La disputa es por el Estado

Emir Sader
Sociólogo y analista político brasileño, es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas de la Universidade Estadual do Rio de Janeiro

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Desde que Ronald Reagan acuñó la fórmula “El Estado dejó de ser solución y se ha vuelto el problema”, no se ha dejado de agudizar la lucha por el Estado. Para minimizarlo o para hacer que siguiera asumiendo un rol activo en la economía y en la sociedad.

A partir de ese momento, el Estado se ha transformado en un tema central en el debate de ideas. Fue diabolizado, responsabilizado por la inflación, por la ineficiencia de los servicios públicos, por la corrupción, por el drenaje de recursos de las personas sacados vía impuestos, por todo lo negativo que pueda haber en la sociedad. Como contrapunto, se ha pasado a exaltar la empresa como todo lo que es dinámico, a los empresarios como los nuevos héroes de la economía, temas de biografías o autobiografías.

Es la forma que asumió la polarización público/mercantil en la era neoliberal. El Estado pasó  a ser víctima de las campañas en su contra, por su capacidad de regulación de la economía, por su poder de afirmar y garantizar derechos sociales de todos, por ser el sujeto de políticas externas soberanas, por tener el poder de personificar la nación y los proyectos nacionales.

Estado mínimo pasó a  significar mercado máximo o centralidad del mercado, que recuperaba su vieja calidad de “mejor distribuidor  de recursos”, mediante su mano invisible. La recuperación de la democracia liberal frente a la crisis del socialismo ayudaba a la recuperación del liberalismo económico, esa parejita que pretendía protagonizar el happy end del fin de la historia.

Los Estados latinoamericanos, en particular, fueron destrozados por la avalancha neoliberal. Empresas estratégicas pasaban,  en el lapso de una semana,  de ser patrimonio público en manos del Estado a producir ganancias en manos privadas, a menudo de empresas extranjeras. Derechos conquistados,  mediante duras y prolongadas luchas populares,  han sido abolidos de una penada. La dignidad nacional fue echada por la borda por las políticas de subordinación nacional a gobiernos y entidades financieras internacionales.

Del lado de algunos sectores del campo popular surgieron posiciones de rechazo del Estado, a favor de la “sociedad civil”, sumándose, en la práctica,  con las posiciones liberales en un frente anti-estatal. Posiciones que fueron perdiendo fuerza, hasta prácticamente volverse intranscendentes, dejando en manos de la derecha las posiciones contra el Estado.

Pero,  desde entonces,  el Estado ha recuperado prestigio, cuando gobiernos latinoamericanos lo han rescatado para desarrollar políticas sociales que han terminado por ser reivindicadas por los mismos candidatos de la derecha. Al mismo tiempo, hay consenso también de que la profunda y prolongada crisis económica en el centro del capitalismo fue producida por un mercado sin control. Tanto es así que la derecha no ha podido seguir alabando al mercado. Lo que hace es mantener la sistemática crítica del intervencionismo económico del Estado y de éste como fuente de corrupción.

La disputa por el Estado, para la izquierda, no es simplemente para rescatar el aparato de Estado tal cual él es. Es para fortalecer a las políticas sociales y a los bancos públicos, es para democratizar el sistema tributario, es para rescatar y fortalecer empresas estratégicas para la economía, es para afirmar proyecto nacionales, es para democratizar el proceso de formación de la opinión pública, es para apoyar políticas culturales de carácter pluralista, es para desarrollar un discurso democrático, púbico, popular, soberano.

Aun los que descalifican al Estado, quieren apropiarse de él, hacerlo trabajar en función de sus planteamientos y de los intereses de los que los apoyan. Tratan de que sea un Estado mínimo para las grandes capas populares y un Estado rentista para las minorías.

La disputa así no es simplemente por tener o no tener el Estado, sino por la naturaleza social y política que se le imprime. A favor de quiénes y de qué proyecto.

Fuente: Alainet

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