Argentina: Neoliberalismo criollo, monstruo grande que pisa fuerte

Mempo Giardinelli
Escritor y periodista

Hace unos 40 años el genial narrador guatemalteco Augusto Monterroso, avecindado en México y fallecido hace 14 años, acuñó una frase memorable que hoy, décadas después, es pertinente para la Argentina y muchos otros países: “En el mundo moderno los ricos son cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres, y los policías cada vez más numerosos”. Y brutales, podríamos agregar viendo el comportamiento de gendarmes y policías en Flores, Jujuy o Cushamen (Chubut) y también en autopistas, piquetes, fábricas cerradas, escuelas, ministerios y todos los puntos del país donde la protesta ciudadana hace frente al desastre político social que llevan adelante el aparato macrista-radical y el sistema periodístico que hoy gobiernan la Argentina.

Tal aparato y sistema son parte de un fenómeno mundial que es menester y urgencia develar didácticamente para contribuir al despertar popular. Porque se habla mucho y desde hace tiempo de “neoliberalismo”, pero más bien como si se nombrara a un cuco malo. De donde la pregunta es: ¿de qué hablamos cuando hablamos de neoliberalismo? Más allá de teorías macroeconómicas y de interpretaciones de ciencia política y ciencia social, ¿qué es exactamente?

No va a pretender esta columna definirlo, pero sí es posible y válido aportar ideas para reconocer al monstruo, y ayudar así a tantos compatriotas desprevenidos y/o estafados que lo votaron de buena fe y con ilusiones hoy pisoteadas. Porque el monstruo neoliberal –es parte de la explicación– además de grande y pisar fuerte es implacable y cada vez más parece fascista.

El que encabeza el Sr. Macri es un gobierno de ricos, claramente, pero es más que eso. Igual que lo vemos ya en los Estados Unidos con el Sr. Trump, y en otros países con otros chirolitas, ellos gobiernan comportándose como bandas mafiosas cuyo objetivo principal es arrasar con todo lo anterior, lo cual los convierte también en re(in)volucionarios. Su función no es otra que descalabrar y depredar porque no tienen ni reconocen más dios que el dinero, que es el centro de su universo mental. Practican una acumulación capitalista desenfrenada y para eso necesitan no respetar leyes ni reglas si éstas no sirven a sus intereses particulares y/o empresariales.

Se han venido preparando para ello. Han acumulado paciencia, racismo, odio y un inmenso poder concentrado, y la lógica de su ejercicio del poder –desde el Presidente del Mundo, que es siempre el que está en la Casa Blanca, hasta CEOS como Rex Stillerson o cualquiera de los que ahora abundan en Buenos Aires– es la lógica del desenfreno, porque el poder para ellos es hacer lo que se les antoja. Típico de dueños o gerentes negreros, ese desenfreno equivale a cagarse en el estado de derecho y en todas las reglas tradicionales del sistema liberal que los parió, pero al que ahora ellos mismos desprecian.

Esa soberbia y ese engolamiento al estilo Braun, Frigerio, Michetti, Garavano, Patricia Bullich, Morales y cuantimás, se empatan con las peores conductas antidemocráticas. Por eso los encarcelamientos sin debido proceso; por eso el desprecio y el atropello a los pueblos originarios; por eso acusan sin pruebas y condenan mediáticamente basados en presunciones de delincuentes y charlatanes. Y también por eso desprecian al Congreso y a los gobernadores, a casi todos los cuales manipulan como a gerentes zonales de empresas.

Estos tipos no se miden, no aceptan límites. Por eso modifican leyes y fuerzan interpretaciones, o directamente gobiernan por decreto. Por eso armaron una Corte Suprema amiga y sumisa, y alientan la depredación ambiental de mineras y sojeros mientras corrompen o amenazan a jueces sin vergüenza.

Esta es una revolución antisocial, contra los trabajadores, los obreros, los campesinos, los pobres, los jubilados, los científicos, los intelectuales, los pueblos originarios y también contra vastos sectores de las clases medias que los votan, y que, siempre, son las que primero y más fuerte chillan, pero después meten la pata, luego se arrepienten y se tornan progres, hasta que vuelven a pifiar y así siguiendo.

En consecuencia, el macrista-radical no es un gobierno democrático. Es, y ya lo ha escrito esta columna, por lo menos un gobierno pre-fascista. Umberto Eco sostenía que “el fascismo italiano no tenía una filosofía propia: tenía sólo una retórica”. Y estos tipos igual. Es un ejercicio recomendable releer las 14 lecciones de Eco sobre el asunto, para ver que se aplican casi todas a los ricachones y corruptos que hoy se han hecho de la Argentina por un fenomenal descuido democrático que nunca debió producirse y que ya está siendo facturado con dureza.

Espíritu conservador; desconfianza intelectual; temor y rechazo al extranjero; racismo indisimulable; aprovechamiento de la frustración social colectiva; las crisis económicas como recurso para acumular poder; paranoia y xenofobia; machismo y militarismo; desprecio y represión a los diferentes y en especial los homosexuales, son algunos de los rasgos del adn fascista. Además detestan la idea de una comunidad organizada y solidaria, a la que califican con desprecio de “populismo” y por eso los espanta todo líder de masas. Y su concepción republicana es de un Estado mínimo, tonto y manipulable al servicio de los negocios. No creen ni les interesa el patrimonio público.

Con esa retórica como ideología playita y convenenciera, trabajan sobre el miedo al caos que enturbia la razón de las clases medias, y en la oposición provocan y agitan la amenaza de crisis económicas devastadoras, hasta que ya en el poder ocultan y niegan las que ellos mismos desencadenan al beneficiar sólo a los ricos y destruir al Estado. Y es entonces cuando muestran su vocación por la violencia y la mano dura para someter protestas, montados sobre los temores y la ignorancia de vastos sectores

En manos de estos tipos está nuestro país. Hasta que los echemos a votazos.

Fuente: Página|12

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