España | Canarias: Los campos de la muerte (II)

El campo de concentración del Lazareto de Gando

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Castelao, “Los muertos serán santos”, grabado perteneciente a la serie Atila en Galicia. GarciGuti

Entre 1936 y los primeros años 40, decenas de presos republicanos de distintas ideologías confinados en las cárceles de Gando (Gran Canaria) y Fyffes (Tenerife) sobrevivieron escribiendo en improvisados cuadernillos textos poéticos, cuentos, relatos, impresiones personales… Era su manera de abrir una brecha imaginaria en el muro que les aprisionaba, de imaginar un rayo de luz en una noche oscura e interminable.

El manuscrito de esos textos salió clandestinamente de Canarias a Venezuela. Hace apenas dos años que fue recuperado en un doble volumen antológico.

El campo de concentración de La Isleta se había convertido en un auténtico quebradero de cabeza para las autoridades militares. Para impedir la masificación, trasladaron presos a Tenerife, pero el deterioro era tan grande que decidieron suprimir el campo por uno más alejado de Las Palmas, con mayor capacidad y sobre todo más oculto a la población.

A partir de mediados de febrero de 1937, los aproximadamente 1.100 presos del campo de concentración de La Isleta fueron trasladados al Lazareto de Gando. Con toda probabilidad las razones del cambio de ubicación tuvieron que ver con la excesiva cercanía de La Isleta a un barrio obrero, desde donde las actividades y movimientos de los presos del campo estaban a la vista de los vecinos. Además, en diciembre de 1936 había habido un intento fracasado de asaltar el campo y liberar a los prisioneros.

Prisión fascista Lazareto de Gando

El Lazareto de Gando. Fotografía de Teodoro Maisch. Fotos antiguas de Canarias

Todo esto hizo ver a los militares golpistas el evidente peligro de tener un campo de concentración tan cerca de la ciudad. Los militares decidieron llevarse a los prisioneros a una zona más alejada y segura, donde el acceso y la visión del campo no fuese tan fácil.

Los presos fueron trasladados en camiones desde La Isleta hasta el muelle, en medio de grandes medidas de seguridad. Alrededor del campo se apostaron cientos de soldados y de falangistas armados. Las camionetas que transportaban a los presos iban escoltadas delante y detrás por coches desde los que les enfilaban docenas de fusiles. El trayecto estaba cubierto a un lado y otro de soldados y milicianos, que acordonaron el amplio sector portuario prohibiendo toda circulación de personas y vehículos hasta que hubo pasado el último camión.

Una vez en el muelle fueron embarcados en las bodegas de un pequeño barco -las fuentes no se ponen de acuerdo sobre si era el correíllo “Viera y Clavijo” o el “León y Castillo”- y llevados en una larga travesía que duró unas seis o siete horas hasta la bahía de Gando, al este de la isla de Gran Canaria.

viera y clavijo

Vapor “Vieira y Clavijo”, en el que fueron probablemente transportados los presos desde La Isleta a Gando. Compañía Trasmediterránea

La travesía se convirtió en una nueva tortura para los presos amontonados y mareados, minados por la incertidumbre y el miedo a lo que iba a ocurrirles.Como sardinas en lata en las bodegas y en las carboneras del barco, iban todos de pie. El calor y el sudor, unido a la escasa o nula ventilación, convirtió pronto aquellas mazmorras en un horno.

Llegados a la bahía de Gando, fueron desembarcados en chalupas y ubicados en el Lazareto. Construido a mitad del siglo XIX para internar a los tripulantes y pasajeros de barcos infecciosos, había sido abandonado y no se utilizaba hasta que estalló la guerra.

Sus pabellones se encontraban totalmente deteriorados, sin puertas ni ventanas, en plena ruina. En medio de un paisaje árido, de dunas de arena fina, destacaba en la lejanía con manchas blancas. Para algunos era como El Escorial en miniatura.

Los presos desde el primer momento tuvieron que dedicarse a la restauración y adecuación de los terrenos y de los diferentes pabellones que los albergarían. Uno de los primeros trabajos fue sacar la grandísima cantidad de arena que se había metido en el Lazareto. Los odiosos cabos de vara golpeaban repetidamente a los presos en esta dura tarea.

Lazareto de Gando

Plano de 1896 en el que pueden verse las distintas dependencias del Lazareto de Gando, el cual se construyó con la intención de tratar a los pasajeros y tripulantes de las embarcaciones que llegaran a las islas con cualquier tipo de enfermedad contagiosa, para así mantenerlos en cuarentena. WikiPedia

Los prisioneros ocuparon los cuatro pabellones designados como A, B, C y D y otro edificio alargado que fue utilizado como taller. En el patio central destacaba un enorme poste donde se colocó un gran foco para el alumbrado. El poste servía también como lugar de castigo a los presos: permanecían durante horas en él sin poder apoyarse, lo cual, dada la inclinación del terreno, era bastante duro por el esfuerzo que había que hacer para mantenerse erguido.

A pesar de todo, las condiciones del Lazareto fueron algo mejores que las del campo de La Isleta. Se habilitaron duchas colectivas y los presos tuvieron la posibilidad de bañarse. El trato no fue tan duro y las condiciones sanitarias mejoraron un poco. Aunque el hacinamiento, la pésima alimentación, las enfermedades y los parásitos seguían estando a la orden del día. Estos hechos, unidos a la inexistencia de una enfermería en buenas condiciones, fueron recogidos por los propios informes sanitarios franquistas.

Al poco tiempo del traslado desde La Isleta, se declaró una grave epidemia de fiebres tifoideas, probablemente como consecuencia del mal estado del agua, por lo que tuvieron que evacuar a unos 34 presos al hospital, falleciendo un número indeterminado de ellos. Se tuvo que vacunar a todos los presos aunque algunos tuvieron que procurarse la vacuna por parte de familiares.

Con el tiempo, los presos tendieron a agruparse por oficios: pintores, carpinteros, abogados, maestros… o por islas de procedencia. Los que tenían conocimientos se dedicaban a enseñar a los que no sabían leer y escribir, que eran muchos, puesto que la mayoría de los presos eran trabajadores las más de las veces analfabetos.

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Presos en el campo de concentración del Lazareto de Gando. TeldeActualidad

La presencia de algunos artistas e intelectuales dio lugar a que se convirtiera la prisión en una improvisada academia en la que se hablaba de muchos temas culturales. Se recordaban textos de Bécquer, Machado, Salinas, Lorca o Unamuno y se escribían en papel para pasarlos a otros. En ese ambiente se escribieron los textos de la antología citada realizados por presos en la que se alternan contenidos literarios y dibujos de muy variado calibre.

Una militante anarcosindicalista los sacó de Canarias en 1947, viajando clandestinamente en un barco italiano. Tras su fallecimiento en Venezuela, aparecieron los documentos entre sus papeles.

Escondidos y olvidados durante más de 50 años, aquellos poemas, dibujos y relatos fueron realizados por quienes, bajo unas durísimas condiciones de vida, y casi sin medios, no quisieron renunciar a la libertad del pensamiento, plasmando en esta excepcional obra sus ansias de vivir.

Aquellas Musas cautivas inspiraron un documento excepcional para la Memoria Histórica del pueblo canario.

Fuentes documentales

Bibliografía

VV.AA. Antología de Musas Cautivas. Centro de la Cultura Popular Canaria, Gran Canaria, 2007
AGRAMUNT, F. Arte y represión en la Guerra Civil española: artistas en checas, cárceles y campos de concentración. Generalitat Valenciana, Valencia, 2005.
MILLARES, S. y otros: “Movimiento obrero, resistencia y represión en la provincia de Las Palmas (1931-1939)”, en Estudios de Historia Social, nº 48/49, Madrid, 1989.
MOLINERO, C. y otros. Una inmensa prisión: los campos de concentración y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo. Crítica contrastes: Crítica, Barcelona, 2003.
NÚÑEZ, M. Los años del terror: la estrategia de dominio y represión del general Franco. Esfera de los Libros, Madrid, 2004.
RAMÍREZ, M. El Lazareto De Gando, 1893-1998: De Complejo Sanitario a Establecimiento Aeronáutico. FEDAC, Las Palmas, 2001.
RODRIGO, J. Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria. Siete Mares, Madrid, 2003.
RODRIGO, J. Cautivos: campos de concentración en la España franquista, 1936-1947. Crítica, Barcelona, 2005.

Revistas digitales

ORIHUELA, A. El campo de concentración de Gando.Revista Canarii, nº 4, julio 2007. Fundación Canaria 2021.
RODRIGO, J. Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco. Hispania Nova, Revista de historia contemporánea, vol. 6, Separata, 2006.

Material audiovisual

Canarias: Los campos de la muerte YouTube

Fuente: Fusilados de Torrellas

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