La historia ‘desconocida’ de los campos de concentración franceses después de la caída de la República española

Durante los tres años de la Guerra Civil Española, el ejército sublevado fue avanzando hacia el noreste del país, causando una terrible represión que originó la desbandada hacia la frontera francesa de los partidarios de la República que se replegaban de los territorios que iban perdiendo, y de la población civil que huía aterrorizada. Todos ellos escapaban esperanzados, creyendo entrar en territorio amigo…

El Gobierno francés presidido por Edouard Daladier, decidió cerrar la frontera con España el 26 de febrero de 1938 y, ante la presión de la opinión publica internacional, autorizó su apertura el 5 de febrero de 1939. Con referencia evidente a los refugiados españoles, el 12 de noviembre de 1938 promulgó el decreto ley de reclusión administrativa para los “Indeseables extranjeros, que tenia la particularidad de permitir arrestar e internar a personas, no por sus crímenes o delitos cometidos, sino por el peligro que pudiesen representar para el Estado…

A principios de febrero de 1939, más de 550.000 españoles inician el éxodo hacia la frontera pirenaica, y son aglutinados en estos “Campos de la Vergüenza”. El 25 de febrero, con el fin de obtener la neutralidad española, se firmó el Acuerdo Bérard-Jordana, por el que Francia reconocía al gobierno franquista e intercambiaba embajadores.

En todos los campos de concentración de Francia se encerró a todas las categorías de los considerados “indeseables”: civiles y republicanos españoles, voluntarios de las Brigadas Internacionales, comunistas franceses, gitanos, exiliados sin papeles, judíos e incluso resistentes franceses. Las condiciones de “vida” eran inhumanas y el trato degradante y cargado de menosprecio moral y material. A los prisioneros apenas se les daba comida, y nunca se les ofreció agua potable (bebían agua salada del mar) ni ropa de abrigo. Muchos perecieron víctimas del hambre, la humedad, el frío y enfermedades (disentería, tifus y sarna).

Como en otros campos, y a pesar de las penurias, los refugiados se organizaron para realizar actividades culturales, donde llevaban a cabo aquellas que las circunstancias les permitían. Según el testimonio de Ángel Sanz Bocos, “Vallecas”, piloto de caza de la República, los Brigadas Internacionales, que eran mucho más organizados, eran los que promovían este objetivo para levantar el estado anímico del colectivo.

Campo de concentración de Argelès-Sur-Mer

foto nº14“A la memoria de los 100.000 republicanos españoles internados en el campo de Argelès tras la RETIRADA de febrero de 1939. Su desgracia: haber luchado para defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939. Hombre libre, acuérdate.”

Argelès-sur-Mer se encuentra en el departamento de Pirineos Orientales, y pertenece a la región de Occitania, cerca de Colliure y Port-Vendres.

El campo de concentración de Argelès-Sur-Mer es el primer campo improvisado por el gobierno de Francia, que ante la magnitud del éxodo conduce a los exiliados hacia las playas de la localidad. Allí, sobre la misma playa, construyeron un cerco de alambre de espino para confinar a los refugiados españoles. Las condiciones de vida eran inhumanas, no había barracones, letrinas, cocina, enfermería, ni electricidad.

Campo de concentración de Barcarès – St Cyprien

 

Ante la avalancha de refugiados dirigidos a Argelès-Sur-Mer, se construyeron los campos de Saint Cyprien y Barcarès, muy cerca de Argelès. Barcarès fue construido en cuatro semanas en febrero de 1939, como campo provisional. Las condiciones eran igual de lamentables que las de Argelès. Dieciocho islotes de 25 barracones sobre la misma playa. Diseñado para 31.500 personas, se calcula que unas 100.000 personas fueron recluidas en este recinto.

En septiembre de 1939, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el campo fue puesto bajo autoridad militar y después del armisticio de 1940, el gobierno de Vichy empleó el campo de Le Barcarès como punto de concentración de compañías de trabajadores extranjeros.

Campo de concentración de Gurs

 

Louis Aragon escribió: “Gurs, una extraña sílaba, como un sollozo que no consigue salir de la garganta.”

GursGurs es hoy un pueblo tranquilo, situado en el Béarn, cerca de la frontera española, al norte de los Pirineos. A pesar de la oposición del pueblo de Gurs, y ante la saturación del campo de Argelès-sur-Mer, se construyó el Campo de Gurs en 42 días, resultando ser el mayor de los campos de concentración franceses (28 hectáreas). Para los reclusos, y en comparación con las carencias de Argelès, Gurs, inicialmente parece otro mundo, casi mas humano o por lo menos mas fácil de soportar. Existen barracones, enfermería, hay agua (aunque muy poca y en horario fijo), las letrinas, aunque repugnantes son mejores que la arena de las playas de Argelès.

El azote climatológico y la invasión de ratas hicieron celebre a Gurs. Las ratas se comían la ropa y otras pertenencias de los reclusos y estos dormían con su ración de pan agarrada y escondida entre sus brazos para preservarlas durante la noche. La temporada de lluvia duraba hasta 6 meses, y entonces el campo se convertía en un barrizal debido al clima húmedo de la región, a la naturaleza arcillosa del suelo y la falta de drenaje. Así que, fuera de los barracones, los reclusos se empantanaban en el barro, sus pies se hundían hasta los tobillos.

Su capacidad inicial era de 18.500 personas, pero en total más de 61.000 almas fueron allí recluidas en los 382 barracones, entre los cuales 5.397 de nuestros aviadores de la República Española.

En Gurs se construyeron 13 islotes de 25 barracones de 30 metros por 6 metros, identificados por las letras del abecedario desde la A a la M. Estaban construidos con delgadas tablas de madera y cubiertos con tela embreada, sin ventanas ni otra ventilación. No protegían del frío y pronto la tela embreada se fue deteriorando, dejando entrar el agua de la lluvia. Los reclusos dormían encima de sacos de paja o en el suelo, comían raíces y el miedo era permanente… Venían a llevarse a los judíos a Auschwitz. Siempre temiendo que vengan a por alguno de ellos.

Los barracones “K-L-M” fueron asignados a los Aviadores de la República Española. Se reconstruyeron algunos de ellos, entre los cuales esta hoy el barracón “K”. Si tienen ocasión, la visita al campo de Gurs resulta ser un viaje cultural por la historia, muy emotiva y muy instructiva.

foto nº 16Campo de concentración de Rivesaltes

RivesaltesMemorial2Antonio Machado :

“Vivid, la vida sigue, los muertos mueren y las sombras pasan;  lleva quien deja y vive el que ha vivido.”

El campo de concentración de Rivesaltes se sitúa en una zona despoblada entre las comunas francesas de Rivesaltes y Salces, a 40 km de la frontera española, cerca de Perpignan. En el otoño de 1939, se adaptan las 600 hectáreas de unas instalaciones del ejército francés llamado el “Camp Joffre” y comúnmente “Campo de Rivesaltes”.RivesaltesEn junio-julio de 1940, después de la instauración del régimen colaboracionista de Vichy, 15.000 españoles fueron confinados allí, representando el 53% de los internados. El estallido de la Segunda Guerra Mundial  y las necesidades de dar refugio a la población civil evacuada de las regiones próxima a la fronteras del norte y este de Francia, decidió a finales de 1940, terminada la batalla de Francia, la ampliación en 600 hectáreas de la superficie del campo, permaneciendo mientras tanto operativa la parte militar del campo, con una capacidad para 17.000 personas en 150 barracones.

Campo de concentración de Septfonds

 

Septfonds es una población situada en la región de Mediodia-Pirineos, en el departamento de Tarn y Garona. Allí existió un campo de internamiento conocido como Camp de Judes, donde fueron internados republicanos españoles exiliados desde marzo de 1939.

Al Iniciarse la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de los republicanos españoles fueron integrados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros, siendo internados en este campo otros grupos de personas, como súbditos austriacos y alemanes. Este campo destacó por albergar a obreros especializados que después serían reclamados desde diferentes puntos geográficos del Estado francés para ser utilizados en la economía de guerra contra el nazismo. En 1941, bajo el régimen de Vichy, recogía a oficiales aliados que habían intentado abandonar Francia. A partir de 1942, personas de origen judío que habían estado internadas en Septfonds fueron entregadas a los alemanes para su deportación a los campos de exterminio en territorios dominados por el  Tercer Reich.

En la actualidad puede visitarse en Septfonds el cementerio donde reposan los restos de 81 españoles que fallecieron en el campo.

Campo de concentración de Vernet d´Ariège

 

Vernet d’Ariège esta situado en los pirineos franceses,  entre los pueblos de Le Vernet y Saverdun (Ariège).

Construido en 1918, se amplió y cobró importancia al pasar a ser considerado como campo de acogida por la “Commission de recherche de camps de concentration et de rassemblement” reunida en Foix en 1939 para confinar en un principio a los aproximadamente 10.000 combatientes españoles de la División Durruti (milicias populares de ideología anarquista) que, después de la derrota de la Segunda República Española, habían traspasado la frontera con Francia y se encontraban recluidos en Latour-de-Carol. Pasó rápidamente a constituirse en un campo disciplinario destinado a internar a los refugiados provenientes de otros campos y prisiones «calificados» por las autoridades francesas como republicanos  españoles «extremistas» y combatientes de las Brigadas Internacionales.

A partir de declararse la Segunda Guerra Mundial,  fueron internados todos los extranjeros considerados sospechosos o peligrosos para el orden público en Francia, intelectuales antifascistas o judíos, de todas las nacionalidades: alemanes, franceses, yugoslavos, españoles, italianos, rusos, belgas, en condiciones infrahumanas.

El campo se dividía en tres zonas, separadas por alambradas: la A para criminales comunes, la B para internados políticos y la C para sospechosos o peligrosos «indeseables para el orden público» político.

A partir de 1942 es utilizado por la Gestapo como campo de tránsito para judíos, bajo el régimen de Vichy. En junio de 1944, los últimos internados son evacuados, los hombres deportados al Campo de concentración de Dachau, y las mujeres conducidas al de Ravensbrück. Unas 40.000 personas de 58 nacionalidades fueron internados en este campo, hombres principalmente, pero también mujeres y niños.

Actualmente, en los terrenos donde estaba situado el campo hay un memorial con un monolito (colocado en 1992) que recuerda la existencia del campo conocido especialmente por internar a los refugiados españoles y posterior transformación en campo represivo. También queda la antigua estación de tren. Sobre los carriles se conserva un antiguo vagón, idéntico a los que transportaron a los internados a los campos de exterminio. En una pared exterior de la estación, una placa recuerda a la cuarentena de niños judíos, de entre 2 y 17 años, que fueron deportados desde Vernet a Auschwitz el 1 de septiembre de 1942.

En todos estos lugares queda el recuerdo de la brutalidad, la cobardía y la indiferencia hacia la injusticia y el sufrimiento humano, que golpeó a estos hombres, mujeres y niños. Para recordarlo siempre e intentar evitar reincidir, es imprescindible la Memoria Histórica.

Testimonios

 

Testimonio de José Burrel Mata sobre Argelès-Sur-Mer (Alas Plegadas, febrero 1960)

En estos días de febrero 39, cuando la época preatómica daba sus últimos estertores envueltos en cobardía y traición a la Democracia Española, sus aviadores, los pilotos democráticos mas fogueados del mundo, arenizaban en Argelès-Sur-Mer….

Allí, sobre la arena, frente al mar, bajo un cielo inhóspito, hostil y frío, que en su desdén parecía impregnado de la propaganda adversa, encontraron a todo su pueblo en plenitud de dolor y rapsodia, en el cercado hiriente y duro de esa tela de araña hecha de “barbelé”, que como frontera durante años, debían darnos la incomprensión y la incoherencia de quienes tuvieron que aprender que Guernica se llamaría también Pearl Harbor…

La tierra que dejó de ser la nuestra de todos los días, oculta por la cordillera que casi se alcanzaba con la trémula mano, estaba allí mismo. Pronto la obsesión se puso en pie a través de las callejuelas angostas, pestilentes y movedizas, formadas por materiales heterogéneos de esa gran city de la desesperación, edificada sobre la tierra muerta y en la que toda ilusión y toda locura eran cotizables.

La obsesión metía su enorme cabeza debajo de todas las mantas de la miseria colectivizada, debajo de todos los paracaídas, que batiendo todos los records de su famosa fórmula, “Si cuando me necesitas no me llevas, no me necesitarás más”, suspendían días y días el destino de una juventud que acaba de demostrar que la fiera bicéfala nazifascista no era invulnerable, si al corazón le acompaña el material…”

Testimonio de Miguel Ángel Sanz Bocos, “Vallecas” (extracto del libro Memorias de un chico de Vallecas) sobre Argelès-Sur-Mer

El día 5 de febrero, se me entregó esta carta firmada por Juan Negrín:

“Se autoriza al Jefe de escuadrilla, Ángel Sanz Bocos, a que tome tierra en el aeródromo de Toulouse con los miembros que componen su unidad.

Se ruega a las autoridades francesas, den acogimiento a nuestros pilotos, hasta tanto sea resuelta la situación de estos militares en Francia.”

Así que empezamos nuestra marcha a pie, en dirección al Pirineo francés. Nos costó llegar al alto de la frontera en plena montaña. Allí ya nos estaban esperando gendarmes y guardias móviles, dándonos a entender que pertenecíamos a un ejercito derrotado. Estábamos en un país amigo y aún manteníamos la confianza en los franceses… Al día siguiente, y ya cerca de la costa, aumentó el número de gendarmes, moros a caballo, y negros senegaleses. Ya con tonos agresivos, empezaron a darnos a entender que éramos sus prisioneros. Empezamos a ver alambradas y tuvimos que llegar a la conclusión que los franceses nos habían internado y estábamos en un campo de concentración. Aquí se terminó nuestra libertad en tanto que ciudadanos. Estábamos en el campo de concentración de Argelès-Sur-Mer. Por un lado, teníamos el mar y todo alrededor, un gran espesor de alambre de espino. Ninguna instalación, solo la arena, y un mes de febrero con un frío que pelaba. No había ni comida, ni agua. A los pocos días, unos obreros empezaron a instalar unas bombas de agua en la misma playa, con lo que nos procuraron agua un poco menos salada que la del mar, pero salada. Enseguida empezaron las diarreas, y a los pocos días, todos empezamos a sangrar y a no sentirnos bien. El campo estaba compuesto de una población de combatientes, de miembros del gobierno, de intelectuales antifranquistas como Salvador Bacarisse, Antonio Machado. Machado, enfermó. Lo mandaron a Colliure a unos pocos kilómetros de los campos, y el pobre murió el día 22 de febrero del mismo año, solamente a unos días de ser liberado. Los pilotos, en torno a los veinte años y con una salud a prueba de bomba, soportábamos aquello mejor que los otros internados. Muchos empezaron a fallecer por disentería, por frío y por hambre. Un día llevaron a nuestro grupo, en un tren, hasta la estación de Oloron Sainte Marie. Allí nos internaron en el campo de concentración de Gurs.”

Poema de Ángel Fernández (Gurs 1940)

A ti que hablas de alambradas¡
¡Alambradas!
¡Ay que se me va en jirones lo más profundo del alma!
¡Alambradas!
Débiles muros de espinos que yo con mis pies saltara si no temiera manchar mis fuertes manos honradas.
¡Alambradas!
Cuan cogido me tenéis siendo tan frágil tu trama; cuantas aceradas púas que sin tocarlas, desangran.
¡Alambradas!
A mí, que salté triunfante las más encumbradas vallas y volé por las regiones donde la luz es más diáfana.
¡Alambradas!
¡Ay que se me va en jirones lo mas profundo del alma!…

Fuente: Asociación de Aviadores de la República

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