España | Canarias: Los campos de la muerte (III)

Los salones de Fyffes

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“Para que levanten el puño”. Dibujo de Castelao, de la serie “Atila en Galicia”. Tripod

Una noche más, entre octubre de 1936 y febrero de 1937, los presos son despertados bruscamente por patrullas de falangistas y soldados que leen una lista. Los hombres llamados se ponen en pie y pasan ante el resto de sus compañeros que, apenas incorporados en sus jergones, miran aturdidos, compadecidos y, a la vez, temerosos de que sus nombres sean los próximos.
Los presos reclamados son enviados a unas barcazas sin motor, ancladas en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. En las siguientes noches, serán asesinados. Después, sus cuerpos serán conducidos a alta mar para arrojarlos al fondo del océano. A otros, ese momento final les llegará en los montes de la Esperanza o Las Cañadas. Aunque no existen recuentos metódicos, se estiman en unos mil los presos desaparecidos de esta manera.

En las semanas posteriores a la sublevación militar del 18 de julio de 1936, cientos de detenidos políticos de la provincia llenaron las prisiones improvisadas en Santa Cruz de Tenerife y La Laguna. Fue entonces cuando las autoridades franquistas habilitaron, como centro de reclusión, los almacenes de plátanos que la empresa Fyffes Limited tenía en la capital. Estos edificios estaban situados en las afueras de la ciudad, junto al colegio de las Asuncionistas y cerca de la Refinería de Petróleos.

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Camiones de la empresa Fyffes, hacia 1930. Fotografía de Teodoro Maisch. Fotos antiguas de Canarias

En Fyffes, apresados por falangistas, por soldados y policías a las órdenes de la rebelión militar, fueron concentrados los afiliados a organizaciones de izquierda. A principios de 1937 había unos 1.200 encarcelados en Fyffes y alrededor de 800 personas más detenidas en otras prisiones de Santa Cruz, La Laguna y La Orotava. Por la prisión pasaron más de 4.000 reclusos a lo largo de doce años y, en algunos momentos, llegó a reunir 1.500 presos, cuando, según quienes la conocieron, su capacidad debía estar sobre los 600 internos.

Fyffes era una compañía inglesa exportadora de frutas, que cedió sus almacenes para el encierro de republicanos. La cárcel se dividía en tres grandes espacios o “salones”, dos de ellos muy amplios y el tercero más reducido, que recibió el nombre del Guano, porque era el lugar donde la compañía frutera inglesa acumulaba los sacos de abonos químicos.

Al poco tiempo, a la cárcel se le adjuntó un patio de unos cien metros cuadrados, rodeado por una alambrada, donde se ubicaron los servicios y las duchas. En las tapias de aquella prisión improvisada se dispusieron también líneas de alambre de espino, alambre que fue donado por el representante en Tenerife de la naviera británica Elder, a la sazón cónsul de Suecia.

presos políticos

Presos canarios en Fyffes. Nación Canaria

Las cubiertas estaban formadas por planchas de cinc que, en verano, provocaban un calor asfixiante y, en invierno, convertían el interior en una estancia húmeda y fría. El suelo era de cemento. Las condiciones de vida en Fyffes eran duras. El hacinamiento era una de las características de la prisión. “No nos podíamos revolver dentro de aquellas paredes. No era posible caminar sin tropezarse con alguien, moverse sin molestar a algún compañero”. Son los testimonios de algunos de los prisioneros republicanos que sobrevivieron a Fyffes.

La alimentación era escasa y servida en mal estado, las raciones descritas como “bazofias” e “inmundicias”. Los presos intentaban compensar esta deficiente alimentación con los paquetes que les enviaban sus familiares. La falta de higiene saltaba a la vista: los evacuatorios y las duchas resultaban insuficientes para tantos presos y los suelos donde yacían los jergones estaban llenos de chinches.

La malnutrición y la carencia de higiene propiciaron peligrosas epidemias que diezmaron la prisión. Cuatro médicos eran incapaces de atender el gran número de afecciones de garganta, tifus y otras enfermedades estomacales e intestinales. También la tuberculosis era frecuente. Muchos internos fallecieron durante su periodo carcelario y decenas de supervivientes tienen, en sus expedientes, anotaciones que reseñan su paso por el Hospital de Santa Cruz de Tenerife o por el Dispensario Antituberculoso.

prisión de Fyffes

Salones de la prisión de Fyffes. El Isleño Valencia

Sin embargo, las escenas más angustiosas grabadas en las memorias de los reclusos fueron las deparadas por los sentenciados a la pena capital encerrados en la celda de los condenados y las provocadas por las rondas nocturnas en busca de prisioneros para ser ejecutados de forma clandestina. Especialmente dura fue la tragedia de veintiún jóvenes militantes de la CNT fusilados en masa el 23 de enero de 1937.

Las noches de todo aquel año constituyeron una auténtica locura exterminadora. Los militares y falangistas llegaban con listas de presos que eran sacados de allí y hechos desaparecer para siempre. La incertidumbre ante la posibilidad de que dijeran su nombre era, a juicio de los que lo recuerdan, la mayor tortura a la que puede ser sometida una persona.

Los dirigentes y afiliados de la izquierda que sobrevivieron a las desapariciones, a las condenas a la última pena y a los fallecimientos por enfermedades fueron sometidos a un duro castigo físico y psicológico que les mostraba los riesgos aparejados a la movilización política.

El encierro en Fyffes y en otros campos de concentración constituía un escarmiento, la enseñanza de que, una vez en libertad, si no se implicaban en acciones de oposición, el nuevo régimen les permitiría desarrollar su vida sin repetir una experiencia como la padecida en prisión.

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Monumento dedicado a los presos republicanos del almacén-prisión de Fyffes en Santa Cruz de Tenerife. Latinoamérica sin fronteras

La inscripción en los cursos de religión, la asistencia a misa, la obligación diaria de cantar himnos falangistas o la realización de labores en la cárcel preparaban para aceptar vivir bajo el nuevo orden franquista y, por tanto, se convertían en pequeños pasos hacia la libertad, pues eran requisitos previos para que el capellán de la prisión firmase el certificado de poseer “la cultura mínima religiosa” y para que la junta de disciplina del penal concediese la calificación de buena conducta.

Hasta 1943, se retuvieron aquellos presos políticos que, a juicio de las autoridades franquistas, habían cometido actos de gravedad o era arriesgado para el control social su reintegración a la localidad de origen.

Catorce años después de su creación, Fyffes dejó de ser una cárcel militar y pasó a ser un establecimiento penitenciario dependiente del cuerpo de prisiones.

Su misión, su espantosa misión, ya había sido cumplida.

Fuentes documentales

Bibliografía

CANTERO, Arturo. Mujeres canarias contra la represión. Centro de la Cultura Popular Canaria, La Laguna 1997.
GARCÍA, R. Proceso a la C.N.T. 19 fusilados el 23 de enero de 1937. Lágrimas y Rabia, Santa Cruz de Tenerife, 2007.
LÓPEZ, F. La represión franquista en las Islas Canarias, 1936-1950: Gubernativos, presos, fusilados y desaparecidos. Benchomo, Santa Cruz de Tenerife; Las Palmas de Gran Canaria, 2002.
RIAL, J.A. La prisión de Fyffes. Centro de la cultura Popular Canaria, La Laguna, 2003.

Revistas digitales

GONZÁLEZ, S. La prisión de Fyffes o la furia exterminadora. Revista Canarii, nº 4, julio 2007, Fundación Canaria 2021.

Prensa digital

La prisión de Fyffes. J.V. González. El día.es, 27-05-2007.

Webgrafía

Los alzados antifascistas canarios. Nación Canaria.
Jornadas contra el olvido: Homenaje en Fyffes. La Haine

Fuente: Fusilados de Torroellas

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