluía a muchos trabajadores y en que los partidos socialdemócratas tenían en sus filas una proporción relativamente alta de trabajadores, lo que se reflejaba parcialmente en su representación parlamentaria.

Ahora los Partidos Comunistas están reducidos a la mínima expresión y ha culminado el divorcio entre los partidos socialdemócratas y las clases trabajadoras.

Por ejemplo en Francia en la primera Asamblea Nacional de la posguerra, donde el partido Comunista tenía 150 diputados sobre 522, los obreros y empleados representaban el 18,8% de los diputados, la tasa más alta desde la creación de la Asamblea Nacional en 1871. Ya en 1958 esa tasa había disminuido al 4%, en 1967 subió al 9% y en 2012 era del 2%. Mientras que en la sociedad francesa los obreros y empleados constituyen casi el 50% de la población activa1.

Alrededor del 80% de los diputados franceses que entraron al Parlamento en 2007 y 2012 venían de las categorías superiores de la población (industriales, jefes de empresas, profesiones liberales, cuadros superiores, etc.) categorías que constituyen entre el 13 y el 14% de la población2.

En el Parlamento Europeo sobre 766 diputados el 0,4% son obreros y el 1,4% empleados (http://geopolis.francetvinfo.fr/qui-sont-les-766-deputes-europeens-26227).

En Argentina, el pico más alto de presencia obrera en la Cámara de Diputados se alcanzó en 1973 con el 6,7% y en 2010 era del 1 por ciento (http://www.icso.cl/images/Paperss/decimo.pdf).

Un cuadro estadístico, tomado de encuestas realizadas por el Instituto de Investigación de las elites parlamentarias de la Universidad de Salamanca, proporciona los siguientes datos del porcentaje de diputados de origen obrero o artesano en algunos países de América Latina:

Argentina 2,2%; Bolivia 11,2; Chile 4,6; Uruguay 8,3 y Brasil 0,8%3.

Se puede decir entonces que la tasa de representación de las capas socio-económicas en los parlamentos está invertida con relación a la realidad social.

Dicho de otra manera, las capas sociales más ricas y menos numerosas están sobrerrepresentadas y las más modestas y numerosas están subrrepresentadas.

Hay pues, para el ejercicio de la función parlamentaria, un proceso de reclutamiento selectivo y de clase que pasa por las instancias políticas (tanto de derecha como de izquierda) y por los grupos corporativos económicamente más fuertes.

Cada vez aparece más claro que en las condiciones del capitalismo contemporáneo, monopolista e imperialista y en estado de crisis permanente, no ha quedado espacio alguno para la participación popular en las decisiones, pues las instituciones estatales e interestatales son totalmente funcionales a la reproducción y preservación del sistema.

La capitulación del gobierno Tsipras, que violó el mandato popular recibido en las elecciones, mandato confirmado en el referéndum por una amplia mayoría4, es la prueba más flagrante de que la llamada “democracia representativa o delegativa” e incluso una supuesta forma de democracia directa como es el referéndum, se encuentran en estado de descomposición avanzada.

En cuanto al referéndum, decimos “supuesta forma de democracia directa” porque en los referendos el pueblo vota pero no decide. Algo similar a lo ocurrido en Grecia aconteció en Francia en 2005: la mayoría rechazó por referéndum la adhesión al Tratado estableciendo una Constitución europea pero el Gobierno hizo aprobar el Tratado de Lisboa por vía parlamentaria en 2008.

El Gobierno griego capituló ante un chantaje del más puro estilo mafioso5 ejercido por la Eurozona en el interés exclusivo del capital financiero internacional. El Gobierno griego y las instituciones europeas con poder decisorio ignoraron totalmente la voluntad expresada por la mayoría del pueblo griego en las elecciones y en el referéndum y están en camino de convertir a Grecia en una colonia del capital financiero y de las grandes potencias.

Quedó claramente demostrado quién tiene el poder real en las tomas de decisiones: el gran capital y las instituciones políticas a su servicio y no la ciudadanía.

Esta forma tan brutal de enterrar el mito de la democracia representativa despertó múltiples reacciones adversas y diferentes interpretaciones.

Una de dichas interpretaciones es que este episodio puso crudamente de manifiesto que la Unión Europea, los Gobiernos que la componen y las instituciones que, dentro de ella, tienen el poder de decisión, no representan a los pueblos de Europa sino al gran capital. Lo que algunos llaman púdicamente “déficit democrático” de la Unión Europea6.

Pero algunos comentarios críticos han formulado otra interpretación. Nos interesa destacar la de tres referentes de las corrientes “progresistas”: Jürgen Habermas, Immanuel Wallerstein y Slavoj Zizek.

Habermas, en una entrevista concedida a The Guardian el 16 de julio de 2015, sobre la cuestión de Grecia, declaró: El acuerdo sobre la deuda griega es perjudicial tanto en su resultado por la forma en que se logró. En primer lugar, el resultado de las negociaciones es lamentable. Incluso si uno fuera a considerar que el estrangulamiento era la manera correcta de hacer las cosas, no podemos esperar que estas reformas vayan a ser implementadas por un gobierno que, como él mismo lo admite, no está de acuerdo con los términos del mismo.

En segundo lugar, el resultado no tiene sentido en términos económicos debido a la mezcla tóxica entre las reformas estructurales necesarias del Estado y de la economía y la imposición de nuevas medidas neoliberales que desalienten población griega completamente agotada y matan todo impulso al crecimiento.

En tercer lugar, el resultado significa que un Consejo Europeo impotente acaba en sustancia de declararse en quiebra política: la relegación de facto de un Estado miembro a la condición de protectorado contradice abiertamente los principios democráticos de la Unión Europea.

Es decir que, según Habermas, dentro del “subsistema económico” estrangular a Grecia puede haber sido correcto, aunque hay que desconfiar del Gobierno griego que no estaría de acuerdo con los términos de la rendición incondicional (el llamado acuerdo) a que se sometió. Después Habermas habla de la mezcla “tóxica” de las reformas estructurales que él considera “necesarias” (venta a vil precio del patrimonio nacional, etc) y el desaliento de la población griega ante la imposición de nuevas medidas neoliberales.

Y en tercer lugar Habermas habla de la quiebra política del Consejo Europeo que “contradice abiertamente los principios democráticos de la Unión Europea”.

Dicho de otra manera, según Habermas, lo que él en sus trabajos teóricos llama el “subsistema económico”, tiene sus propias reglas y actuó correctamente estrangulando a Grecia. Pero cometió el error de “invadir” lo que él denomina el “mundo de la vida” que en este caso sería la Unión Europea y sus “principios democráticos” y donde funcionaría sin trabas la “acción comunicativa”.

El círculo se cerró cuando Alexis Tsipras, en una entrevista reproducida en el diario del PC francés L’Humanité del 31 de julio de 2015, invocó a Habermas para justificar su capitulación y la traición del mandato inequívoco que recibió del pueblo griego, en la elección y en el referéndum.

Immanuel Wallerstein, en un artículo publicado en La Jornada de México el 8/8/2015: Grecia: ¿quién es culpable y de qué? escribe:

¿Qué conclusiones puede extraer Syriza (y el resto de nosotros) de lo que ha ocurrido? Lo primero que hay que resaltar es lo que no está siendo debatido. Desde el principio, en 2004, Syriza se comprometió a buscar el poder del Estado para implementar sus objetivos. Parece que no se avizoraron rutas políticas alternativas. Pero, por supuesto, buscar el poder del Estado acarrea consigo ciertos costos muy serios. Uno de tales costos es que los gobiernos, todos los gobiernos en cualquier parte, son forzados a hacer arreglos en su trato con el resto del mundo. Eventualmente esto conduce a la clase de división que Syriza está sufriendo en estos momentos. (Nuestro el subrayado).

Wallerstein dice que si se pretende gobernar hay que estar dispuesto a hacer compromisos con el resto del mundo.

No sabemos qué quiere decir Wallerstein con “resto del mundo” porque dicha noción es muy imprecisa. Pero los hechos –en el caso de Grecia– indican claramente que el significado real de “resto del mundo” es el capital financiero internacional y los gobiernos e instituciones a su servicio y que, en la práctica, no se trata de “hacer arreglos” o compromisos con ese “resto del mundo” sino de rendición incondicional. La otra opción es romper con ese “resto del mundo” y elegir el propio camino. En el caso de Grecia salir del euro, que sería socialmente mucho menos costoso que someterse al chantaje de la Eurozona.

El profesor Slavoj Zizek, regularmente citado y publicado por intelectuales y medios de izquierda, escribió en agosto del 2015 (El Apocalipsis griego, diario Página 12, Buenos Aires, 21 de agosto de 2015, Mediapart 21 agosto, http://blogs.mediapart.fr/blog/nomados/210815/slavoj-zizek-l-apocalypse-… ):

Muchos comentaristas de izquierda (Habermas incluido) se equivocaron al leer el conflicto entre la Unión Europea (UE) y Grecia como el conflicto entre la tecnocracia y la política: el tratamiento de la UE a Grecia no es tecnocrático, sino político en su estado más puro, incluso en contra de sus intereses económicos (como lo aseguró claramente el Fondo Monetario Internacional, un verdadero representante de la fría racionalidad económica, que declaró inviable el plan de rescate). En todo caso, era Grecia la que representaba la racionalidad económica y la UE la que representaba la pasión política ideológica”.

Leyendo a Zizek nos enteramos de dos cosas: que Habermas es de izquierda y que la Unión Europea actuó frente a Grecia por pura “pasión política ideológica”. No por intereses económicos. En todo caso, como Habermas y contra toda evidencia, escinde las esferas de lo político y lo económico7.

Y más adelante afirma:

Y, por cierto, la mayor parte del dinero dado a Grecia va a los bancos privados occidentales, lo cual significa que Alemania y otras potencias de la UE están gastando el dinero de los contribuyentes para salvar a sus propios bancos, que cometieron el error de dar préstamos incobrables”.

Repite el argumento de la derecha de que son los contribuyentes europeos que pagan los supuestos “errores” de los grandes bancos que prestaron a un Estado insolvente, cuando la realidad es que Grecia ha sido y sigue siendo una fuente de enormes beneficios sobre todo para Francia y Alemania , que le han vendido armamentos por miles de millones de euros en condiciones fraudulentas, le han hecho préstamos a tasas usurarias y ahora, en el marco del último memorando, saquearán su patrimonio (ya lo están haciendo) incluidas las infraestructuras básicas.

Sostiene Zizek que salir del euro hubiera sido una “locura”, con consecuencias sociales para los griegos mucho más graves que la capitulación ante la Eurozona.

Y concluye que hay que esperar una próxima crisis en Grecia –como si Grecia no estuviera ahora en plena crisis– que Syriza afrontará con un plan bien elaborado.

Cabe hacer un análisis más riguroso, más allá de las interpretaciones precedentes de Habermas y Wallerstein y Zizek, que son por lo menos ambiguas, del papel que desempeña el Estado y las instituciones de la “democracia representativa” en las condiciones actuales del capitalismo transnacionalizado.

Una primera constatación es que, mientras el sistema dominante cuenta con el consenso de las mayorías populares, es decir mientras éstas aceptan la delegación de la dirección del Estado en las clases explotadoras y en sus agentes políticos, el sistema puede permitirse los regímenes llamados democráticos y hasta “progresistas”, que son mejores garantes de la continuidad y estabilidad del mismo que los regímenes abiertamente dictatoriales.

Cuando se acaba el consenso, se acaba la “democracia representativa” y se producen los golpes de Estado y se instalan las dictaduras.

Pero sería incompleta esta constatación, si no nos refiriéramos a los intentos en la historia reciente de algunos Estados-naciones de romper la sumisión al sistema dominante a escala mundial y emprender reformas económico-sociales de signo popular y en función del interés general, pero lesivas para los intereses de los grandes monopolios transnacionales. Es decir, intentos de darle un contenido real a la “democracia representativa”. En estos casos han sido las grandes potencias directamente y/o por intermedio de agentes locales que se encargaron de acabar con esos intentos y con la “democracia representativa” en esos Estados-naciones.

Algunos ejemplos.

En 1953, con la intervención decisiva de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, golpe de Estado en Irán contra el gobierno del Dr. Mossadegh, que había nacionalizado el petróleo, contrariando así los intereses de la Anglo-Iranian Oil Company. Después del golpe, un consorcio de ocho compañías (estadounidenses, inglesas y holandesas) retomaron el control del petróleo.

En 1954 una acción militar obligó a renunciar al presidente constitucional de Guatemala, Jacobo Arbenz, durante cuyo gobierno se habían realizado importantes reformas económicas y sociales en beneficio de los sectores más desfavorecidos de la población, entre ellas la reforma agraria. La represión contra los campesinos y los militantes sindicales después del derrocamiento del gobierno constitucional fue extremadamente violenta. Las promotoras y financiadoras de la acción militar fueron la CIA y la empresa transnacional United Fruit Company (actualmente Chiquita Brands), con enormes intereses en toda América Central y el Caribe, particularmente descontenta con la reforma agraria dispuesta por el Gobierno de Guatemala.

A principios de 1963 fue elegido Juan Bosch presidente de la República Dominicana en las primeras elecciones libres después de la dictadura de Trujillo. El gobierno de Bosch inició inmediatamente reformas sociales y políticas a favor de los sectores de la población más desprotegidos: trabajadores, campesinos, mujeres, etc. En setiembre del mismo año fue derrocado por una rebelión militar. En abril de 1965 otra rebelión cívico-militar encabezada por el coronel Camaño intentó restablecer en su cargo a Bosch. Pero Estados Undios puso fin a la insurrección enviando a territorio dominicano 42000 “marines”.

En 1973 fue derrocado el gobierno constitucional de Chile resultando muerto el Presidente, Salvador Allende. La intervención de la empresa transnacional International Telephone and Telegraph (ITT) en la promoción y financiación del golpe de Estado ha quedado ampliamente demostrada, como así también la intervención directa del Gobierno de los Estados Unidos y de su Agencia Central de Inteligencia (CIA)8 . La ITT se sintió afectada por la nacionalización de la compañía de teléfonos, donde poseía el 70 por ciento de las acciones. La nacionalización de las minas de cobre, que eran propiedad de compañías estadounidenses, fue también un elemento desencadenante de primera importancia del golpe de Estado contra el Gobierno de Allende.

Los años de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua (1979-1990), fueron un intento de aplicar un modelo propio de desarrollo humano, con cierto número de realizaciones en su activo (reforma agraria, educación, alimentación, etc.), pero la guerra económica, militar y paramilitar que libró Estados Unidos contra los sandinistas, que dió lugar incluso a una sentencia condenatoria de la Corte Internacional de Justicia (Asunto de las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y en contra de ésta (Nicaragua c. Estados Unidos de América) modificó radicalmente el curso de los acontecimientos.

Cuando Aristide asumió el Gobierno en Haití en febrero de 1991, propuso aumentar el salario mínimo de 1,76 a 2,94 dólares por día. La Agencia para la Inversión y el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) criticó esta iniciativa, diciendo que significaría una grave distorsión del costo de la mano de obra. Las sociedades estadounidenses de ensamblado radicadas en Haití (es decir la casi totalidad de las sociedades extranjeras) concordaron con el análisis de la USAID y, con la ayuda de la Agencia Central de Inteligencia, prepararon y financiaron el golpe de Estado de setiembre de 1991 contra Aristide 9. Como la reacción internacional (el embargo) y el caos interno paralizaron las labores de las empresas estadounidenses en Haití, las tropas estadounidenses restablecieran a Aristide en el Gobierno en octubre de 1994 y aseguraron al mismo tiempo la impunidad y un confortable retiro a los jefes militares golpistas.

En 2004 se repitió el libreto de 1991, con un Aristide políticamente desprestigiado, sitiado económicamente por Estados Unidos y asfixiado por el Fondo Monetario Internacional. Esta vez la expulsión de Aristide fue orquestada por Estados Unidos con Francia como segundo violín y legitimada ex post facto por el Consejo de Seguridad.

Ahora en Haití, ocupada desde hace once años por tropas extranjeras bajo la bandera de la ONU, la inmensa mayoría de la población vive en situación de extrema pobreza y no logra reponerse de los desastres provocados por las catástrofes naturales y por la epidemia de cólera. Un indicio de cómo funciona la “democracia representativa” en Haití es que en la primera vuelta de las elecciones legislativas celebradas –con varios años de retraso– en agosto de 2015, la tasa de participación fue del 18%.

Con Obama cambió la forma pero no el fondo de ese tipo de operativos. Cuando el efímero golpe contra Chávez en Venezuela en abril del 2002, Estados Unidos apoyó ostensiblemente a los golpistas. En cambio, el golpe en Honduras de junio de 2009 fue criticado por el Gobierno estadounidense, que apoyó las decisiones de los organismos internacionales (ONU y OEA) exigiendo la reposición del presidente depuesto. Incluso Hillary Clinton recibió a Zelaya. Pero es incontestable que sin la luz verde de Estados Unidos el golpe no se hubiera producido, pues dicho país tiene el control de las fuerzas armadas hondureñas a través de su base miltar de Soto Cano, esencial para la geopolítica subregional de Estados Unidos. Por ejemplo desde allí se proporcionaba apoyo logístico a los “contras” de Nicaragua. El presidente Zelaya se había propuesto agregar una utilización civil, fuera del control estadounidense, al aeropuerto de dicha base, algo que el Pentágono –cuyo patrón, Robert Gates seguía siendo con Obama el mismo que durante el gobierno de Bush– no podía admitir.

La Revolución cubana debe evaluarse teniendo en cuenta sus realizaciones en materia de salud, educación, vivienda, etc., sin olvidar sus falencias en otros aspectos, en primer lugar una excesiva concentración del poder de decisión, que no se logra disimular con la existencia de organizaciones de base cuya participación en las decisiones de política general es puramente formal. Pero la enorme influencia negativa, no sólo económica sino también política (tensión interna permanente) de más de 50 años de embargo por parte de los Estados Unidos, más los atentados terroristas promovidos y organizados desde territorio estadounidense, contribuyeron a un progresivo deterioro interno.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 2015 no estuvo acompañado, como cabía esperar, por la exigencia del Gobierno cubano del levantamiento simultáneo del embargo y de que se abrieran discusiones sobre las reparaciones que debe Estados Unidos a Cuba por el inmenso daño causado por más de medio siglo de embargo. La ausencia de estas exigencias es una capitulación del Gobierno cubano, coherente con el giro al capitalismo que viene produciéndose en Cuba desde hace ya muchos años10.

En África en el momento de la descolonización surgieron líderes como Patrice Lumumba en la República Democrática del Congo y Amílcar Cabral en Guinea Bissau y más tarde Tomas Sankara en Burkina Faso, que bregaron por una vía independiente para sus pueblos, contraria a los intereses de las ex metrópolis y de sus grandes empresas. Los tres fueron asesinados, y reemplazados por dirigentes dictatoriales, corruptos y fieles a las grandes potencias neocoloniales. Francia y algunos otros países europeos aportaron su “savoir faire” en la materia para la eliminación de esos dirigentes populares.

II. Los análisis de Marx y Lenin constituyen una herramienta indispensable para estudiar los temas del Estado y de la “democracia representativa” y situarlos en su contexto histórico, económico y social.

Lenin 11, al contrario de los teóricos burgueses del Estado que consideran que éste está por encima de las clases y actúa como árbitro entre ellas, dice que el Estado es un producto de la sociedad de clases y funciona como aparato de dominación y represión de las clases dominantes sobre las clases subordinadas. Todos sus estamentos desempeñan esa función: las élites y la burocracia gobernante, el ejército, la policía, la magistratura, el sistema educativo, etc.

A través del Estado, una minoría explotadora ejerce su dictadura sobre las mayorías explotadas. Aunque revista la forma de una democracia representativa.

Escribe Lenin: “Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del “orden” que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases”.

“Y más adelante cita a Engels, quien escribía en 1891: “ En la república democrática la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro”, y lo ejerce, en primer lugar, mediante la “corrupción directa de los funcionarios” (Norteamérica), y, en segundo lugar, mediante la “alianza del gobierno con la Bolsa” (Francia y Norteamérica)”

Y continúa Lenin: “En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los Bancos han “desarrollado”, hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados para defender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren”… En la página siguiente Lenin cita nuevamente a Engels:

“Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases, desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.

De esta caracterización del Estado burgués concluye Lenin que la primera tarea de una revolución socialista es DESTRUIR el aparato del Estado de la burguesía y erigir lo que el llama un “semiestado proletario” con características absolutamente distintas a las del Estado capitalista.

Dicho semiestado es también una dictadura, pues por su naturaleza, el Estado es la forma en que una clase ejerce su dictadura sobre otra u otras.

Pero a diferencia del Estado burgués, el “semiestado proletario” es la dictadura de las mayorías explotadas sobre las minorías explotadoras y debe ejercer la violencia contra estas en la medida que estas intenten por la violencia restablecer el sistema capitalista.

Desde el momento mismo de su instauración, el semiestado proletario comienza un largo proceso hacia su extinción que avanza en la medida en que al establecerse las bases económicas (la propiedad colectiva de los medios de producción) se van extinguiendo las clases y, por lo tanto, el antagonismo entre ellas.

Cesa entonces, dice Lenin, la administración sobre las personas y sólo resta la administración sobre las cosas.

Este proceso de progresiva extinción del Estado no puede producirse si no se profundizan los cambios económicos tendentes a suprimir totalmente la explotación capitalista. La experiencia indica que cuando no se sigue este camino es inevitable la regresión y la restauración del capitalismo y de la explotación que le es inherente.

También, como lo muestra la experiencia histórica, el estancamiento y la regresión puede producirse si no se profundiza permanentemente la democracia socialista. La profundización de la socialización de la economía y la profundización de la democracia socialista son interdependientes, son dos caras de la misma moneda: no puede haber democracia socialista sin economía socialista y tampoco puede haber y perdurar una economía socialista sin democracia socialista.

La democracia es, según la definición corriente, el sistema político de gobierno cuya autoridad emana del pueblo o como con cierto lirismo la definiera Lincoln : el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Pero, ¿qué es la democracia en concreto en el contexto del sistema capitalista y qué debe ser la democracia socialista?

Lenin escribe: “Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una “fuerza especial para la represión” de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular”.

Los principios básicos de una democracia socialista los explica Lenin en el párrafo 2 (¿Con qué substituir la máquina del Estado una vez destruída? del Capítulo III (La experiencia de la Comuna de Paris de 1871. El análisis de Marx) del El Estado y la Revolución:

“En 1847, en el “Manifiesto Comunista“, Marx daba a esta pregunta una respuesta todavía completamente abstracta, o, más exactamente, una respuesta que señalaba las tareas, pero no los medios para resolverlas. Sustituir la máquina del Estado, una vez destruida, por la “organización del proletariado como clase dominante”, “por la conquista de la democracia”: tal era la respuesta del “Manifiesto Comunista”. Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas la respuesta a la cuestión de qué formas concretas habría de revestir esta organización del proletariado como clase dominante y de qué modo esta organización habría de coordinarse con la “conquista de la democracia” más completa y más consecuente. En su “Guerra civil en Francia“, Marx somete al análisis más atento la experiencia de la Comuna, por breve que esta experiencia haya sido. Citemos los pasajes más importantes de esta obra: En el siglo XIX, se desarrolló, procedente de la Edad Media, “el poder centralizado del Estado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura”. Con el desarrollo del antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, “el Poder del Estado fue adquiriendo cada vez más el carácter de un poder público para la opresión del trabajo, el carácter de una máquina de dominación de clase. Después de cada revolución, que marcaba un paso adelante en la lucha de clases, se acusaba con rasgos cada vez más salientes el carácter puramente opresor del Poder del Estado”. Después de la revolución de 1848-1849, el Poder del Estado se convierte en un “arma nacional de guerra del capital contra el trabajo”. El Segundo Imperio lo consolida. “La antítesis directa del Imperio era la Comuna”. “Era la forma definida de aquella república que no había de abolir tan sólo la forma monárquica de la dominación de clase, sino la dominación misma de clase. . .” ¿En qué había consistido, concretamente, esta forma “definida” de la república proletaria, socialista? ¿Cuál era el Estado que había comenzado a crear?… La Comuna sustituye la máquina estatal destruida, aparentemente “sólo” por una democracia más completa: supresión del ejército permanente y completa elegibilidad y amovilidad de todos los funcionarios. Pero, en realidad, este “sólo” representa un cambio gigantesco de unas instituciones por otras de un tipo distinto por principio. Aquí estamos precisamente ante uno de esos casos de “transformación de la cantidad en calidad”: la democracia, llevada a la práctica del modo más completo y consecuente que puede concebirse, se convierte de democracia burguesa en democracia proletaria, de un Estado (fuerza especial para la represión de una determinada clase) en algo que ya no es un Estado propiamente dicho. Todavía es necesario reprimir a la burguesía y vencer su resistencia. Esto era especialmente necesario para la Comuna, y una de las causas de su derrota está en no haber hecho esto con suficiente decisión. Pero aquí el órgano represor es ya la mayoría de la población y no una minoría, como había sido siempre, lo mismo bajo la esclavitud y la servidumbre que bajo la esclavitud asalariada. ¡Y, desde el momento en que es la mayoría del pueblo la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una “fuerza especial” de represión! En este sentido, el Estado comienza a extinguirse. En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada (la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), puede llevar a efecto esto directamente la mayoría, y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del Poder del Estado tanto menor es la necesidad de dicho Poder. En este sentido, es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado al nivel del “salario de un obrero “. Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el viraje de la democracia burguesa a la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la democracia de las clases oprimidas, del Estado como “fuerza especial ” para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente –tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado– en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido! En los comentarios de popularización –cuya cantidad es innumerable– no se habla de esto. “Es uso” guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una “ingenuidad” pasada de moda, algo así como cuando los cristianos, después de convertirse el cristianismo en religión del Estado, se “olvidaron” de las “ingenuidades” del cristianismo primitivo y de su espíritu democrático-revolucionario. La reducción de los sueldos de los altos funcionarios del Estado parece “simplemente” la reivindicación de un democratismo ingenuo, primitivo. Uno de los “fundadores” del oportunismo moderno, el exsocialdemócrata E. Bernstein, se ha dedicado más de una vez a repetir esas burlas burguesas triviales sobre el democratismo “primitivo”. Como todos los oportunistas, como los actuales kautskianos, no comprendía en absoluto, en primer lugar, que el paso del capitalismo al socialismo es imposible sin un cierto “retorno” al democratismo “primitivo” (pues ¿cómo, si no, pasar a la ejecución de las funciones del Estado por la mayoría de la población, por toda la población en bloque?); y, en segundo lugar, que este “democratismo primitivo”, basado en el capitalismo y en la cultura capitalista, no es el democratismo primitivo de los tiempos prehistóricos o de la época precapitalista. La cultura capitalista ha creado la gran producción, fábricas, ferrocarriles, el correo y el teléfono, etc., y sobre esta base, una enorme mayoría de las funciones del antiguo “Poder del Estado” se han simplificado tanto y pueden reducirse a operaciones tan sencillísimas de registro, contabilidad y control, que estas funciones son totalmente asequibles a todos los que saben leer y escribir, que pueden ejecutarse en absoluto por el “salario corriente de un obrero”, que se las puede (y se las debe) despojar de toda sombra de algo privilegiado y “jerárquico”. La completa elegibilidad y la amovibilidad en cualquier momento de todos los funcionarios sin excepción; la reducción de su sueldo a los límites del “salario corriente de un obrero”: estas medidas democráticas, sencillas y “evidentes por sí mismas”, al mismo tiempo que unifican en absoluto los intereses de los obreros y de la mayoría de los campesinos, sirven de puente que conduce del capitalismo al socialismo. Estas medidas atañen a la reorganización del Estado, a la reorganización puramente política de la sociedad, pero es evidente que sólo adquieren su pleno sentido e importancia en conexión con la “expropiación de los expropiadores” ya en realización o en preparación, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en propiedad social”.

Hasta aquí la cita de Lenin (el subrayado de la última frase nos pertenece).

Algunas páginas más adelante Lenin precisa:

“Organizaremos la gran producción nosotros mismos, los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia obrera, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, mantenida por el Poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, “inspectores y contables” responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la “extinción” gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden –orden sin comillas, orden que no se parecerá en nada a la esclavitud asalariada–, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos siguiendo un turno, acabarán por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.”

“Más adelante, en el Párrafo 2 del Capítulo VI de El Estado y la Revolución, Lenin insiste:

“Los obreros, después de conquistar el Poder político, destruirán el viejo aparato burocrático, lo desmontarán hasta en sus cimientos, no dejarán de él piedra sobre piedra, lo sustituirán por otro nuevo, formado por los mismos obreros y empleados, c o n t r a cuya transformación en burócratas serán tomadas inmediatamente las medidas analizadas con todo detalle por Marx y Engels: 1) No sólo elegibilidad, sino amovilidad en todo momento; 2) sueldo no superior al salario de un obrero; 3) se pasará inmediatamente a que todos desempeñen funciones de control y de inspección, a que todos sean “burócratas” durante algún tiempo, para que, de este modo, nadie pueda convertirse en “burócrata”.

Y Lenin agrega en una de las últimas páginas “Bajo el socialismo todos intervendrán por turno en la dirección y se habituarán rápidamente a que ninguno dirija”.

Las ideas de Marx y de Lenin sobre el Estado conservan plena actualidad pues no consisten en una representación idealista, ahistórica, estática y esquemática del mismo sino que, partiendo de sus múltiples aspectos, en un proceso de síntesis rescatan sus rasgos esenciales que persisten, pues no es un Estado abstracto, sino un Estado capitalista, que se va adaptando a las cambiantes condiciones del sistema dominante. Es el método de análisis expuesto por Marx, entre otros lugares de su obra en la “Introducción a la crítica de la economía política, 1857, Cap. III, El método”.

III. De modo que corresponde analizar al Estado contemporáneo en relación con el estado actual del sistema capitalista, caracterizado por ser un sistema totalmente transnacionalizado y en crisis prácticamente permanente.

El Estado moderno responde a la necesidad de gestionar las relaciones sociales en un determinado sistema productivo cuyos rasgos esenciales son la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado, es decir el intercambio de mercancías entre propietarios y productores por intermedio de su equivalente general, el dinero. Entre dichas mercancías intercambiadas está la fuerza de trabajo, donde no hay intercambio de equivalentes.

El Estado aparece como un aparato administrativo mediador entre grupos y clases con intereses contradictorios (el propietario se queda con el excedente –plusvalía– producida por el productor) para preservar el “interés general” que no es otra cosa que la reproducción –preferiblemente pacífica– del sistema vigente.

Esta función mediadora del Estado fue relativamente real en las primeras etapas de la evolución y consolidación del sistema capitalista. Decimos “relativamente real” porque el Estado ha funcionado siempre como garante –por medios pacíficos o violentos– de la reproducción del sistema.

Pero esta función de mediador, escribe Hirsch “se modifica con la penetración progresiva de las relaciones capitalistas, en que el “sólo poder de las condiciones económicas” (Marx, El Capital) instala la organización de dominación en tanto que instrumento para la instauración de relaciones capitalistas, donde el capital se reproduce por si mismo y donde finalmente la “sumisión completa del organismo del Estado” (Marx, Grundrisse) al capital determina la forma y la función del Estado”12 .

Esta relativa autonomía del Estado y su papel de mediador (tanto de los Estados nacionales como de las organizaciones internacionales interestatales) ha cesado y su sumisión completa al capital ha culminado con la transnacionalización de la economía de los últimos decenios. Sumisión acentuada por la crisis casi permanente del sistema.

Un grupo de economistas franceses describieron esto en 1983 con notable exactitud:

La culminación de la regulación monopolista privada a escala mundial conducirá a una reestructuración drástica y, sin duda, irreversible, de los Estados-naciones. Estos se convertirán en territorios amorfos cuyas funciones económicas estarán determinadas desde el exterior por oligopolios internacionales. Esos territorios serán a la vez grandes espacios abiertos y fragmentados. Se impondrá una estructura dualista, hecha de un sector “moderno” y otro “tradicional”. En el primero, ampliamente internacionalizado, estarán concentradas las sedes de los grandes grupos, las industrias de alta tecnología, las grandes instituciones de enseñanza, los dirigentes y los ingenieros mejor formados, ellos mismos muy movibles y hablando el mismo idioma, los laboratorios y todo el complejo de medios de comunicación internacionales. El sector “tradicional” agrupará la masa de la población, con baja remuneración y calificación, dedicada a las tareas subcontratadas por el sector moderno en las que, quizás, un tiempo de trabajo más corto será compensado por la reducción de la cubertura de las necesidades sociales, la que será preferida al desempleo, cuya tasa será elevada” 13.

Mientras prevaleció un sistema de economías nacionales, en las que la producción y el consumo se realizaban fundamentalmente dentro del territorio fue posible el “pacto social” de hecho entre los capitalistas y los asalariados en tanto consumidores en el marco del Estado-nación. Pero en el actual sistema “mundializado” la producción se destina a un mercado mundial de “clientes solventes” y ya no interesa el poder adquisitivo de la población del lugar de producción. Y el Estado-nación tiende a convertirse en una entidad amorfa dentro de un Estado mundial de hecho y formado por diversas instituciones y tratados mundiales, regionales y bilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, OCDE, “Grupo de los 8”, Comisión Europea, Banco Central Europeo, Tratados de Promoción y Protección de Inversiones, etc.) dominado–política, económica, militar y culturalmente- por el gran capital transnacional y sus gerentes, los líderes políticos.

En las condiciones del capitalismo monopolista e imperialista y de las crisis a repetición, se producen nuevas formas de intervención estatal e interestatal para asegurar la reproducción del sistema y la tasa de beneficio: además de las institucionales que acabamos de mencionar, el Estado participa en ciertas industrias y servicios (especialmente en los no rentables), en sectores de la investigación científica y tecnológica, en la constitución de coaliciones militares para agredir países en nombre de los “derechos humanos” pero en realidad para someterlos a su esfera geoeconómica y geoestratégica. Hasta, en algunos casos, desintegrarlos como Estados, como ha ocurrido, por ejemplo, con Libia y, en buena medida, con Irak. Con el resultado colateral de situaciones caóticas de las que han surgido organizaciones terroristas muy poderosas y de un salvajismo extremo.

Desde los orígenes del capitalismo hasta la actualidad, el Estado ha sido y es “una máquina esencialmente capitalista, el Estado de los capitalistas” (Engels, Anti-Dühring, citado por Hans Joachim Hirsch, op. cit.).

No se trata entonces de “mejorar” Estado, sino de desmontarlo (destruirlo, decía Lenin) y cambiarlo por otras formas institucionales totalmente distintas, que confieran el poder de decisión a los que trabajan (que no es lo mismo que la “participación” formal en las decisiones que toman los “líderes”) y constituyan una barrera infranqueable a la formación de burocracias (mandatos breves, revocables y no renovables en todos los niveles). Al mismo tiempo que se suprimen las relaciones de producción capitalistas, socializando los instrumentos y medios de producción y de cambio.

Dicho de otra manera, un socialismo democrático y participativo consistente en un sistema –hasta ahora inédito en el mundo– fundado en la propiedad social o colectiva de los instrumentos y medios de producción y de cambio y en formas institucionales que permitan la intervención activa y consciente de los individuos y las colectividades en la adopción de decisiones en todos los niveles y en todas las etapas, desde la determinación de los objetivos y los medios para alcanzarlos hasta la puesta en práctica de los mismos y el control y la evaluación de los resultados.

Este debería ser el proyecto de los que realmente quieren un cambio radical en la sociedad que conduzca a la liberación y a la realización del ser humano como tal. Quienes deberían prefigurarlo en sus propias organizaciones, con la rotación periódica de sus dirigentes y la verdadera participación de todos sus miembros en las decisiones.

Porque, como dice la Internacional:

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador.
Nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

Lo que, lamentablemente, hasta ahora no ocurre en la gran mayoría de los casos, se trate ya sea de organizaciones sindicales, de partidos políticos “progresistas” o “izquierdistas” o de otras organizaciones.

En los partidos de izquierda, incluso los que declaran ser contrarios a la partidocracia, predomina la idea –y la ponen en práctica– de que las funciones dirigentes y representativas deben corresponder mayoritariamente a las elites intelectuales (por razones económico-sociales obvias provenientes de las clases sociales medias y altas) que estarían mejor preparadas para ejercerlas que los “simples” trabajadores.

Notas

1. De quel milieu social viennent les députés ? Observatoire des inegalités, 2013

2. Daniel Gaxie, Questionner la répresentation politique. Université de Paris I, Centre Européen de Sociologie et Science, en Savoir/Agir. Nº 31, mars 2015. Démocratie

3. Constanza Moreira, Entre la protesta y el compromiso. La izquierda en el gobierno. Editorial Trilce, Uruguay. 2009. pág.117.

4. Tsipras interpretó abusivamente que la mayoría del pueblo griego se había pronunciado a favor del permanecer en la Eurozona.

5. La actuación de las potencias europeas no es sólo mafiosa sino criminal. Además de explotar desde hace siglos sin consideración alguna por sus habitantes y por el ecosistema los recursos naturales de África, han emprendido guerras de agresión junto con Estados Unidos contra países de dicho continente y de Cercano Oriente y promovido luchas interétnicas que han llevado a la desintegración de algunos de dichos países, con el resultado del reciente surgimiento –con el evidente apoyo exterior de Arabia Saudita, amiga íntima de USA- de DAESH una gran fuerza poderosamente armada que actúa con un salvajismo extremo y que controla un enorme territorio. El resultado es un caos generalizado en la región con centenares de miles de muertos y millones de desplazados, muchos de los cuales tratan de llegar a Europa, pereciendo ahogados miles de ellos en el Mediterráneo, ante la indiferencia de la Unión Europea, cuya preocupación principal es tratar de impedirles hacer pie en Europa. Y los que logran entrar en Europa la mayoría de las veces son tratados peor que el ganado.

6. El Parlamento Europeo, que tiene alguna representatividad pero muy poco poder, está bajo la estrecha vigilancia de la Comisión Europea. Escribe un periodista español:

Se ha conocido una arbitrariedad fascistoide de la Comisión Europea con los

diputados del Europarlamento y el tratado libre comercio e inversión (TTIP) que negocian muy en secreto la Unión Europea y Estados Unidos. ¡La UE sólo permite a los eurodiputados leer dos horas el texto negociado del tratado! Para mayor desgracia, prohíbe a los europarlamentarios hablar con nadie del mismo. El corto tiempo de lectura del oscuro tratado ha de ser en una sala segura, sin grabadoras, magnetófonos ni otros dispositivos electrónicos. Ni siquiera papel y bolígrafo y bajo vigilancia. No sabemos si los vigilantes van armados, pero sí que los legítimos representantes de ciudadanos y ciudadanas europeos reciben el trato de sospechosos de un delito. (Xavier Caño Tamayo, Impedir el tratado entre Estados Unidos y Europa, CCS – Centro de Colaboraciones Solidarias, 20/03/15).

Esta situación, realmente grotesca, la hemos podido confirmar con un miembro del Parlamento Europeo.

7. Es un lugar común que si en algún momento la esfera de lo político tuvo alguna autonomía frente a los intereses económicos dominantes ahora la política de las elites está totalmente subordinada al gran capital.

Una demostración tangible de ello es la “rotación” entre las altas finanzas y las funciones políticas dirigentes, la llamada “puerta giratoria”. Es una constante en Estados Unidos y en los últimos años adquirió en Europa características casi grotescas: Mario Draghi, el Presidente del Banco Central Europeo, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs Internacional y como tal trabajó para disimular una parte de la deuda soberana de Grecia; Lucas Papademos, que fue primer ministro de Grecia hasta mayo de 2012, como presidente del Banco Central Helénico participó en la disimulación de la deuda griega con el asesoramiento de Mario Draghi; Mario Monti, que fue Primer Ministro de Italia fue consejero internacional de Goldman Sachs y Luis de Guindos, Ministro de Economía de España, es un ex de Lehman Brothers.

Las grandes empresas transnacionales europeas, agrupadas en la UNICE –Unión de las Confederaciones Industriales y de Empleadores de Europa– controlan estrechamente a la Comisión europea y los 39 miembros de la organización patronal mantienen representaciones permanentes en Bruselas y un verdadero ejército de « lobbystas » para influir sobre las decisiones de la Comisión.

Veamos qué dice la UNICE de sí misma (http://www.unice.org/ Le porte-parole des entreprises en Europe).

La UNICE es la voz del mundo de los negocios ante las instituciones de la Unión Europea. Sus 39 miembros son las organizaciones industriales multisectoriales y las organizaciones de empleadores de 31 países europeos y representa más de 16 millones de empresas, sobre todo pequeñas y medianas. La UNICE es también un interlocutor en el diálogo social europeo a nivel de la Unión Europea. La tarea principal de la UNICE es informar e influenciar los procesos de decisión en la Unión Europea, a fin de que las políticas y las propuestas legislativas con un efecto sobre la actividad económica en Europa tengan en cuenta las necesidades de las empresas. La primera prioridad de la UNICE es promover la competencia en el medio económico y la inversión a escala europea , el único camino para alcanzar un desarrollo más elevado y un empleo duradero. El mundo de los negocios necesita una Comisión eficaz.

8. Covert action in Chile 1963‑1973: Staff Report of the Select Committee to Study Governmental Operations with respect to Intelligence Activities, United States Senate, 18 de diciembre 1975 (Church Committee). Citado en: Jac Forton, L’impunité au Chili, Editions du CETIM, Genève, 1993. Una parte del informe Church está también disponible en internet: http://www.derechos.org/nizkor/chile/doc/encubierta.html.

9. Haití After the Coup. A Special Delegation Report of the National Labor Committee. Education Fund in Support of Worker and Human Rights in Central America, New York, April 1993.

10. “El ministro cubano de Comercio Exterior e Inversiones Extranjeras, Rodrigo Malmierca, presentó a directivos y funcionarios de instituciones gubernamentales brasileñas la Zona Especial de Desarrollo Mariel, un ambicioso proyecto en marcha en la isla, que ofrece nuevas oportunidades para la inversión extranjera.En esa cita se ofreció información detallada sobre las posibilidades de inversión en la zona, garantías de los negocios, libre transferencia al exterior de dividendos y utilidades”… (Cubadebate, 20/11/2013).

La cara opuesta de la ZED en materia de iniciativa privada en Cuba es el cuentapropismo: “La iniciativa privada en la Cuba socialista y de economía centralizada se está haciendo un lugar en un rubro impensado: la recolección y reciclaje de basura… “En este momento hay 5.800 recuperadores con licencia de cuentapropistas, pero sabemos que son muchos más que no se han inscrito”, dice Marilyn Ramos, la vicedirectora general de la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas, la entidad estatal que se ocupa de reciclar desechos”. (InterPress Service, La Habana, 22 octubre 2013).

Quizás el giro al restablecimiento del capitalismo en Cuba comenzó cuando en la dirigencia cubana fueron derrotadas las posiciones del Che Guevara en el debate que tuvo lugar en los años 62-63 (Véase, de Teresa Machado Hernández: La polémica en torno a la ley del valor y su manifestación en el pensamiento económico cubano. http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/congreso08/conf4_machadoh2.pdfhttp://www.eumed.net/eve/resum/06-04/tmh.htm).

11. Lenin, El Estado y la Revolución, 1917.

12. Hans Joachim Hirsch, “Elementos para una teoría materialista del Estado”, publicado en castellano en Críticas de la Economía Política, edición latinoamericana, núm. 12/13, México, El Caballito, 1979, pp. 3-75 y en francés en L’Etat contemporain et le marxisme, Critiques de l’economie politique, Ed. François Maspero, Paris, 1975.

13. Michalet, Delapierre, Madeuf y Ominami, Nationalisations et Internationalisation….Ed. La Découverte/Maspero, París, 1983, p. 147. Cita extraída de nuestro libro « La armadura del capitalimso. El poder de las sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo”. Editorial Icaria, España, 2010.

Fuente: Alainet

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