Las mentiras de la teoría económica neoliberal y la demagogia de los políticos del sistema

Chris Hedges
Periodista estadounidense y Premio Pulitzer

Entrevista al economista Michael Hudson, autor de Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Destroy the Global Economy. (Matar al huésped: o cómo los parásitos financieros y la deuda destruyen la economía mundial).

Hudson es un profesor de ciencia económica que trabajó muchos años en Wall Street, en donde no triunfas si no captas la máxima de Marx de que el capitalismo va de explotación. También es –no puedo dejar de mencionarlo— una suerte de nieto de León Trotsky.

PRIMERA PARTE

Matar al húesped: El gran esquema Ponzi de la economía capitalista mundial

Profesor Hudson, abriré este diálogo leyendo un pasaje de su libro que me resulta particularmente admirable, y en el que creo se llega al meollo de lo usted discute críticamente. Esto es lo que escribe: “Hace mucho tiempo que Adam Smith señaló que a menudo los mayores beneficios se registran en las naciones que más rápidamente se encaminan hacia la ruina. Hay muchas formas de generar un suicidio económico a escala nacional. La principal, históricamente, ha pasado por el endeudamiento de la economía. La deuda siempre se expande, hasta llegar al punto en que un gran sector de la economía no puede seguir honrándola. Llegados a ese punto, se impone la austeridad, y la apropiación de la riqueza se polariza entre el 1% y el 99%. Esta no es la primera vez que sucede eso en la historia. Pero sí es la primera vez que el proceso de endeudamiento se ha diseñado adrede.”

Yo interrumpo aquí un instante para aplaudirle aplaudo, antes de proseguir con su cita :“Como si el grueso de los deudores pudiera hacerse rico endeudándose, en vez de quedar, como es el caso, reducido a una condición de servidumbre por deuda.”

P. Bueno, pues empecemos con los economistas clásicos que ciertamente entendieron eso. Reaccionaban, evidentemente, al feudalismo. ¿Qué pasó con el estudio de la teoría económica para que, paulatinamente, fuera cayendo en manos de ideólogos?

R. La esencia de la teoría económica clásica fue la reforma del capitalismo industrial, su reordenamiento, a fin de liberar a las economías europeas del legado del feudalismo. El legado del feudalismo eran terratenientes extractores de renta de la tierra que vivían como una clase que se apropiaba de ingreso sin producir nada. Ocurría también que los bancos no financiaban a la industria. Los grandes industrialistas, desde James Watt y su máquina de vapor hasta los ferrocarriles…

P. De su libro se desprende que los bancos casi nunca financiaron a la industria.

R. Ese es el asunto. Jamás lo hicieron. Cuando llegamos a Marx luego, bien avanzado el siglo XIX, se puede ver una discusión en curso, sobre todo en Alemania, sobre cómo lograr que los bancos hagan algo que no hacían bajo el feudalismo. Y ahora mismo estamos viendo cómo el excedente económico está siendo drenado, no ya por los terratenientes, sino también por los bancos y los tenedores de bonos.

Adam Smith estaba radicalmente en contra del colonialismo porque conducía a guerras, y las guerras levaban a contraer deudas públicas. Dijo que la solución para prevenir que esa clase financiera de tenedores de bonos cargara a la economía imponiéndole más y más impuestos sobre los bienes de consumo cada vez que se iba a la guerra era financiar las guerras sobre la base de pagos al contado. En vez de tomar empréstitos, habría que exigir impuestos a la gente. Entonces, pensaba, si todos sentían la carga de la guerra en forma de pago de impuestos, tomarían posición contra la guerra. Bueno, pues llevó todo el siglo XIX luchar por la democracia y extender el voto de forma tal, que en vez de que fueran los terratenientes quienes controlaran el Parlamento y su capacidad de legislar e imponer sistemas tributarios a través de la Cámara de los Lores, fueran los trabajadores, las mujeres y todo el mundo quienes lo hicieran. La teoría era que el conjunto de la sociedad votaría en interés propio. Votaría a favor del 99%, no del 1%.

Por la época en la que Marx escribía, hacia 1870, pudo ver lo que estaba ocurriendo en Alemania. Los bancos alemanes buscaban ganar dinero en conjunción con el gobierno haciendo empréstitos a la industria pesada, en muy buena medida al complejo militar-industrial.

P. Esa fue la forma bismarckiana de lo social (no sé cómo decirlo de otro modo). Una especie de socialismo capitalista…

R. Lo llamaron capitalismo de Estado. Engels abrió una amplia discusión sobre el asunto. Vino a decir: ¡eh, un momentito! Nosotros estamos por el socialismo. El capitalismo de Estado no es lo que nosotros llamamos socialismo. Hay dos tipos de economía orientada estatalmente…

P. Le interrumpo para observar que hay cierta brillantez detrás de la política bismarckiana, porque creó las pensiones públicas, suministró asistencia sanitaria pública y orientó la banca hacia la industria, hacia la industrialización de Alemania, la cual, como usted mismo indica, fue muy distinta de la de la Gran Bretaña y de la de los EEUU.

R. La banca alemana llegó a tener tanto éxito, que, en el momento de estallar la I Guerra Mundial, había discusiones en la prensa económica inglesa preocupadas porque Alemania y las potencias del Eje pudieran resultar vencedoras a causa de que sus bancos estaban mejor preparados para financiar la industria. Sin industria no puedes realmente tener aparato militar. Pero los bancos británicos solo ofrecían préstamos para el comercio exterior y para la especulación. Su mercado de valores era un escenario de operaciones relámpago. Querían beneficios al instante, mientras que los bancos alemanes no insistían en que se pagaran a sus clientes tantos dividendos. Los bancos alemanes poseían tanto acciones como bonos, y se trataba más bien de una asociación imbuida de harto mayor reciprocidad.

Eso es lo que durante la mayor parte del siglo XIX se imaginaba que iba a pasar; se creía que el mundo estaba en vías de socializar la banca. Y en vías de seguir alejando el capitalismo del feudalismo librándose de la clase terrateniente, librándose de la renta, librándose del interés. Habría trabajo y capital, salarios y beneficios, y los beneficios serían reinvertidos en más capital. Tendríamos una expansión de la tecnología. Los futuristas de comienzos del siglo XX imaginaban que íbamos camino de vivir en una economía del ocio.

P. Incluido Karl Marx.

R. Ciertamente. Una semana laboral de 10 horas. Para Marx, el socialismo tenía que resultar de un capitalismo de Estado reformado, lo que parecía plausible en la época, a condición de que el trabajo se organizara conforme a sus propios intereses.

P. No es lo que terminó ocurriendo. ¿Será, en buena parte, a causa de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial? ¿Y quizá también porque se ignoró la ciencia económica de Adam Smith y de Keynes? No sé a quién carga usted con la culpa de esto, si a Ricardo o a otros, pero lo cierto es que terminamos creando una teoría económica ficticia apologética de un capitalismo rentista, fundado en la renta y en el interés, un capitalismo que frenaba las fuerzas productivas ínsitas en la economía. Tal vez podría decir usted algo aquí al respecto.

R. Lo que pasó fue lo siguiente. Marx traumatizó a los economistas clásicos haciendo suyos los conceptos de Adam Smith, John Stuart Mill y otros, y llevándolos hasta sus últimas consecuencias lógicas. Los partidarios de un capitalismo progresista –socialistas ricardianos, como John Stuart Mill— querían gravar fiscalmente las tierras o nacionalizarlas. Marx quería que los Estados tomaran el control de la industria pesada y construyeran infraestructuras capaces de suministrar servicios básicos a bajo coste y, eventualmente, gratuitos. Eso resultaba traumatizante para la clase terrateniente y para el Uno por Ciento. Y respondieron. Respondieron proponiéndose que todo fuera parte “del mercado”, el cual funcionaba través del crédito, el cual, proporcionado por ellos, les daba buenas rentas.

Ninguno de los economistas clásicos pudo imaginar que los intereses feudales –esos grandes intereses creados que disponían de todas las tierras y de todo el dinero— podrían llegar a contraatacar y, finalmente, vencer. Pero a fines del siglo XIX, desde luego en Norteamérica, John Bates Clark apareció con una teoría completamente diferente y de todo punto hostil a la teoría económica clásica de Adam Smith, los fisiócratas y John Stuart Mill.

P. Como usted dice, los fisiócratas eran los economistas franceses ilustrados.

R. El común denominador de todos estos economistas clásicos era la distinción entre el ingreso ganado y el ingreso no ganado. Ingresos no ganados eran la renta y el interés. Los ingresos ganados eran los salarios y los beneficios. Pero apareció John Bates Clark y dijo que no existía tal cosa como el ingreso no ganado. Dijo que el terrateniente, en realidad, se gana su renta mediante el esfuerzo realizado para suministrar habitación y tierra al arrendatario, mientras que los bancos suministran crédito para ganarse sus intereses. Así pues, todo ingreso sería ingreso “ganado” y todo el mundo ganaría sus ingresos. De manera que cualquiera que acumule riqueza, por definición, y de acuerdo con su fórmula, se hace rico por la vía de contribuir a la suma de lo que ahora llamamos Producto Interior Bruto (PIB).

P. Una de la tesis que usted sostiene en su Killing the Hosty que a mí me resulta particularmente atractiva es que, en casi todos los casos, quienes tienen capacidad para hacer dinero parasitariamente a partir del interés y de la renta lo que han hecho –si nos remontamos a los orígenes— es, o bien saquear y apropiarse de tierras por la fuerza, o bien heredarlas.

R. Es verdad. En otras palabras, su ingreso es un ingreso no ganado. El resultado de esta revolución anti-clásica que usted puede observar inmediatamente antes de la I Guerra Mundial fue que el crecimiento económico en la última década ha ido a parar al Uno por Ciento. A Wall Street, a los bienes raíces…

P. Pero usted culpa de eso a lo que llama la teoría económica basura.

R. La teoría económica basura es la reacción anti-clásica.

P. Explique un poco cómo, en substancia, es una forma ficticia de medir la economía.

R. Bien, hace algún tiempo, yo fui a un banco situado a una manzana de aquí –una oficina del Chase Manhattan Bank— y saqué dinero del cajero automático. Al darme la vuelta, había dos rateros. Uno me empujó y el otro me sacó el dinero, y echaron a correr. El guarda de seguridad estaba allí y lo vio todo. Así que pedí que se me devolviera el dinero que me habían robado ante sus propios ojos. Miren, dije, he sido asaltado en su propio banco, enfrente mismo. Y ellos dijeron: “Bueno, no armamos a nuestros guardias de seguridad para que disparen sobre nadie, porque el ladrón podría demandarnos y eso no lo queremos de ninguna de las maneras”. Me dieron la cantidad de dinero robada. Bien, imagine que usted cuenta todo este dinero robado y lo suma al PIB. Porque lo cierto es que el ratero ha prestado el servicio de noapuñalarme. O suponga que alguien va a un cajero automático y el ladrón le dice: “Tus dineros o tu vida”. Usted dice: “Vale, aquí están mis dineros”. El ratero le ha dado a usted la posibilidad de elegir su vida. En cierto modo, así es como funciona la contabilidad del PIB. No es tan distinto del modo en que Wall Street extrae dinero de la economía. Luego, usted tiene también terratenientes que extraen…

P. Volvamos atrás. Extraen dinero de la economía por la vía de la servidumbre por deuda. Por la vía de…

R. De no jugar un papel productivo, básicamente.

P. Cierto. Así pues, los intereses de las tarjetas de crédito, los intereses hipotecarios, los de los préstamos para adquirir automóviles, lo de los préstamos a los estudiantes… Así es como consiguen sus fondos, ¿no?

R. Cierto. El dinero no es un factor de producción. Pero para tener acceso al crédito, para acceder al dinero, para acceder a la educación, tienes que pagar a los bancos. En la New York University (NYU), pongamos por caso, trabajan con el Citibank. Yo creo que la gente del Citibank estaba en el patronato de la NYU. Consigues estudiantes cuando vienen aquí para empezar en la oficina local del banco. Y una vez estás en un banco y sacas cada mes dinero de tu cuenta en él mediante gastos electrónicos con tarjeta o de otro tipo, es muy incómodo cambiar.

De manera que, en substancia, lo que tenemos es lo que los economistas clásicos llamaban una clase rentista. La clase que vive de rentas económicas. Terratenientes, monopolistas que cargan sobreprecios y bancos. Si tienes una empresa farmacéutica que inopinadamente aumenta el precio de un fármaco de 12 dólares a 200, los beneficios se disparan. Este incremento del precio del fármaco se computa en la contabilidad nacional de ingresos como si la economía estuviera produciendo más. De modo que todo este supuesto crecimiento económico ha sido enteramente capturado por el Uno por Ciento en los últimos diez años, y aún tienen el cuajo de hablar de crecimiento económico. Pero la economía no está creciendo…

P. Porque no hay reinversión.

R. Correcto. No es producción, no es consumo. La riqueza del Uno por Ciento se obtiene esencialmente por la vía de prestar dinero al 99 Por Ciento y luego cargar intereses sobre ese préstamo y terminar reciclando ese interés auna tasa de crecimiento exponencial.

P. ¿Y por qué es importante, según infiero yo de la lectura de su libro, que la teoría económica dominante contabilice ese ingreso rentista como ingreso productivo? Explique por qué es tan importante.

R. Si usted es un rentista, querrá que se diga que usted ganó sus ingresos…

P. Estamos hablando de Goldman Sachs, dicho sea de paso…

R. Sí, de Goldman Sachs. El jefe de Goldman Sachs salió y dijo que los trabajadores de Goldman Sachs son los más productivos del mundo. Y que por eso cobraban lo que cobraban. El concepto de productividad en Norteamérica es ingreso dividido por trabajo. De manera que si estás en Goldman Sachs y te pagas a ti mismo 20 millones de dólares anuales entre remuneraciones y bonos, se considera que has añadido 20 millones de dólares al PIB, y eso es enormemente productivo. Fíjese que nos movemos en un círculo de razonamiento tautológico.

Bueno, pues la cuestión es si Goldman Sachs, Wall Street y las empresas farmacéuticas predadoras añaden realmente “producto” o si, por el contrario, lo que hacen es explotar a los demás. Precisamente por eso me serví del término “parasitismo” en el título de mi libro. La gente cree que un parásito es quien simplemente se limita a extraer sangre de un huésped o dinero de una economía. Pero en la naturaleza esto es mucho más complicado. El parásito no puede simplemente venir y extraer algo. Para empezar, necesita paralizar o insensibilizar al huésped. Tiene un enzima capaz de evitar que el huésped se percate de su llegada. Y luego los parásitos tienen otro enzima que toma el control del cerebro del huésped. Induce al huésped a imaginar que el parásito es parte de su propio cuerpo, razón por la cual necesitaría ser protegido. Y eso es básicamente lo que ha hecho Wall Street. Se pinta a sí mismo como parte de la economía. No como un envoltorio, no como algo externo, sino como una parte realmente integral que ayuda al cuerpo a crecer, y aun como una parte que, en realidad, es propiamente responsable del grueso del crecimiento. Sin embargo, lo que realmente hace el parásito es inhibir el crecimiento.

El resultado es una inversión de la teoría económica clásica. Pone a Adam Smith cabeza abajo. Dice que lo que los economistas clásicos llamaban improductivo –el parasitismo— es en realidad la economía real. Y que los parásitos son el trabajo y la industria que se atraviesan en el camino de lo que quiere el parásito (que no es otra cosa que reproducirse a sí mismo, no ayudar al huésped, es decir, al trabajo y al capital).

P. Y el caso es que los economistas clásicos como Adam Smith fueron meridianamente claros al respecto: a menos que el ingreso rentista, esto es, el dinero hecho con cosas como fondos de cobertura, fuera fiscalizado con graves impuestos y devuelto a la economía, la economía terminaría entrando en barrena. Y yo creo que el paradigma de eso –usted lo apunta en su libro— es lo que ocurrió con las grandes empresas con dividendos sobre sus acciones y recompras de sus propias acciones. Tal vez podría usted explicarnos esto aquí un poco.

R. En los libros de texto más superficiales y en los medios de comunicación puede encontrarse la idea de que si las grandes empresas tienen grandes beneficios, los tienen por ser productivas. Y con…

P. Eso se dice todavía en los libros de texto, ¿no?

R. Sí. Y también que si el precio de una acción sube, no estás sino capitalizando los beneficios: el precio de las acciones reflejaría el papel productivo de la empresa. Pero no es eso lo que ha venido ocurriendo en los últimos diez años. Precisamente en estos dos últimos años, el 92% de los beneficios granempresariales en Norteamérica se han gastado, o bien en la recompra de sus propias acciones, o bien en pagos de dividendos a fin de aumentar el precio de las acciones.

P. Explíquenos por qué hacen eso.

R. Hace 15 años, el profesor Jensen dijo en Harvard que la manera de garantizar que las grandes compañías empresariales se gestionan del modo más eficiente es hacer que sus ejecutivos incrementen el precio de las acciones de la compañía. De manera que si das a los ejecutivos opciones sobre acciones y les pagas, no conforme a lo que producen o al incremento del tamaño de la compañía o a la expansión de su escala de producción, sino de acuerdo con el precio de sus acciones, entonces conseguirás que la compañía esté gestionada eficientemente, al estilo financiero.

Los ejecutivos de las compañías descubrieron entonces que tenían dos formas de incrementar el precio de las acciones. Lo primero es recortar la inversión a largo plazo y usar, en cambio, el dinero para recomprar las propias acciones. Pero cuando compras tus propias acciones, eso significa que no colocas el dinero en la formación de capital. No construyes nuevas factorías. No contratas más trabajo. En realidad, puedes incrementar el precio de las acciones despidiendo trabajadores.

P. Esta estrategia funciona temporalmente.

R. Temporalmente. Porque usas ingresos pasados para recomprar acciones, despedir trabajadores, si puedes, y trabajar más intensivamente. Para pagar dividendos. Este es básicamente el modelo del saqueador de empresas. Usas el dinero para pagar a los tenedores de bonos basura a intereses elevados. Y, obvio es decirlo, terminas poniendo en aprietos a la compañía, porque no hay nueva inversión.

De modo que los mercados se encogen. Entonces vas a los sindicatos y les dices, escuchen, la compañía está al borde de la bancarrota y no queremos despidos. La única forma de conservar el puesto de trabajo es que rebajemos las pensiones que habíamos acordado pagaros. En vez de daros lo que os teníamos prometido, una pensión de jubilación definida, os ofrecemos un plan definido de contribuciones. Sabréis lo que pagaréis cada mes, pero no sabréis qué resultará de ello. O, si no, retirad vuestro fondo acumulado de pensiones, ponedlo en la Corporación Pública de Garantía de Pensiones y usad el dinero que pagaríais mensualmente por la pensión nuestra para invertir en acciones de la compañía y esperar sus dividendos. Pero va y, entonces, el conjunto de la economía se desploma. Se vacía. Se encoje y colapsa. Sólo que en ese momento los ejecutivos ya habrán abandonado la compañía. Habrán cogido sus bonos y sus remuneraciones y se habrán largado.

P. Me gustaría leer esta cita que he encontrado en su libro. Es del geógrafo marxista] David Harvey, de su libro A Brief History of Neoliberalism, y me gustaría que usted la comentara:

“El principal logro substantivo del neoliberalismo no ha sido la generación de riqueza e ingreso, sino la redistribución. Cuando hablo de ‘acumulación por desposesión’… me refiero a la mercantilización y privatización de tierras y a la expulsión forzosa de poblaciones campesinas; a la conversión de varias formas de derechos de propiedad (común, colectiva, estatal, etc.) en derechos de propiedad privada exclusiva; a la supresión de los derechos de acceso a los comunes; … a los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos (incluidos recursos naturales); … y a la usura, la deuda nacional y, lo más devastador de todo, al uso del sistema crediticio como medio radical de acumulación por desposesión… A esta lista de mecanismos podemos todavía añadir un rimero de técnicas, como la extracción de rentas a través de patentes, y los derechos de propiedad intelectual (que traen consigo la disminución o erosión de varias formas de derechos de propiedad en común, o de las pensiones públicas, o de las vacaciones pagadas, o del acceso a la educación y a la asistencia sanitaria): todo eso se ha desplegado en una generación o más de luchas de clase. La propuesta de privatizar todos los derechos a las pensiones públicas, de la que fue pionero el Chile de Pinochet, es, por ejemplo, uno de los objetivos más anhelados de los republicanos en los EEUU.”

Esto explica el desenlace. El resultado final del que usted habla en su libro es, en substancia, permitir que lo que usted llama la clase rentista o especulativa canibalice a la sociedad toda hasta el colapso de la misma.

R. Un derecho de propiedad no es un factor de producción. Mire lo que pasó en Chicago, la ciudad en la que yo crecí. Chicago se negó a aumentar los impuestos a los bienes raíces, especialmente a sus caros bienes raíces comerciales. De manera que su presupuesto incurrió en déficit. Necesitaban dinero para pagar a los tenedores de bonos de deuda municipal, de manera que vendieron los derechos de estacionamiento y se instalaron por doquiera parquímetros en los bordillos de las aceras. Bueno, pues ahora el coste de vivir y hacer negocios en Chicago es más alto, porque hay que pagar el estacionamiento. Si Chicago quiere organizar un desfile o bloquear el tráfico, tiene que pagar a Goldman Sachs por el lucro cesante (los dineros que la empresa habría recaudado, si no se hubiera cerrado el tránsito). Inopinadamente, resulta que es mucho más caro vivir en Chicago a causa de eso.

Pero ese gasto añadido de tener que pagar por los derechos de aparcamiento de Goldman Sachs –de tener que pagar intereses a sus tenedores de bonos— se contabiliza como un incremento en el PIB, porque se ha creado más producto simplemente haciendo más recargos. Si vendes una carretera, una carretera pública local, y pones una cabina de peaje y la conviertes en una carretera de pago, de repente, inopinadamente, crece el PIB.

Si vas a una guerra por ahí y gastas más dinero en el complejo militar-industrial, todo eso se contabiliza como aumento de producción. Nada de eso es realmente parte del sistema productivo del capital y del trabajo en trance de producir más fábricas y producir más cosas que la gente necesita para vivir y para hacer negocios. Todo son recargos. Pero no hay distinción entre riqueza y sobrecargos.

No hacer esa distinción implica que el huésped no se percata de que tiene un parásito alojado en el cuerpo. La economía huésped, la economíaa industrial, no se percata de lo que se percataban los industrialistas del siglo XIX: si quieres una economía eficiente y de bajos precios, y si quieres vender más que tus competidores, tienes que recortar tus precios permitiendo que el sector público suministre carreteras gratuitamente, servicios médicos gratuitamente y educación gratuitamente.

Si pones recargos a todas esas cosas, terminarás llegando al punto en que se halla ahora la economía de los EEUU. ¿Qué pasaría, si los obreros fabriles norteamericanos pudieran acceder gratuitamente a todos sus bienes de consumo? ¿Qué, si su alimentación, transporte, vivienda, todo, fuera gratuito? Pues que ni siquiera así podrían competir con los asiáticos y otros productores, porque tienen que pagar hasta un 43% de sus ingresos en intereses rentistas o hipotecarios y un 10% o más de su ingreso en préstamos académicos y deudas contraídas con tarjeta de crédito. Por lo demás, el 15% de su salario es automáticamente sustraído para pagar la seguridad social, a fin de poder bajar los impuestos de los ricos o de pagar la asistencia médica.

Así que los norteamericanos incorporaron a su economía todos estos recargos. No hay distinción entre crecimiento y recargo. Todo eso hizo que, en Norteamérica, los precios crecieran a tal punto, que terminaron perdiendo tangencia con el mercado independientemente de la política comercial practicada.

P. Deberíamos añadir que esta forma de teoría económica predatoria permite explotar tramposamente al sistema. Les privatizas los fondos de pensiones, los obligas a entrar en los mercados de valores, unos mercados hiperinflados. Pero, a causa del modo en que las compañías entran en ellos, quienes sacan provecho son los ejecutivos de los fondos de cobertura. Y los perdedores son los ciudadanos, cuyos ahorros para la jubilación quedan apresados en mercados de valores con pérdidas. Tal vez podamos terminar hablando del modo en que se amaña el sistema, no sólo apresando a los ciudadanos en una servidumbre por deudas, sino forzándolos a entrar en el mercado para volverlos a desplumar.

R. Bueno, aquí se habló de economía de la innovación como si eso significara hacer dinero. Suponga que tiene usted una innovación y que la compañía en cuestión entra en el mercado de valores. Se dirige a Goldman Sachs y a otros bancos de inversión de Wall Street para que suscriban valores emitibles a 40 dólares la acción. Se considera una botadura exitosa cuando, inmediatamente, Goldman Sachs y los otros se dirigen a sus clientes y les sugieren comprar acciones y conseguir una ganancia rápida. Una botadura “exitosa” dobla el precio en un día, de manera que al final de la jornada la venta de acciones ronda los 80 dólares.

P. Tienen la opción de comprar antes que nadie, sabiendo que al cierre se habrá hinchado el precio y podrán vender.

R. Exactamente.

P. Entonces vienen los fondos de pensiones y compran a precios hinchados, que luego caen otra vez.

R. Pueden volver a caer, o puede que la compañía haya salido en desventaja desde el comienzo. Lo importante es que la empresa subscriptora de Wall Street y los especuladores circunstantes ganan más en un solo día que lo ganado en todos los años que llevó levantar la empresa. La compañía gana 40 dólares. Y los bancos y los especuladores y sus amiguetes también ganan 40 dólares.

Lo que tenemos básicamente es que el sector financiero termina con la parte del león de las ganancias. Si usted está en Wall Street, el nombre de este juego es beneficios, ganancias de capital. Y eso es algo que no formaba siquiera parte de la teoría económica clásica. Los economistas clásicos no llegaron a imaginar siquiera que el precio de los activos pudiera ir al alza por alguna razón que no fuera la de ganar más dinero y la de la capitalización del ingreso. Pero lo que tenemos en los últimos 50 años –realmente, desde el final de la II Guerra Mundial— es inflación de precios de activos. El grueso de las familias de clase media han conseguido la riqueza que han conseguido desde 1945 no, realmente, ahorrando lo que ganaron con su trabajo, sino gracias a los precios al alza de sus casas. Se beneficiaron del precio de la casa. Y creen que eso les ha hecho ricos y ha hecho rica a la toda economía.

La razón por la que el precio de la vivienda ha subido es que la casa tiene valor sea lo que fuere lo que un banco esté dispuesto a prestar tomándola como garantía. Si los bancos hacen cada vez más fácil el crédito, rebajando progresivamente las cuotas, entonces lo que vendrá será una burbuja financiera. Y lo que tendremos serán unos bienes raíces disparados al alza tanto como sea posible. Yo no creo que comprar una casa pueda suponer más del 43% del ingreso de nadie. Pero imaginemos ahora que te acabas de sumar a la fuerza de trabajo. No eres capaz de comprar una casa a los precios actuales adelantando un poco de tu dinero para, luego, de alguna forma, terminar haciéndote rico gracias a la inversión en la casa. Todo este dinero que pagas al banco se restará ahora del monto de dinero disponible para gastar en bienes y servicios.

De modo que le hemos dado la vuelta a la economía de posguerra que hizo rica y próspera a Norteamérica. De alguna manera, la gente creía que podía hacerse rica endeudándose para tomar prestados activos, cuyos precios irían al alza. Pero, al final, no puedes hacerte rico endeudándote. Al final, los acreedores siempre ganan. Por eso todas las sociedades de que tenemos noticia histórica, desde Sumeria y Babilonia, se han visto obligadas o a cancelar las deudas o, como Roma, que no canceló las deudas, a dar paso a una edad obscura: todo se hundió.

SEGUNDA PARTE

Las mentiras de la teoría económica neoliberal y la demagogia de los políticos profesionales del sistema

P. Bueno, en la anterior entrevista hablamos del parasitismo de los bancos, de los fondos de cobertura y, en general, del parasitismo de la clase especuladora que, en substancia, ha canibalizado a la economía (incluida, merece resaltarse, la propia industria), reduciendo al común de los norteamericanos a una insostenible servidumbre por deuda. También con los préstamos académicos a los estudiantes, o con las tasas predatorias de intereses cargados a las tarjetas de crédito y otros productos-señuelo por el estilo, en los que empiezas con tipos del cero por ciento e, inopinadamente, te ves pagando un 26%, un 23%…

R. Si te demoras en el pago…

P. Si te demoras en el pago. En el crédito hipotecario, por ejemplo, con tantos hogares como hay ahora mismo con el agua al cuello a causa de la crisis de 2008. Me gustaría empezar hablando de esa clase política que se identifica con los valores liberal-progresistas del Partido Demócrata y con Barak Obama. Suelen servirse del lenguaje de la justicia económica y aun criticar retóricamente a Wall Street, pero han estado tan comprometidos con ese proyecto neoliberal como los Republicanos.

R. La clave para entender esa política demagógica pasa por darse cuenta de que quien apoya realmente es quién financia las campañas electorales. La tarea del político profesional consiste en esto: entregar su electorado a quien les apoya. Obama fue un genio haciendo eso que ahora trata de hacer Donald Trump: secuestrar a un electorado. Esa fue su columna capital A: un grupo focal que atendía a todo lo que los electores desean. Desean un alivio de la deuda. Desean mejores empleos. Desean un salario mínimo más alto.

P. Y desde luego no acuerdos comerciales como el NAFTA…

R. Cierto. Y la segunda columna de carga, la B, la que escondieron, fue lo que deseaban los financiadores electorales de Wal Street. A Obama lo eligió básicamente Robert Rubin, quien se convirtió en el jefe de Citibank cuando salió de Goldman Sachs. Obama fue elegido por Robert Rubin de Wall Street bajo promesa de hacer lo que realmente iba a hacer. Que era lo mismo que se apresta a hacer hoy cualquier presidenciable. La tarea del político profesional consiste en entregar a quienes le financian la campaña –todos ubicados en Wall Street— a quienquiera que le vote. Republicanos lo mismo que Demócratas, pero especialmente los Demócratas, que son realmente el ala wallstreetiana del sistema político norteamericano. Los Republicanos están más por las grandes empresas monopolistas, son el ala petrolera y gasística del sistema político.

No bien Obama lo consiguió, Hank Paulson –el Secretario republicano del Tesoro— habló con Barney Frank y le dijo: mira, ya sabes, se suponía que, con el TARP, podíamos dedicar algún dinero a la reducción de la deuda.

P. Explique qué es el TARP.

R. Son las siglas del Troubled Asset Relief Program (Programa de Alivio para los Activos Problemáticos). Estaba concebido para tratar a los bancos como si estuvieran en problemas. Si usted era un criminal y estaba robando a la gente, pues a eso se le llamaba “problemático”. Los medios informan de un proceso judicial reciente incoado contra un joven conductor ricachón que atropelló y mató a cuatro personas. Su defensa fue esta: “No es mi culpa, yo padezco del virus de la abundancia. Soy tan rico, que carezco de sentido social. Así que, sí, claro, los atropellé. Pero soy inocente, porque soy rico. ¿Qué esperaban?”.

Bueno, pues, en substancia, esa es la visión que tiene Goldman Sachs de la economía. No se les puede castigar por lo que hacen. Porque se limitan a hacer lo que tiene hace una institución financiera predadora. Así que Obama dijo: “No, no voy a hacer eso” (es decir, reestructurar las deudas hipotecarias, como había prometido a sus electores en la Columna capital A). Llegó, y ¿qué es lo que hizo? Pues ¡poner de Secretario del Tesoro al principal lobista de Wall Street, Tim Geithner.

P. En su último libro Matar al huésped (Killing the Host),le dedica usted mucho espacio al personaje.

R. En efecto. Y es que Geithner aparece en casi todos los episodios sucios narrados en mi libro. Fue el hombre del maletín. Fue la persona a la que Sheila Baoir acusó de bloquear a la FDIC [Entidad Federal de Seguros de Depósitos, por sus siglas en inglés] cuando esta agencia pública se disponía a tomar bajo su control a Citibank, que no sólo estaba quebrado, sino que era ya una organización tipificada como criminal.

P. Explíquenos un poco por qué fue tipificada como una organización para delinquir.

R. Citibank, junto con Countrywide Financial, estaba haciendo hipotecas basura. Eran unas hipotecas llamadas NINJA, o sea (por sus siglas en inglés) “hipotecas mentirosas para gentes sin ingresos, sin empleo y sin activos”. Recuerde la película The Big Short (La gran apuesta): como si algún genio de Wall Street hubiera descubierto que las hipotecas iban a desplomarse. También está la historia de la Reina Isabel preguntando al economista…

P. “¿Cómo es que ninguno de ustedes sabía lo que iba a pasar?”

R. En efecto. Pero el caso es que, si todo el mundo en Wall Street llamaba a esas hipotecas “préstamos mentirosos”, si sabían que estaban haciendo NINJAs para gente insolvente, entonces todo Wall Street sabía que se trataba de un fraude. La clave es que, si eres un delincuente realmente muy astuto, tienes que planear la situación para cuando el pastel se descubra. Hay que planear cómo quedar impune. En el caso de Wall Street, si compras activos porquería, ¿cómo haces para que el gobierno te rescate? Para eso está el presidente de los EEUU, ya sea Obama o John McCain…

P. O Bush.

R. O Hillary, o Trump, hoy. Su tarea consiste en rescatar a Wall Street y hacer que pague la gente, no Wall Street. Porque Wall Street es “la gente” que selecciona a los políticos, los cuales saben demasiado bien de dónde viene el dinero de sus campañas electorales. Si tienes a un financiador de campaña, ya sea uno de Wall Street o, en el plano local, un inversor en bienes raíces, siempre sabes quiénes son tus sostenes. El talento que necesitas tener como político pasa por lograr que los votantes crean que vas a defender sus intereses…

P. ¿Cuál era aquella gran cita de Groucho Marx?

R. “El secreto del éxito es la sinceridad; si puedes fingirla, la cosa está hecha”.

P. Sí, de eso va. Ya sabe, aquel libro de Ron Suskind, ¿cómo se llama?

R. Confidence Men.

P. Confidence Men, eso es. Entrevista a alguien de Wall Street y le pregunta por qué son tan hostiles a Obama, cuando Obama no ha dejado de proteger a Wall Street. Respuesta: porque si le seguimos siendo pública y abiertamente hostiles, siempre hará lo que queremos.

R. Es como el Tío Remus y el zarzal, cuando el Hermano Conejo dice: no me tires al zarzal. Y finalmente, la zorra lo tira al zarzal, y va y el conejo se escapa triscando y cantando tan terne aquello de “Nacido y crecido en un zarzal”. La moraleja del asunto es que es puro prejuicio eso de que si un político discursea contra Wall Street y llega a convertirse en portavoz del resentimiento popular, tiene que ser porque comprende al pueblo y apoyará al pueblo.

P. Bueno, eso es exactamente lo que está haciendo Hilary Clinton ahora mismo, y a lo bestia.

R. Exactamente. Hay una película de Fellini, La dolce vita, con Anita Ekberg. El periodista italiano Marcello va tras la Ekberg, y en entonces el novio de ella se dirige a él y le dice: “Te entiendo”. Y va, y le mete un puñetazo en pleno rostro. Eso es lo que tenemos básicamente aquí. El político dice a los votantes: “Siento vuestro dolor, os entiendo”. Y ellos piensan, ¡vaya, nos entiende!. Y entonces va el político y se pone del lado de Wall Street: les da en todo el morro y trata de privatizar los fondos de pensiones y la Seguridad Social. Y no mete preso ni a un solo banquero, sino que nombra para el Departamento de Justicia a gentes del gusto de Wall Street y que tratan a Wall Street como a un rico “problemático”.

Así pues, en substancia, los financiadores de campaña procedentes de Wall Street se arrogan un poder de veto a la hora de elegir al Secretario del Tesoro. Quieren al…

P. Fiscal General…

R. Sí, al Fiscal General. Para asegurarse de que nadie pagará el precio del delito financiero. Luego viene el Consejo de Asesores Económicos [del Presidente], para seguir afirmando que Wall Street realmente aporta cosas a la economía y que sólo puede hacerse lo que hace la Reserva Federal. Viene Janet Yellen, y dice: dad más dinero a los bancos, y la economía podrá salir del endeudamiento gracias al préstamo…, si tenemos suficiente flexibilización cuantitativa.

La Reserva Federal ha dado a Wall Street 4,5 billones de dólares. Esos 4,5 billones podrían haberse usado para reestructurar la deuda. Y ya no tendríamos mayores problemas: todo el mundo podría vivir mejor con un coste de la vida más bajo. Los 4,5 billones de dólares podrían haberse gastado en la economía.

P. Habríamos evitado ejecuciones hipotecarias y desahucios…

R. Sí. Pero no es lo que hizo Obama.

P. Aun cuando prometió que lo haría. Y luego cambió. Reservó algún dinero para salvar a la gente del desahucio, pero nunca llegó a gastarlo.

R. Así es. No se gastó ese dinero. Es lo que descubrió Niel Barofsky, el jefe del SIGTARP –Inspección General Especial para el TARTP—. Vino a decir, “¡eh, un minutito, que no están gastando un solo céntimo! ¡Es un fraude!”. Y escribió un libro entero, Bailout [Rescate], para explicar las mentiras Geithner. Y cuando luego salió Geithner con su libro autobiográfico, Barofsky lo reseñó denunciándolo como a un embustero que debería estar preso. Geithner fue convenientemente recompensado con un empleo millonario en Wall Street. Los japoneses llaman a eso “descenso del cielo”. Cuando recoges la recompensa por haber vendido la economía a quien te apoyó, lo que tienes es un estupendo empleo y terminas rico de por vida.

P. Bueno, hablemos un poco sobre lo que todo eso entraña de cara al futuro, porque lo cierto es que no se ha puesto el menor límite a estos comportamientos criminales y fraudulentos de la clase especuladora. Las burbujas se han vuelto a hinchar con fondos públicos. Me parece que usted escribió un artículo para la revista Harper’s antes de 2008 diciendo esto: estamos a punto de tener un accidente catastrófico y pegárnosla todos. Puesto que ahora volvemos a jugar al mismo juego, me pregunto qué pasara en el futuro inmediato. ¿Volverán a ser capaces de saquear el Tesoro como ya hicieron entonces?

R. Lo más destacable de todo es que la economía no se ha recuperado desde 2008. Se habla de que ha habido recuperación, pero lo cierto es que la recuperación sólo la ha experimentado el Uno por Ciento. El 99 Por Ciento no se ha recuperado. Por eso se aprestan a votar por Trump, y por eso se aprestan también a votar por Sanders. Pero auto inculpándose. Las víctimas tienden a culparse a sí mismas. Y lo otro que hay que…

P. Pero seamos claros: los medios no explican la realidad económica. En absoluto. No dejan de hablar de recuperación económica.

R. Ese es el asunto. Resultado: los medios que cuentan ese cuento están creando un síndrome de Estocolmo; la víctima secuestrada se identifica con el victimario. La idea es que, con sólo que lográramos dar más dinero a Wall Street, estaríamos salvados. Así que la Reserva Federal no tendría sino que bombear más y más dinero a la economía…

Hablan de la Reserva Federal y de su helicóptero regador de dinero. Pero el helicóptero de la Reserva Federal sólo inunda con dinero a Wall Street, no a la economía. La gente no lo percibe. La Fed no dice: “Vamos a ingresar 200 dólares en los depósitos bancarios de todo el mundo para que dispongan de dinero y puedan hacer frente a sus deudas”. Sólo se presta dinero a Wall Street.

¿Y qué hace Wall Street con ese dinero? Prestar dinero. De manera que la solución al problema de deuda en que nos hallamos –deflación por sobreendeudamiento— sería prestar aún más dinero.

Eso es lo que convierte al conjunto de la economía en un esquema Ponzi, como usted mismo observó al comienzo de la primera parte de esta entrevista. En un esquema Ponzi, las gentes parecen ganar un montón de dinero, pero eso sólo es porque realmente no tienes beneficios. Lo único que haces es lograr que más y más gente esté convencida de que estás ganando dinero. Y entretanto tú vas pagando a los primeros que entraron en el esquema con el dinero procedente de los suscriptores más recientes. Es lo que hizo Bernie Madoff. El conjunto de la economía se ha convertido en un esquema Madof.

P. Y en muy buena medida, a través de los bienes raíces, ¿no?

R. En muy buena medida, sí. Porque los bienes raíces son el activo más grande.

P. El valor de tu casa crece y crece y crece, y tú crees que has creado ese valor, que eso es una forma de creación de valor.

R. Ese es el problema que se dio en 2008. Obama tenía la opción de salvar a la economía o salvar a Wall Street. Eligió salvar a Wall Street. Y la única forma de salvar a Wall Street, si los bancos han hecho un montón de malos préstamos, es ayudarlos para que no quiebren. ¿Qué harás? Pues les darás dinero. La justificación mediática de eso es la teoría, según la cual los bancos ganan dinero prestando dinero a la industria para que ésta construya más fábricas y dé empleo a más gente.

P. Y resultó que el crédito para la pequeña empresa y para los consumidores siguió encallado.

R. En efecto. Wall Street sabía que el mercado de bienes raíces estaba saturado de préstamo. En otras palabras: fin de partida. Nadie podía ya seguir pagando alquileres e hipotecas por encima de sus ingresos. Los bancos ni siquiera podían ya hacer más préstamo a través de las tarjetas de crédito. Así que empezaron a reducir también sus riesgos en ese ámbito de las tarjetas de crédito. Y lo que hicieron fue pasar a jugar con las divisas.

P. Y con la deuda académica estudiantil.

R. Y con la deuda estudiantil, sí.

P. Porque está garantizada.

R. Claro. Hicieron que el Estado…

P. Quiero decir, públicamente garantizada…

R. Desde el desplome de 2008, el Estado ha garantizado casi todo el nuevo préstamo hipotecario. Se garantiza públicamente hasta el 43% del ingreso del prestatario. Los préstamos estudiantiles, están todos públicamente garantizados. Pero, básicamente, los bancos se dedicaron a ganar dinero fuera. Si puedes tomar prestado de la Reserva Federal a una décima de un uno por ciento, con eso puedes comprar bonos brasileños, que rinden al 9%, si no más. Y puedes hacer también apuestas en los mercados internacionales de permutas sobre la quiebra de Grecia.

Cuando Grecia tuvo problemas reales por el hecho de que los bancos alemanes y francesas le habían prestado demasiado, lo que el FMI quiso hacer fue cancelar la deuda griega. Pero entonces Geithner se puso en contacto telefónico con Europa, y Obama fue las reuniones del G20 y vino a decir: “Miren, no pueden cancelar la deuda griega, porque los bancos norteamericanos se han convertido entretanto en apostadores de ese hipódromo. Tenemos un capitalismo de casino. Nuestros bancos han apostado y han prometido garantizar los bonos griegos. Si se cancelan los bonos griegos, los bancos norteamericanos sufrirán las consecuencias. Y si nosotros sufrimos las consecuencias, les aseguro que ustedes sufrirán también las consecuencias. Arrastraremos a los bancos europeos. ¿Están ustedes seguros de querer eso?

De manera, pues, que los juegos de apuestas de Wall Street terminaron por apartar a Grecia de la Unión Europea. Wall Street quería disgregar políticamente a Europa sólo para favorecer a los bancos de inversión de Wall Street –básicamente, cuatro— y hacerles ganar dinero asegurando la deuda griega y tratando el mercado financiero como una carrera de caballos.

En este punto nos hallamos ahora. Fíjese que no se trata aquí de un imperialismo que drena economías foráneas. No, no. Se trata de Wall Street y sus apuestas. Y en substancia, se trata del control ejercido por Wall Street sobre el Banco Central Europeo. Así como Europa tiene que cargar con su parte de gastos de colaboración con la OTAN, así también tienen sus ministerios de finanzas que cargar con los costes de colaborar con el Tesoro estadounidense.

P. Hablemos un poco, si le parece, de todo lo que esto significa, de hacia dónde vamos…

R. Significa que los mercados no están creciendo, porque el consumidor norteamericano tiene que gastar tanto dinero en pagar a los bancos y en pagar impuestos, que no le queda suficiente dinero para comprar bienes y servicios.

P. Una de las cosas que usted observa en su libro, y que yo no sabía, es que cuando medimos la economía, lo hacemos con una contabilidad que incorpora la devolución de las distintas deudas –incluidas las de las tarjetas de crédito— como una forma de ahorro.

R. En efecto. Luego de 2008, la tasa de ahorro se disparó al alza. Solo que el ahorro no está disponible. Pero para una contabilidad de este tipo, si tú posees menos dinero, es porque has hecho lo mismo que pagar a partir del ahorro. De manera que estaríamos en una economía de ahorros. La tasa de ahorro en 2008 era cero. En realidad, era del menos 2%, si tomabas en cuenta los empréstitos del extranjero. El conjunto de la economía estaba compuesto por unos consumidores que mantenían sus niveles de vida recurriendo al préstamo y a su tarjeta de crédito, así como retirando lo que Alan Greenspan llamó efectivo derivado del valor creciente de la vivienda: un nuevo préstamo sobre el valor de la casa revalorizada. Pero eso no es realmente retirar dinero en efectivo. Es endeudarte más. Un vocabulario vuelto del revés. Norteamérica se iba embarcando más y más en el endeudamiento pensando que se hacía rica, y de repente se encontró en una situación, como usted bien dice, de servidumbre por deuda, una situación en la que los trabajadores asalariados y otros tienen que hacer devoluciones que se comen cualquier incremento salarial que consigan; va para pagar…

P. Porque terminas dedicando todo tu ingreso a pagar el principal. Y por eso los incrementos salariales se terminaron en los 70. La clase especulativa de Wall Street no quiere que la gente sea capaz de quitarse de encima las deudas.

R. Esta es una de las cosas a las que contribuyó la teoría económica de Alan Greenspan: el Síndrome del Trabajador Traumatizado. Dijo esto, sobre poco más o menos: la razón de que tengamos todas esas enormes ganancias de productividad sin el menor aumento salarial es que los trabajadores temen ir a la huelga, incluso protestar por las condiciones laborales: porque están todos a una sola cuota de convertirse en unos parias sin techo.

P. Y es verdad.

R. Y si se saltan una mensualidad de la tarjeta de crédito, de repente los intereses de su tarjeta se disparan hasta el 29%. Hasta si se retrasan en una factura bancariamente domiciliada, el banco les aumentará los recargos.

P. Y bien, ¿qué significado hay que darle a todo esto? Quiero decir: ¿adónde iremos a parar?

R. Significa un desplome a cámara lenta. Significa que lo que…

P. Que ha empezado ya, ¿no es cierto?

R. Sí, estamos ya en una lenta caída. Todo eso fue analizado en los años 30 del siglo pasado, cuando Irving Fisher habló de deflación por sobreendeudamiento. Pero fíjese que la deuda no aparece en los libros de texto. Hablan de ahorro, pero no de deuda. Lo cierto es que todo dinero es, de una u otra forma, deuda. El efectivo en tu bolsillo es, técnicamente, deuda del Estado. Está en el lado de los pasivos del balance. Lo que la gente creía ser un activo sólo se mantenía a flote por la deuda. Pero la marea creciente de deuda, a diferencia de la marina, no levanta a todos los botes y esquifes por igual; sólo eleva a los yates. El resto de la economía queda con el agua al cuello o hundida, por seguir con la metáfora.

P. Bien, cuente esto para el gran público. ¿Qué está pasando? ¿Hemos perdido el control de esa fuerza predatoria o parasitaria?

R. Bueno, usted puede ver el futuro observando lo que pasa ahora mismo en Grecia, o lo que pasó en Rusia luego de su traumática terapia de choque. Norteamérica se halla en rumbo de terapia de choque, gane quien gane las presidenciales…

P. Represéntemelo plásticamente. ¿Cómo tendremos que vernos?

R. Bueno, más y más gentes tendrán cargas deudoras más y más grandes en sus gastos en asistencia médica. En sus gastos educativos. Más y más, hasta llegar al punto de quiebra. Y tendrán que tirar de los ahorros que tengan, o tendrán que apretarse el cinturón, o tendrán que declararse en quiebra. La tasa de quiebras está ya subiendo muy aceleradamente en los préstamos estudiantiles. Y esos son préstamos que no puedes quitarte simplemente de encima con una declaración de bancarrota.

P. No, a menos que hayas muerto. Y entonces pasará a tus padres, si siguen vivos.

R. Así es. Los padres han avalado el préstamo. Entretanto, los estudiantes que han tomado esos préstamos se han visto obligados a vivir en casa de los padres. No pueden permitirse la compra de una vivienda. Y si no puedes acceder a una vivienda, es muy complicado casarte. Estuve hace poco en China, y mi intérprete allí contaba que las mujeres chinas buscan maridos que puedan acceder a casa propia, porque necesitas casa para tener hijos. Todo eso se ha frenado aquí.

Cuando tu observas ese fenómeno en Grecia, en Rusia o en otros lugares, lo que ves es una contracción de la tasa de natalidad, un incremento de las tasa de mortalidad y de enfermedades. La esperanza de vida retrocede. Letonia siguió este tipo de políticas a pies juntillas, y ha perdido ya el 20% de su población desde finales de los 90. Tienes una enorme emigración islandesa, griega… Pero los norteamericanos no tienen adonde emigrar.

P. Es verdad. Y usted dice en su libro que, realmente, las únicas opciones subsistentes son o la esclavitud por deuda o la revuelta.

R. Así es, exactamente. Pero los enzimas que el parásito ha instilado a través del control de los medios de comunicación sugieren al pueblo que no es culpa de Wall Street, que no es culpa del parásito, sino que es culpa del huésped, tu culpa. Las víctimas no habrían sido capaces de ganar dinero bastante para pagar al Uno por Ciento, los victimarios. Esto es una gripe financiera, y mata a una economía.

P. ¿Pero funciona? Porque yo no creo que la mentira de la teoría económica neoliberal se la traguen así como así amplios segmentos de la población, ni siquiera quienes se arremolinan en torno a Trump.

R. Es verdad. Saben que algo va mal, pero no saben qué es, porque nadie les cuenta cómo funciona realmente la economía. La razón de que yo pudiera alertar de la llegada de la crisis un año antes de que estallara es que yo disponía de los gráficos que publiqué en la revista Harper’s. Mis gráficos se citaron en el Financial Times como los únicos, entre los que pronosticaron la crisis, que preveían cómo y explicaban por qué iba a suceder.

Cualquiera que atienda a los diagramas de Wall Street sobre la capacidad de pago, se da cuenta de que esto es exactamente lo que pasó en los años 20 del siglo pasado. Cualquiera que atienda a este tipo de gráficos le dirá que hay una intersección, un punto de ruptura, y que hay una crisis. Norteamérica tiene ahora la misma crisis que tuvo la Argentina, que tuvo Grecia, que tuvo Letonia, que tuvo Rusia. Esas economías son nuestro futuro. Iremos yendo paulatinamente a peor, en un desplome a cámara lenta.

P. ¿Pudiera ser que yendo paulatinamente a peor, a cámara lenta, termináramos en una forma de neofeudalismo, con una rapaz elite oligárquica al mando de un atroz Estado policial encargado de reprimirnos y represarnos?

R. Eso es precisamente lo que pasó en el Imperio romano.

P. Pues sí…

R. Si usted lee a los grandes historiadores romanos, como Tito Livio y Plutarco, verá todos cargan la decadencia del Imperio romano en la cuenta de una clase acreedora predadora y de los latifundistas. Los acreedores se hicieron con todo el dinero y se dedicaron a comprar más y más tierras, desplazando a todos los demás. El resultado en Roma fue una Edad Obscura, y eso puede durar mucho tiempo. La Edad Obscura viene cuando los rentistas toman el mando.

Si echa usted una mirada retrospectiva a los años 30, verá que Leon Trotsky dijo que el fascismo venía de la incapacidad de los partidos socialistas para avanzar una alternativa. Si los partidos socialistas y los medios de comunicación no avanzan alternativas a ese neofeudalismo, lo que tendremos será una vuelta triunfal del feudalismo. Pero en vez de ocupación militar de las tierras, como ocurrió con la conquista Normanda [de Inglaterra], lo que tendremos será una toma de control financiera de los bienes raíces. Las finanzas se han convertido en el nuevo modo de hacer la guerra. No militarmente –salvo en Europa, huelga decirlo—, sino sencilla y financieramente. Puedes conseguir la toma de control de las tierras y de las compañías mediante incursiones y razias empresariales.

Repare usted en el hecho de que el léxico de Wall Street es de conquista y exterminio. Porque a lo que estamos asistiendo es a una reviviscencia, en la esfera financiera, de lo que fue el feudalismo en la esfera militar.

P. Y, en substancia, nos estamos convirtiendo en un país de aparceros.

R. Exactamente. De aparceros obligados a comprar en el galpón del propio patrón.

P. En el galpón del propio señor.

R. Sí.

P. Bueno, eso aclara mucho. Yo creo que ilustra la necesidad que tenemos de una visión capaz de contrarrestar la visión del capitalismo predatorio, parasitario. Si no conseguimos pronto esa visión alternativa, entraremos en una suerte de edad obscura.

R. Y recuerde que la tarea del político del sistema es prometer una visión amable para luego estafar al electorado.

P. Bueno, hasta ahora, desgraciadamente, lo han hecho muy bien.

Fuente: Counterpunch 1 y 2

Traducido por Mínima Estrella para www.sinpermiso.info
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