El Banco de Isabel II manejó paraísos fiscales de políticos

Leonardo Boix
Escritor y periodista

El banco personal de la reina Isabel II de Inglaterra, Coutts & Co, que es propiedad del Estado británico y que tiene su sede en Londres, proveyó de oscuros servicios ‘offshore’ a poderosos clientes corruptos, incluido un integrante de la familia real de Brunei acusado de robar miles de millones de dólares a su país, y un banquero condenado por ayudar a los hijos del depuesto presidente egipcio, Hosni Mubarak, en delitos financieros.

De acuerdo con los llamados ‘Papeles de Panamá’, Coutts & Co manejó las transacciones en paraísos fiscales del hermano menor del Sultán de Brunei, el príncipe Jefri Bolkiah, así como también del banquero de fondos de inversión Hassan Heikal.

Una serie de correos electrónicos secretos entre Coutts & Co y el despacho de abogados panameño Mossack Fonseca, dejó al descubierto las transacciones ilegales entre el banco británico y varios poderosos clientes corruptos.

Jefri, que entre 1986 y 1998 fue ministro de Finanzas de Brunei, fue sentenciado por una corte británica a pagar $ 15.000 millones que sacó de un fondo de riqueza soberana de su país, que él mismo presidía, en tanto que Heikal espera ser sentenciado tras ser acusado en 2012 por facilitar información privilegiada en transacciones financieras.

Ambos eran clientes de Coutts & Co en Jersey, un paraíso fiscal ubicado al sur de Inglaterra. Las compañías ‘offshore’ de los dos estaban activas hasta finales de 2015. Según los ‘Papeles de Panamá’, Jefri desvió miles de millones de dólares del fondo público ‘Brunei Investment Agency’ para adquirir hasta 500 propiedades exclusivas en el mundo, como también automóviles de lujo, cuadros de Renoir, Monet y Degas, cinco yates, y nueve aviones privados Boeing 747 especialmente diseñados para transportar a sus caballos de polo. Coutts & Co habría ayudado al príncipe a manejar sus finanzas a través de cuentas en compañías fantasmas con sede en las Islas Vírgenes británicas, un conocido paraíso fiscal en el Caribe.

Fuente: El Telégrafo

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