Costas Lapavitsas: ‘Syriza ha traicionado las clases populares y ha matado la esperanza’

Pau Llonch de la revista “Directa” entrevista al economista griego Costas Lapavitsas.

Tu crítica principal a Syriza es que prometió dos cosas incompatibles: acabar con la austeridad, reducir la deuda y modificar las relaciones de poder en Grecia sin salir del euro ni entrar en conflicto abierto con la Unión Europea. ¿Por qué no eran posibles estos dos planteamientos?

Las instituciones de la Unión Monetaria (UM) son muy poderosas; el euro no es sólo la moneda que tienes en el bolsillo. Estas instituciones tienen una lógica, una ideología y una práctica propias. La más poderosa es el Banco Central Europeo (BCE), porque es el último proveedor de liquidez al sistema bancario europeo. Cuando Syriza propuso enfrentarse a los acreedores europeos y a la UE, el BCE fue utilizado activamente para minar a Syriza y lo hizo restringiendo la provisión de liquidez al sistema bancario griego; esto tuvo repercusiones serias para la economía. El gobierno tuvo que movilizar todos los fondos disponibles -de pensiones, de universidades, de hospitales …- para hacer los pagos, pero estos fondos se acabaron y el país se asfixió. Al final, el gobierno de Syriza tuvo que rendirse. La única opción era crear su propia liquidez, pero esto implicaba salir de la Unión Monetaria.

Por ello acusas Varoufakis y el resto del gobierno de no tener un plan …

Exactamente. El gobierno de Tsipras -que era quien tomaba todas las decisiones-, con Varoufakis de Ministro de Finanzas, estaba absolutamente comprometido a permanecer en la UM. No quisieron irse ni prepararon un plan alternativo. Como mucho, estudiaron posibles reacciones ante eventuales posicionamientos de los negociadores de la UE, pero esto no es hacer un plan. Así pues, cuando llegamos al punto de asfixia total, no se había preparado el pueblo griego por aquel envite.

Esto tiene relación con lo que has dicho a menudo: “La izquierda debe comenzar su análisis por la economía política y no por la política interna o la geopolítica”.

La clave siempre es la economía política. Somos alumnos de Karl Marx, quien estudió la política de cerca, pero siempre insistió que hay que fundamentar tu análisis en la economía política. En el contexto de la Unión Europea actual, esto significa entender la naturaleza de la unión y también del euro. Entender la estructura institucional, las fuerzas de clase que están involucradas y, como resultado de ello, los dos ejes principales que hay en juego actualmente en la lucha de clases en Europa: la deuda y el euro. Estos dos elementos no son cuestiones meramente técnicas, sino políticas; son la cristalización de la lucha de clases. Para entenderlo, tienes que empezar por la economía política.

Has venido a explicarnos un plan que serviría para Grecia, pero, eventualmente, también -con modificaciones- a otros países perjudicados estructuralmente por la Unión Monetaria. A grandes rasgos, en qué consiste?

Debemos diferenciar entre el corto y el medio plazo porque las tareas y las acciones a desarrollar son diferentes. Con la política económica actual, a medio plazo, tenemos que dejar claro que la economía griega no crecerá rápidamente, no será capaz de reducir el paro ni volver a entrar en un camino de prosperidad. Por lo tanto, necesitamos una nueva estrategia que implique fortalecer la demanda interna para absorber el paro e impulsar una nueva política industrial y agrícola para poner nuevas bases en la economía.

En este sentido, proponemos unas medidas para Grecia que también pueden servir de modelo para economías como la española. En cuanto a las medidas a corto plazo, tenemos que entender que es imposible hacer todo lo necesario sin salir del euro -admitir que hay que hacerlo genera algunos problemas inmediatos que hay que afrontar.

Para salir del euro, se deben dar una serie de pasos que pueden implicar confrontación; recuperar la soberanía monetaria significa, en primer lugar, tomar el control público del Banco Central y, a continuación, establecer el control y la propiedad pública del sistema bancario. Estos dos elementos son fundamentales. Una vez que esto haya pasado, el Estado puede proceder a re-denominar magnitudes monetarias internamente. La Soberanía monetaria significa exactamente eso. Salarios y pensiones, depósitos bancarios, deudas … Esta re-denominación se realizará en proporción 1 a 1 [Aquí, Costas quiere decir 1 euro = 1 dracma].

Cuando hayamos recuperado la soberanía monetaria y tengamos los bancos bajo control, tendremos que crear un banco malo para hacer frente a las deudas problemáticas, limpiar el sistema bancario, y asegurar que puede empezar a proveer de crédito otra vez. Mientras tanto, el Estado garantizará las obligaciones con la nueva moneda. Estamos seguros de que se depreciará, claro, lo que permitirá a estos países [Grecia, pero también España] recuperar la competitividad perdida y, por tanto, reducir la necesidad de la devaluación interna [vía salarios]. Nuestra estimación es que, después de la devaluación, la balanza comercial griega registrará superávit rápidamente. Habrá problemas: de suministro a la industria, de materias primas y de bienes intermedios, también en áreas clave como la energía, la alimentación y las medicinas.

Como afrontará estos problemas la población griega?

Cada país los afrontará de una manera diferente. Lo que se necesita es una mínima preparación. Grecia, por ejemplo, tiene una buena cobertura de medicinas, pero necesitará asegurar una buena balanza comercial en pocos meses y mantener acuerdos bilaterales, especialmente, con respecto a la energía,. El problema real, sin embargo, será protegerse de una caída del tipo de cambio. En el caso griego, la presión por la devaluación sobre la balanza corriente será limitada y, con el control bancario y de los flujos de capital, las presiones especulativas también estarán limitadas.

Necesitaremos reservas [monetarias] para defender el tipo de cambio y proveernos de importaciones, al menos los tres primeros meses; serán entre 10.000 y 12.000 millones en el caso de Grecia. Además, se podrán movilizar fondos de emergencia; pero será duro. Es por eso que tienes que preparar la gente para asumirlo. En definitiva, hemos diseñado una serie de pasos que nos permitirán afrontar estos retos. Por supuesto, para hacer los cambios, previamente tendremos que declarar una suspensión de pagos de la deuda pública y llamar a los acreedores a la mesa de negociación para ver qué se podrá pagar y qué no.

Déjame ser provocador. Esto parece un plan diseñado por una élite económica, insuficiente para asumir todos los retos sociales de una transición fuera del euro. El ex miembro del Comité Central de Syriza Andreas Karitzis argumenta: “Tú puedes decir que quieres recuperar la soberanía popular, pero, para ello, salir de la eurozona no es un plan, sino, como mucho, un objetivo. Un plan no es sólo lo que hará tu ministro de Finanzas, sino lo que hará todo tu país (…) para garantizar la producción y la reproducción social. Esto no es un plan o una ponencia de un economista, sino que es el plan de una organización popular de masas “. ¿Qué piensas?

Dejar el euro y recuperar la soberanía monetaria no es una tarea técnica, sino profundamente política, con un profundo contenido de clase. El fracaso de Syriza, en última instancia, es causa de esto: no estaba preparada para la confrontación de clase, para imponer los intereses de las clases populares. Este conflicto, al ser de clase, puede ser resuelto de diferentes maneras: de forma autoritaria en manos de la extrema derecha o desde la izquierda.

Lo que quiero dejar claro es que, desde la perspectiva de la izquierda, será imposible proponer ningún conjunto de medidas que persuada a la gente hasta que no tengamos una propuesta técnica sensata proveniente de la economía política; este es el rol de nuestro plan en estos debates. Los que creen que podemos construir un movimiento sin un plan en términos económicos se equivocan.

Ahora bien, cuando tienes el plan, como construyes este movimiento? No es fácil. En el caso de Grecia, es difícil porque Syriza ha traicionado las clases populares, las ha desilusionadas. Ha matado la esperanza. Ha conseguido que las clases que nos han de acompañado miren ahora a la izquierda con una falta total de confianza. Syriza ha hecho mucho daño. Para construir un movimiento, necesitamos un plan, gente seria, ser modestos a la hora de hacer propuestas y caminar paso a paso para recuperar el apoyo popular.

En este sentido, confías en que Unidad Popular [corriente escindido de Syriza al que te integras] será la fuerza que sustituirá Syriza o piensas que el fracaso de esta última será un tapón para la izquierda que durará años?

Unidad Popular (UP) será, como mucho, un elemento de lo que hay que construir. Es importante porque el partido estaba preparado para decir: “No, no firmamos el acuerdo de rescate, queremos seguir otro camino”. Pero solo no podrá hacer nada; necesitamos una alianza de fuerzas amplia que vaya más allá de la izquierda porque necesitamos un cambio social, pero también nacional. En Grecia, necesitamos una campaña de renovación nacional y sospecho que, en España, también.

Eres autocrítico ante los exiguos resultados obtenidos por UP en las últimas elecciones?

Sí. Tenemos motivos para hacer autocrítica, no sólo desde UP, sino también desde otros sectores de Syriza que no firmaron el acuerdo de rescate. En primer lugar, no estábamos lo suficientemente preparados, ni analíticamente ni ideológicamente ni organizativamente. Cuando Tsipras convocó las elecciones de septiembre -un movimiento tic-tac-, deberíamos haber estado mucho más preparados para encararlas y presentar una alternativa a la gente. No lo hicimos, al menos con bastante claridad. Y dejo de lado todos los problemas técnicos, como encontrar candidatos, conseguir financiación … No eran los problemas de verdad; la causa profunda fue la falta de claridad y pagamos el precio.

Dejamos los temas domésticos para hablar del capitalismo en términos más globales. Consideras que, en Europa, hay posibilidades para un nuevo pacto social de carácter keynesiano? O crees que, teniendo en cuenta las necesidades para la reproducción ampliada del capital en un contexto de sobreacumulación, la reedición de este pacto hoy es imposible?

Mi comprensión del capitalismo global está basada en la financiarización. Pongo menos énfasis en la globalización porque no entiendo muy bien qué significa en términos de economía política. Que el capital se propaga globalmente? Que se propaga la producción? Para mí, la financiarización define mejor lo que ocurre y nos permite entenderlo con más precisión; la entiendo como la tendencia del sector financiero a crecer relativamente respecto a la economía real, un fenómeno que tiene otras tendencias subyacentes.

La primera es que los grandes negocios se financeriarizan: obtienen beneficios por la financiarización, sin invertir en la producción. La segunda, es que los bancos se transforman y obtienen beneficios haciendo transacciones en los mercados abiertos, ofreciendo créditos a los hogares. Y la tercera, los hogares también se financeriarizan. Esta ha sido la tendencia dominante en los últimos 40 años, sobre todo en los países centrales. No creo que las viejas preguntas sobre keynesianismo u otras recetas ofrezcan muchas claves.

El objetivo prioritario es revertir la financiarización en interés de la clase trabajadora cambiando el equilibrio de fuerzas entre capital y trabajo. Este proceso implica generar mecanismos para aumentar la inversión empresarial; y esto, ciertamente, se puede impulsar con inversión pública, creando bancos que puedan apoyar la producción y el crecimiento en lugar de estar jugando a los mercados abiertos y, finalmente,
desfinanciar los hogares, es decir, rebajar su necesidad de crédito mediante la recreación de un sistema de provisión pública de vivienda, educación y otras necesidades básicas y cotidianas. En definitiva, un reequilibrio social en beneficio de las clases populares.

Una vez más, parecen recetas muy institucionales y verticales. El economista José Manuel Busqueta afirma que la única manera de conseguir una mejora de las condiciones de vida de las clases populares pasa por avanzar hacia formas de organización de la sociedad que superen el capitalismo y que la clave para poderlo hacer es fuera de las instituciones …

Esto es un problema que el socialismo ha afrontado desde los principios: cómo combinar las acciones de base, a escala micro, con las políticas agregadas, a escala macro. Lo que nos brinda la experiencia de los últimos dos siglos es que ninguno de los dos niveles es suficiente por sí solo. Necesitamos de ambos para dar significado y contenido al socialismo en cada período. No lo puedes hacer sólo mediante la reorganización social desde la base; esto es una vieja ilusión.

Tampoco desde arriba, como una imposición. Encontrar el equilibrio entre ambos niveles siempre ha sido el reto. En todo caso, cuando hablo de desfinanciar los hogares, por ejemplo, también hablo de este campo micro porque, con su impulso, conseguimos depender menos del sistema financiero formal para satisfacer nuestras necesidades residenciales, de transporte, de educación , de consumo en general … Esto es lo que quiero decir cuando hablo de recrear sistemas de provisión pública … por los que es imprescindible la participación local y comunal.

Por último, crees que las demandas de soberanía nacional del pueblo catalán, siempre que se vertebren en un eje opuesto al de la extrema derecha -la voluntad de acoger refugiados, por ejemplo, es una muestra -, pueden apuntar hacia lo que crees que hoy hay que defender en un sentido progresista?

No me atrevería a dar consejos a nadie. Conozco bastante la situación catalana a través de compañeros catalanes y españoles con los que he conversado, pero quiero ser respetuoso. Dicho esto, creo que la situación catalana es muy interesante e importante para Europa.

Hay una condensación de tendencias, presiones y fuerzas que hacen que Cataluña sea una especie de microcosmos de Europa. Y esto coloca un carga enorme sobre los hombros del pueblo catalán. En primer lugar, soy bastante clásico y ortodoxo: si el pueblo de Cataluña quiere la independencia, tiene el derecho de obtenerla. El derecho de autodeterminación y de independizarse es indudable. La cuestión es: ¿qué significa en la práctica? Y que significa para las relaciones entre trabajo y capital?

Hay muchas maneras de ganar la independencia y tu has señalado algunas [hemos hablado del amplio espectro entre PDEcat a la CUP]. Pero el tema es más complejo porque, si te quedas en la Unión Europea, puede que el hecho de ganar la independencia de España no te dé tanta independencia como imaginas. El problema debe resolverse a diferentes niveles. Aquellos que desean alcanzar la independencia nos tienen que decir qué significa esto en el contexto de la UE, sobre todo si seguimos dentro del euro, esto implica una restricción directa de la soberanía.

Pero la derecha considera que Cataluña no tendrá problemas de soberanía porque formará parte del “eje ganador” de la Unión. Habla de ser como Dinamarca o de obtener los beneficios que obtiene Alemania en la UE, por ejemplo.

Cataluña puede ser el corazón industrial de España, junto con el País Vasco, pero es un país pequeño y su peso en la Unión Monetaria será muy limitado. La habilidad de mantenerse y triunfar industrial y económicamente dentro del contexto del euro no debe olvidarse la trayectoria de la Unión Monetaria. No creo que Cataluña pueda ser nunca ser otra Alemania , creo que se encontrará en la periferia, tal vez no tanto como Portugal, pero sí será un país periférico.

En este contexto, la independencia debe alcanzarse en interés de las clases populares y el trabajo y contra el capital -que es lo que a mí me interesa en este caso-, entonces, la izquierda catalana debe pensar diferente a la derecha catalana y debe proponer estructuras institucionales y políticas económicas diferentes. Sin esta diferenciación, el resultado no será beneficioso para las asalariadas ni para las personas que viven y trabajan en Cataluña sin considerarse catalanas.

Fuente: Socialismo21

Anuncios