La editorial Santillana convierte a Marx en un admirador del capitalismo

Aunque se trate de editoriales diferentes, solo caben dos posibilidades ante semejante barbaridad: o bien estas empresas se han puesto de acuerdo para prostituir la historia de la forma más canallesca posible, o bien los autores de “Lorca murió cerca de su pueblo” y “Machado se fue a Francia con su familia”, hacen horas extras para llenar de mierda el cerebro de los y las jóvenes estudiantes de este país.

Esto, esta cosa, esta aberración, no tiene nombre. Están reescribiendo el pasado sin el más mínimo pudor, y no solo lo están haciendo estas editoriales, Anaya y Santillana (Grupo Lagardère y Grupo Prisa respectivamente), sino muchas más. Y lo que es más grave: al menos en España lo hacen con el consentimiento de un Gobierno que o bien no cumple con su obligación de supervisión, o bien, y esto sería todavía más grave, sí lo hace y está satisfecho con los contenidos.

¿Alguien imagina la desorientación de los y las que en el futuro profundicen en estos contenidos? ¿Alguien imagina, si es que consiguen desaprender lo asimilado, lo complicado que les resultará enfrentarse a los conceptos primarios de esa mayoría que no profundizará? ¿Alguien imagina cómo será la cosmovisión de la sociedad del mañana?

Si alguien se siente tentado a matizar que el contenido dice algunas medias verdades descontextualizadas, que ni lo intente. Mejor que vuelva a leer el texto como si no supiera nada de Marx, y seguro que así acaba con la tentación.

cxjmpozxaaakwghMarx era de ‘Ciudadanos’, artículo de Juan Carlos Monedero

La caradura del modelo neoliberal cada día es más orwelliana. La “neolengua” de “1984” llega a los libros de texto, a los diccionarios de historia. Llenan el metro de Madrid de fotos de corruptos o fascistas presentándolos como padres de la patria, hacen morir a Lorca de muerte natural en Granada o mandan a Machado a morir a Francia en un viaje de placer con los suyos. Ahora, la editorial Santillana dice en un libro de Bachillerato que Marx fue un enamorado del capitalismo. Vamos, que si por él fuera le pondría un monumento. Se les ha olvidado eso de trabajadores del mundo uníos, aquello de que un fantasma recorre el mundo, y, por supuesto, lo de que el capitalismo engendra sus propios sepultureros, esto es, los trabajadores.Porque la historia, empieza el Manifiesto, es la historia de la lucha de clases. Porque Marx pensaba en términos históricos. Y no usaba la historia para justificar el presente. No hacía “neolengua”. Por eso lo seguimos leyendo hoy, con sus aciertos y sus errores.

Marx pensó la historia según las pautas de Hegel. La tesis genera en su seno la antítesis y esa contradicción se supera en la síntesis, un salto superior (la Aufhebung) que inaugura una tiempo donde el espíritu se ha desplegado. El capitalismo lucha contra el feudalismo superando esa etapa y abriendo nuevo caminos y también nuevos problemas. La política de precios baratos —la industria frente a la artesanía— derriba cualquier muralla china, dicen Marx y Engels en El manifiesto comunista. Pero antes han privatizado los bienes comunales, obligado a millones a proletarizarse, a vivir del salario que consigan. Que, dicen, suele estar en el límite de la subsistencia. Capitalismo y pobreza vienen de la mano. El desarrollo de la economía revienta las costuras de los acuerdos sociales y se alumbra una nueva etapa. Donde los que mandan intentan conservar sus privilegios. El burgués, que ejerció de progresista contra el señor feudal y el monarca absoluto, es una lacra contra el trabajador que exige que se le pague el fruto de su trabajo. El empobrecimiento dickensiano está en el Manifiesto. Por eso el comunismo daba miedo: porque recordaba que la gente pobre, en la revolución no tenía más que perder que sus cadenas.

Pero la editorial Santillana entiende que estas cosas no son relevantes. Habrá que leer el texto entero. Aunque ocurre como con las faltas de ortografía: cuando se repiten mucho al final no sabes si se escribe injerencia o injerencia. La editorial Santillana dice que el capitalismo excitaba a Marx. Será por eso que se gastó todo el dinero recibido por una herencia para comprar armas a los Comuneros de París de 1871.

Por envenenar el alma de los jóvenes hicieron beber cicuta a Sócrates. La editorial Santillana se forra por sus contactos con el poder y por escribir estas cosas. Lo de la cicuta es excesivo. Pero seguro que entre eso y no hacer nada… Luego nos llamarán enemigos de la libertad de expresión.

Con información de Iniciativa Debate y Diario Público

 

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