Las tesis del español Carrillo sobre la Gran Revolución Cultural de China

El siguiente texto ha sido extraído de la revista “Bandera Roja” (Órgano Central de la OMLE). Número Suplementario de 1972.

Nos dicen:

La Revolución Cultural es una revolución política en el seno de un sistema socialista“. Parece un buen comienzo. Lógicamente, cabría esperar que de ahí se seguiría el reconocimiento de la persistencia de la lucha de clases después de la toma del poder por la clase obrera, los intentos de la burguesía de reconquistar el poder, tantas veces prevenidos por Lenin, Stalin y Mao, y consecuencia de lo cual ha sido esta revolución en la superestructura. Nada de eso. A este comienzo relativamente bueno, Carrillo no duda oponer lo que llamaremos su primera tesis:

El carácter de la GRCP ha sido el de “una lucha entre los intereses de las grandes masas del pueblo y del desarrollo del socialismo, y las superestructuras creadas hasta entonces“. (pág. 11 del nº 68 de “Nuestra Bandera“, revista teórica y política del partido “comunista” de España).

Es decir, que las “superestructuras heredadas hasta entonces”, “en el seno de un país socialista” terminan oponiéndose al desarrollo del socialismo. Así nos explica Carrillo la causa de la GRCP.

Si tenemos en cuenta que las superestructuras (culturales, políticas e ideológicas) no son más que instituciones a través de las cuales se asegura el dominio de una clase sobre las demás, imponiendo las relaciones de producción y sociales que convienen a los intereses de esa clase, la tesis de Carrillo significaría que la clase obrera (la clase dominante de un país socialista) crearía superestructuras contrarias a sus propios intereses (lo que es un contrasentido) o bien que las superestructuras, de una manera misteriosa, se desarrollarían por sí mismas escapando al dominio de la clase obrera y oponiéndose a ésta. Tal es precisamente la concepción, burguesa de las leyes, el Estado, etc.., como cosas autónomas, que representan intereses abstractos, al margen de las clases y por encima y al margen de la lucha de clases, con lo cual, naturalmente, pudieran llegar a oponerse a la clase dominante. Hace tanto tiempo que Marx y Engels enviaron semejantes teorías al basurero de la ideología burguesa que se hace increíble oir tales sandeces a estas alturas.

Por otra parte, ¿cómo puede pretenderse que una clase sea dominante si los medios por los que ejerce su dominio no responden a sus intereses? ¿cómo puede pretenderse que una clase desarrolle superestructuras opuestas a sus intereses y, por tanto, favorables a los de sus enemigos?

Según el marxismo-leninismo, en las superestructuras se da, y de modo particularmente agudo tras la toma del poder por el proletariado, la lucha de clases. En esta lucha de clases es posible que la burguesía (representada por el revisionismo) se imponga en tales o cuales aspectos, o, incluso, tome el poder. Con lo cual, las superestructuras pueden llegar a ser dominadas por la burguesía (el revisionismo), lo que es todo lo contrario que decir que las superestructuras por sí mismas, pueden oponerse al socialismo.

En China, el revisionismo se había atrincherado en determinadas superestructuras, desde las que se proponía tomar el poder y dar marcha atrás en las conquistas logradas por el pueblo en todos los terrenos. Así ocurrió primero en Yugoslavia y posteriormente en la URSS y otros países.

En esto, los revisionistas han logrado imponer su línea, usurpar el poder del proletariado y conducir al país por la vía capitalista embarcándose al mismo tiempo, la URSS, en una política exterior socialimperialista. Las consecuencias han sido muy graves, habiendo debilitado mucho, si bien pasajeramente, al socialismo. Pero han hecho comprender también con claridad a los marxistas-leninistas el carácter de la lucha de clases después de la toma del poder por la clase obrera, han permitido sacar las experiencias que condujeron a la derrota revisionista en China por medio de la GRCP:

La sociedad socialista cubre una etapa histórica bastante larga. Durante esa etapa histórica del socialismo, aún existen clases, contradicciones de clase y lucha de clases; existen la lucha entre el camino socialista y el capitalista, y el peligro de restauración capitalista. Es preciso comprender lo largo y complicado de esta lucha, y elevar nuestra vigilancia.Es necesario realizar la educación socialista. De otro modo, un país socialista como el nuestro, se convertirá en su contrario, degenerará y se producirá la restauración“. (Importantes documentos sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria).

En cambio, si miramos la cuestión desde el punto de vista de Carrillo, la GRCP no podría considerarse, en el mejor de los casos, más que como una serie de medidas técnicas encaminadas a adaptar unas estructuras que podrían haberse quedado retrasadas (esto, si nos empeñamos en encontrar algún sentido material a la tesis de Carrillo). Pues bien, para resolver tal problema, ¿quién puede creer que pudiera hacer falta una revolución? Un semejante problema técnico, de darse, se podría resolver sin necesidad de revoluciones en el marco del Estado y del Partido de la clase obrera, con sólo aplicar medidas burocráticas. Carrillo finje aceptar la GRCP, pero en ningún momento se deduce de sus explicaciones la necesidad de la misma. Todo lo contrario. Y es que admitirla, realmente, significa reconocer el carácter de clase del revisionismo contemporáneo, de la dictadura del proletariado y de la lucha de clases en el socialismo. Las contradicciones en que cae esta gentuza, en su afán de combalachear con unos y otros, son constantes y mezquinas.

Cuando los revisionistas españoles sustituyen la lucha de clases en la superestructura por la autonomía de la superestructura respecto de las clases, están expresando una tesis burguesa. Al presentar la GRCP de esta forma están engañando al proletariado. Por lo demás, su segunda tesis es mucho más explícita todavía en este sentido.

Segunda tesis:

La lucha entre la línea de Mao Tse-tung y la de Liu Shao-chi se caracterizó porque la esencia de la primera consistía en que Mao, “fiel a sí mismo (¿?), representa una forma de socialismo adaptada a las realidades profundas de China“, (pág 11) mientras que la de Liu “parece evidente que consistía en aplicar a China formas y modelos de desarrollo utilizados en otros países socialistas“. (pág. 11 del nº 68 de “Nuestra Bandera“, revista teórica y política del partido “comunista” de España).

Carrillo una vez más, quiere transformar la lucha de clases en un asunto meramente técnico, en un problema de eficacia. Finje aceptar la GRCP y trata de demostrar al mismo tiempo que se trataba de algo innecesario.

Pero pasemos a analizar cómo enjuician nuestros viajeros cada una de las dos líneas más en detalle:

La línea de Mao -según Carrillo-, se caracterizó por: “desencadenar la (iniciativa) de las masas, porque en un país atrasado como China, no basta la iniciativa desde arriba“, “acudir fundamentalmente a los estimulantes de tipo ideológico como factor decisivo en el desarrollo” puesto que, “en un país…atrasado, poner el acento en los estímulos materiales, no podría ser un factor decisivo en el desarrollo“, ya que conduciría, en las condiciones de China “a un socialismo, podría decirse, “asiático”, con sus mandarines…” Se trataba, pues, de “mantener ese romanticismo revolucionario de las masas“, dando los dirigentes “ejemplo de sacrificio“.

He aquí la línea de Mao que nos presenta Carrillo. Pasemos por alto la manía de llamar socialismo a cualquier cosa, para tratar de desenmarañar el sentido de toda esta absurda palabrería. De la exposición anterior se deduce lo siguiente:

a) El problema fundamental de la GRCP (como ya nos lo había indicado antes con su historia de las superestructuras) ha sido el del “desarrollo”.

b) “Fomentar el entusiasmo de las masas” no es más que un medio (en este caso típico de países “atrasados”) para llegar al desarrollo.

c) La iniciativa de las masas tiene sentido en un país “atrasado”, en otros lugares debe de bastar “la iniciativa de arriba”.

d) Los estímulos materiales sólo son inconvenientes para “países atrasados”.

Los carrillos usan aquí, sin el menor rebozo, la terminología burguesa: “desarrollo”, “país atrasado”, etc., completamente desprovista de sentido de clase. Se trata de una terminología empleada particularmente por la ideología llamada “neocapitalista”, y con la que se pretende dar a entender que el desarrollo capitalista es el fin de la evolución de los pueblos. Para ellos, tal desarrollo viene marcado por la producción de automóviles, desodorantes y armas. “China -nos informa don Santiago en la página 4- no es un país desarrollado todavía, como lo son algunos países capitalistas de Occidente, o como lo son algunos otros países socialistas…” Para estos desvergonzados traidores, el desarrollo capitalista y el socialista son comparables:

Para los marxistas-Ieninistas en China se ha superado tanto la sociedad feudal como la capitalista; la explotación del hombre por el hombre, la anarquía en la producción, el “desarrollo” monstruoso, anárquico y opresor del capitalismo han dejado paso al desarrollo socialista libre y planificado. Por tanto, China no está más atrasada, sino mucho más adelantada que los países capitalistas más “desarrollados”. Ni siquiera en el aspecto meramente económico, la mayoría de los economistas burgueses serios pretenden compararlos en la forma burda en que lo hacen estos “comunistas científicos”. China ha iniciado un desarrollo con perspectivas infinitamente superiores a las del capitalismo, pese a contar de momento, en algunos aspectos, con menos medios materiales, herencia precisamente del “desarrollo” capitalista que el país sufrió antes de la revolución.

Carrillo intenta encubrir la lucha de clases como “lucha por el desarrollo”. Con su miserable desvergüenza, trata de convencernos de que esa ha sido la línea de Mao. ¿Qué diferencia existe entre la época en que atacaba abiertamente al pensamiento de Mao Tse-Tung y a la GRCP y ahora, en que atribuye a éstos teorías antimarxistas que no son producto más que de sus elucubraciones revisionistas? ¿no están Carrillo y compañía tratando de aprovechar la dificultad con que llega la información china a España para seguir engañando a las masas peor aún que antes?

En cuanto a la manera de “fomentar el desarrollo” que Carrillo atribuye a los comunistas chinos ¿no pone al descubierto el concepto abiertamente fascista que esta camarilla tiene de las masas? Veamos. Según Carrillo, al servicio de ese “desarrollo” se utiliza “el romanticismo revolucionario”, “el entusiasmo de las masas”, “los estimulantes de tipo ideológico”… Es decir, las mismas teorías que el nazi Goebbels. El entusiasmo de las masas en la lucha por su liberación no es para Carrillo más que un instrumento que se utilizao no, según aconsejen las circunstancias, para llegar al “desarrollo”. Un instrumento que convendrá usar en “países atrasados”, como China… mientras que en los “desarrollados” habrá que “poner el acento” en los “estímulos materiales”.

Por el contrario, para un comunista, el Partido debe despertar y mantener el entusiasmo y la iniciativa creadora de las masas en todo momento, pues ello no será más que una consecuencia de una línea correcta, que infunde en el pueblo decisión y coraje para edificar un mundo nuevo en el que ha de decidir por sí mismo, sin los de “arriba” sus propios destinos. De la misma manera, no es posible una línea correcta sin la iniciativa y el entusiasmo de las masas. Ambas cosas no son sino aspectos de lo mismo: de que el Partido ha de estar y ser una parte de las masas, pues de lo contrario, como señalaba Stalin, pierde toda su fuerza. Para un comunista, jamás basta la “iniciativa de arriba”, pues ésta, en última instancia, cuando es correcta, lo que hace es sintetizar científicamente y canalizar las iniciativas y necesidades de las masas.

La iniciativa y entusiasmo de las masas es fundamental, pues, en todos los países socialistas, es una base de actuación y un barómetro indicador de la corrección de un Partido Comunista, sea de un país “adelantado” o “atrasado”. Si el burocratismo y la política de falsedades y engaños ha suplido a la iniciativa de las masas en los países revisionistas, la práctica de la concepción fascista sobre las masas que tiene Carrillo y su banda la tenemos en las huelges de la construcción de Madrid: explotando el espontaneísmo y la indignación de los obreros, los revisionistas los conducen a huelgas destinadas de antemano al fracaso, sin organización que las respalde, incluso con el ofrecimiento a la oligarquía de su derrota en bandeja (duración limitada, etc.). Pero es que los carrillos “utilizan” aquí el entusiasmo de las masas, no para la defensa de los intereses de éstas, sino para el desarrollo… de sus pactos con la oligarquía.

Sobre los estímulos materiales, que Carrillo considera fundamentales para “su” desarrollo, por una vez nos dice una verdad, aunque sea a medias. En efecto, en los países dominados por el revisionismo, los estímulos materiales han sido una de las bases fundamentales para el desarrollo de la nueva burguesía. Por medio de dichos “estímulos” se fomenta el individualismo y el afán de lucro entre las masas, se anula la ideología de la clase obrera y la influencia de sus organizaciones, al paso que el papel de los directores y técnicos, máximos beneficiarios de tales “estímulos”, se hace en las fábricas y empresas lo único decisivo. Así se intenta dividir a los obreros, desarrollando entre ellos la ideología burguesa del enriquecimiento y la competición por conseguir los mejores puestos. Qué duda cabe que los estímulos materiales constituyen un pilar del desarrollo… revisionista.

Así nos presenta Carrillo su propia línea, asegurándonos con asquerosa desfachatez que es la de Mao Tse-tung. ¿Qué intereses de clase encubren la identificación del desarrollo burgués y desarrollo socialista, el concepto de las masas como un objetivo a utilizar según las conveniencias “de arriba”?: Los intereses de la oligarquía, naturalmente. ¿Qué otro fin pueden tener estas tergiversaciones que el de confundir a las masas y desmoralizarlas, presentándoles el desarrollo capitalista como el objetivo del socialismo, y encubriendo la traición socialimperialista?.

En cuanto a la línea de Liu Shao-chi, la presentación carrillista no es menos reveladora. Si la línea de Mao se caracterizó (siempre según nuestros turistas) por tener más en cuenta las “realidades profundas” chinas, y, por tanto, ser más eficaz cara al “desarrollo”, ahora resulta que la línea de Liu era una línea no menos socialista, aunque, probablemente, no tan eficaz: “Parece evidente que la línea de Liu Shao-chi consistía en aplicar a China formas y modelos de desarrollo utilizados en otros países socialistas“: Esto no es ningún pecado señores revisionistas. Todos los países que llegan al socialismo aprovechan las experiencias de los que le han precedido y aplican formas y modelos empleados en otros países socialistas. Esto es positivo. ¿Quiere decir Carrillo que Liu trataba de aplicarlos de manera, por así decir, mecánica? Si lo quiere decir, no lo dice, y en todo caso, es secundario.

Estas explicaciones revisionistas, lo que hacen es defender a Liu Shao-chi y atacar la línea marxista-leninista de Mao Tse-tung. En efecto, ¿alguien puede comprender que para solventar una simple cuestión técnica sea necesaria una revolución? ¿No es eso acusar a los comunistas chinos de haber emprendido una maniobra absolutamente subjetiva y desproporcionada? ¿no es acusarles de haber utilizado un pretexto cualquiera para desembarazarse de otros “socialistas”, es decir, de no llevar una línea marxista-leninista?

Como sin darse cuenta, Carrillo vuelve con su teoría de la simple lucha al añadir: “Es evidente que Liu Shao-chi, para aplicar esta línea, fue haciéndose paso a paso con el aparato del Partido y una gran parte del aparato del Estado“. En otras palabras, la culpa de Liu Shao-chi sería la de no haber respetado el centralismo democrático, conspirando para imponer su línea; una línea que “entrañaba el peligro de una marcha atrás, y del desarrollo de las fuerzas contrarrevolucionarias”. Pero Carrillo ni siquiera aclara si, en su opinión, rompió las normas del centralismo democrático ni de por qué pudo haberlo hecho, tratándose de imponer una línea empleada “en otros países socialistas”. Por otra parte, el peligro de una marcha atrás, del desarrollo de las fuerzas contrarrevolucionarias, está siempre ahí, mientras exista una aguda lucha de clases.

No, lo que Carrillo quiere ocultar es que “las formas o modelos” que Liu pretendía implantar en China eran revisionistas, no socialistas, y que por ello mismo empleó, consecuentemente, métodos antimarxistas, conspirando contra la dictadura del proletariado. No se viola el centralismo democrático para imponer una línea socialista, señor Carrillo. Lo mismo que Liu Shao-chi, usted ha sustituido el centralismo por el burocratismo, y la democracia por el liberalismo, con el fin de imponer los intereses de la burguesía. Por eso le cuesta tanto reconocer el significado de la política de Liu: porque es la misma que la de usted.

La línea de Liu, apoyada por el imperialismo y por sus correligionarios soviéticos, era una línea revisionista, socialimperialista y, por tanto, antiobrera y antirrevolucionaria. No entrañaba ningún peligro de marcha atrás: era el intento de marcha atrás. Un intento desesperado de la burguesía que se basaba en la usurpación del control del Partido y del Estado con el ejemplo y apoyo del socialimperialismo, en la burocratización de Partido, el abandono de las masas obreras y campesinas y la difusión de la cultura burguesa.

Tercera tesis:

El capitalismo ha sido liquidado en China“. (pág. 10 del nº 68 de “Nuestra Bandera“, revista teórica y política del partido “comunista” de España)

Confrontando esta necia y anticientífica afirmación con las palabras del propio Mao Tse-tung: “Según el punto de vista marxista-leninista, la victoria final en un país socialista no sólo requiere los esfuerzos de su propio proletariado y de sus amplias masas, sino que depende, además, del triunfo de la revolución mundial y de la abolición del sistema de explotación del hombre por el hombre en todo el globo terrestre, o sea, la emancipación de toda la humanidad. Por tanto, es erróneo, contrario al leninismo, y no corresponde a la verdad hablar a la ligera de la victoria final de la revolución en nuestro país“.

¿Qué pretende una vez más Carrillo con sus frases demagógicas?. Enmascarar el socialimperialismo y su propia traición.

Refiriéndose al Estado soviético, ya Lenin tuvo ocasión de señalar que “una nueva burguesía” surgía de “entre nuestros funcionarios soviéticos”, (Importantes documentos…). En el XIX Congreso del Partido de la URSS, en 1952, poco antes de la muerte de Stalin, se señaló ya la necesidad urgente de combatir los progresos de la ideología burguesa entre las capas de técnicos y funcionarios privilegiados.

Pero he aquí que, en su informe al XXI Congreso, el tristemente célebre Kruchev declaraba: “es natural que desde el momento en que el socialismo ha triunfado en nuestro país total y definitivamente… las condiciones que habían hecho necesaria la dictadura del proletariado han desaparecido“.

Después de ver a donde ha conducido la práctica revisionista de Kruchov al movimiento revolucionario mundial, podemos comprender claramente el significado de esta demagogia repugnante:

La GRCP ha sido sin duda una gran victoria del socialismo sobre el capitalismo, de la clase obrera sobre la burguesía, pero pretender que ésta ha sido liquidada es absurdo: no se trata de la victoria final. La experiencia de la URSS nos muestra claramente la posibilidad del retroceso: Aquí “los revisionistas en el poder convirtieron las esperanzas de restauración de la burguesía en tentativas de restauración, usurparon la dirección del Partido de Lenin y Stalin y mediante la “evolución pacífica” transformaron al primer Estado de la dictadura del proletariado en un tenebroso Estado fascista de dictadura burguesa“. (Importantes documentos..)

La afirmación de los revisionistas españoles tiene, pues, el objeto de ocultar las tentativas burguesas de recuperar el poder e imponer su dictadura a la clase obrera, el objeto de confundir y desarmar al proletariado en su lucha contra el capitalismo y por la revolución social.

Cuarta tesis:

Lenin y Engels habían advertido de la posibilidad de que se produjeran guerras y revoluciones entre Estados socialistas“.

Así tratan los carrillos de encontrar su último fundamento a la Revolución Cultural. “La verdad es que durante largos años, estas advertencias de Engels y Lenin habían pasado inadvertidas para nosotros“, recalcan. Estas increíbles monstruosidades merecen un examen a fondo.

Carrillo comienza identificando “revoluciones y guerras entre países socialistas”. ¿Dónde hablan Engels y Lenin de “guerras y revoluciones entre países socialistas”? , ¿qué son “revoluciones entre países socialistas”? Todos estos infundios repugnantes confirman lo que Lenin decía de Kautski: “para ocultar una falsedad necesita constantemente elevar nuevas mentiras“.

Carrillo haría sin duda un gran servicio a la burguesía descubriendo un Lenin y un Engels como antimarxistas. Pues de haber hablado en el sentido que les atribuyen estos indecentes traidores, estarían negando nada menos que el carácter de clase del Estado y de las guerras, y apoyando a Carrillo en sus estupideces sobre “la razón de Estado”.

Según el marxismo, el Estado es el principal instrumento de dominación de la clase en el poder, y las guerras son producto de las contradicciones de clase, de los intereses de las clases dominantes. El Estado capitalista representa los intereses de la burguesía, es decir, el mantenimiento de la explotación del hombre por el hombre y la opresión de unos pueblos por otros. De ahí que el Estado capitalista se halle embarcado constantemente en guerras contra aquellos que explota y que no se resignan a la explotación, así como en guerras de rapiña con otros estados con el fin de apoderarse de las riquezas de países más débiles y explotarlos.

Las guerras no tienen, pues, otro origen que los intereses de la burguesía o de otras clases, pero nunca de la clase obrera: “…Toda la historia de la humanidad ha sido una historia de lucha de clases entre explotadores y explotados, entre clases dominantes y clases oprimidas; que la historia de esas luchas de clases es una serie de evoluciones que ha alcanzado en el presente un grado tal de desarrollo que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse del yugo de la clase explotadora y dominante -la burguesía- sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a toda la sociedad de toda explotación, opresión, división en clases y lucha de clases“. (Engels: “Prefacio a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto Comunista“).

Así pues, las guerras tienen un carácter de clase. En toda guerra hay un agresor y un agredido,y hay, por consiguiente, guerras justas e injustas. Las guerras de agresión sólo pueden conducirlas las clases explotadoras (como la burguesía) en función de sus intereses de explotación y dominación. ¿Cuándo ha dicho Engels que sea intereses de la clase obrera la explotación y la opresión? El marxismo, al contrario, nos enseña que los intereses de la clase obrera se basan en el internacionalismo proletario y en la abolición de la explotación del hombre por el hombre. NO SON ENGELS NI LENIN, POR LO TANTO, QUIENES HABLAN DE LA POSIBILIDAD DE GUERRAS DE AGRESIÓN ENTRE PAÍSES SOCIALISTAS, SINO ESTOS INMUNDOS ESTAFADORES C/iRRILLISTAS. Ya hemos visto cómo atribuyen con todo descaro a Mao Tse-tung una línea que no tiene que ver con el marxismo-leninismo. Así ahora llegan al no-va-más de la mistificación; atribuyen a Lenin y Engels sus propias posturas socialimperialistas.

El atrevimiento al que han llegado estos estafadores del movimiento revolucionario en sus embustes es algo realmente increíble.

Con esta tesis, atribuida a Engels y Lenin, los carrillos intentan justificar su visión de la Revolución Cultural Proletaria y de las agresiones soviéticas a la RPCh y a otros países.

Ya hemos visto cómo Carrillo trata de ocultar la lucha de clases al “explicar” la Revolución Cultural presentándola, a su manera “tecnocrática”, como un problema, un problema de “desarrollo” en abstracto. Ahora intenta nada menos que identificar “guerras imperialistas y revoluciones”.

Veamos el aspecto bélico. Cuando se produce una guerra hay que reconocer, por pura lógica, un agresor y un agredido. Las agresiones no se producen “porque sí”, sino que, para un marxista, responden a intereses de clase. Cuando un país capitalista ataca a otro, tales intereses son claramente identificables como los intereses de explotación y opresión propios de la burguesía. Pero si un país socialista ataca a otro país socialista, ¿en nombre de qué intereses lo hará? ¿en nombre de los intereses del proletariado que, por definición, es la clase en el poder en un país socialista? Es decir, ¿en nombre de la abolición de la explotación y del internacionalismo proletario?. Esto es lo que nos pretende hacer creer Carrillo. Una vez más se trata de engañar, confundir y desmoralizar a las masas, cumpliendo lealmente su papel de agente de la burguesía. Como tales despropósitos no harían sino hacerles quedar en ridículo a unos lamentables cretinos como Carrillo y compañía de ser presentados como “aportaciones” propias, no vacilan en atribuirlas a Engels y Lenin, con la vana esperanza de hacer así mayor la confusión.

Al mismo tiempo Carrillo justifica el carácter socialimperialista del Estado actual de la URSS, que no aparece como lo que realmente es: “un tenebroso Estado fascista de dictadura burguesa” y agresor imperialista.

Con su desvergüenza habitual, los carrillos nos cuentan: “En las palabras de Lenin comentando a Engels está, quizás, la clave, aunque no desarrollada, de la explicación de este fenómeno (las guerras y revoluciones). Lenin, repitiendo a Engels, dice que “la revolución económica, lo económico… no salvará de por sí, ni directamente todas las dificultades“. ¿Será aquí donde justifican Lenin y Engels “las guerras entre Estados socialistas”? Imposible saberlo. Lo que sí es fácil es comprobar la desvirtuación de Carrillo: este pretende que estas palabras son descubrimientos nuevos del movimiento comunista, en las que antes no se había apenas parado nadie. Pero cualquier mediano conocedor del marxismo, sabe que Lenin, Stalin y Mao Tse-tung no se han cansado de repetir el peligro que representan para la dictadura del proletariado los restos de la ideología burguesa, de las costumbres, de los vicios burgueses. Este peligro se ha hecho realidad en la URSS y en otros países, incluso después de haber eliminado las relaciones de producción capitalistas. Todo esto que Carrillo trata de presentar como nuevo desvirtuando su sentido, es lo más elemental del marxismo. ¿Contra qué se figura Carrillo que se ejerce la dictadura del proletariado sino contra estos restos? La sociedad socialista, “presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral, en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede“. (Marx. “Crítica al programa de Gotha“).

Solo que Carrillo, le da a esta preocupación constante del movimiento comunista un sello “nuevo”, al eliminar su fondo: el fondo de la lucha de clases. Así, según él la frase de Lenin quiere decir que, “a las estructuras económicas socialistas pueden superponerse, en un determinado estadio, superestructuras políticas, culturales, que no corresponden a las necesidades de un desarrollo pleno del socialismo“. Esta sarta de sandeces se repite al enjuiciar la Revolución, y ya ha sido examinada. Observaremos cómo Carrillo evita la cuestión real: que la burguesía trata de hacerse con el poder en las superestructuras políticas y culturales para desde ahí dar marcha atrás también en el terreno económico. Desprovisto de análisis de clase, el “marxismo-creador” del señor Carrillo se reduce a un absurdo según el cuál, la clase obrera desarrolla instrumentos de dominación (no otra cosa son las superestructuras) contra su propia dictadura, y debe sacarse de algún sitio una revolución, de vez en cuando, para volver las rebeldes superestructuras a su lugar. Esta es la misma concepción del fascismo respecto a la lucha de clases.

Quinta tesis:

En la GRCP ha habido aspectos “caóticos” que han sido uno de los principales factores que han contribuido a “dar al mundo” la imagen de la GRCP“.

Ya hemos visto que la imagen de la Revolución Cultural Proletaria que ha venido dando Carrillo al pueblo español, es la imagen inventada por el imperialismo. Si antes se encubría en “la información que poseíamos”, olvidándose de que era precisamente la información que ellos habían escogido y a la que habían dado crédito y difundido, es decir, la información imperialista, ahora pretenden escudarse en el “caos”, de la GRCP.

Pero ese “caos” tampoco le servirá al señor Carrillo, pues es un caos de muy clara significación.

Como en toda revolución, a la superficie han surgido… al lado de las fuerzas revolucionarias sanas… la escoria de la sociedad… Durante la Revolución Cultural se manifestaron fuerzas que tenían una orientación contrarrevolucionaria ya que tomaron, en general, posturas ultraizquierdistas”. “El Ejército ha intervenido… como un elemento… estabilizador“. (págs.13-14).

En estas palabras de Carrillo y cia. se reflejan de manera clara sus concepciones sobre la revolución. En primer lugar, el terror burgués al “caos”. La burguesía siempre ha presentado la Revolución como un caos en el que el orden, la jerarquía, los valores, se hunden. Y en efecto, así es: en una revolución proletaria desaparecen el orden, la jerarquía y los valores burgueses para ser sustituidos por los proletaríos. En una revolución, todo el mundo se ve abocado a defender sus intereses de clase, estos se ponen de manifiesto, por lo que no es de extrañar que salga a la superficie “la escoria de la sociedad” como saldrán en su día los Carrillos y similares. Si sólo surgiesen las gentes revolucionarias sanas, es evidente que no podría haber lucha ni, por tanto, revolución.

En segundo lugar, el papel “estabilizador” del Ejército. Otra concepción burguesa que Carrillo nos quiere colar como quien no quiere la cosa: el papel estabilizador del Ejército.

Según el marxismo leninismo, el ejército es el brazo armado de la clase en el poder, el soporte fundamental de su dominación, y no puede por tanto ejercer un papel “moderador” en la lucha de clases, sino que forzosamente servirá a la clase dominante. Otra vez Carrillo trata de ocultar el carácter de lucha de clases de la GRCP, ahora valiéndose del Ejército.

Pero esta concepción del Ejército no es tampoco nueva en los carrillos. En su folleto de “formación política”: “Por un acercamiento entre el pueblo y el Ejército” los despropósitos de este tipo alcanzan un grado de desvergüenza realmente impresionante. En él presentan al Ejército (como ya el título indica) como una entidad al margen de la lucha de clases, y si se enfrentó al pueblo en el 36 fué debido a los manejos de la oligarquía. Se diría, leyéndolo, que habrían engañado a los pobrecitos generales, oficiales, etc, al presentarse como defensores del pueblo, por quien tanta estima siente, según es sabido la casta militar.

El pueblo -dicen en este folleto- no está contra las fuerzas armadas nacionales, ni quiere verse enfrentado a ellas como sucedió en los años 36-39“. Perdón, señor Carrillo, el pueblo está enfrentado a las fuerzas armadas que usted llama nacionales desde el 36. “Nacionales” es como las llama la burguesía y sus lacayos, entre los que usted se cuenta, pero para nosotros, para los comunistas, para los obreros y para el pueblo, cuyos intereses fueron pisoteados precisamente por medio de dichas fuerzas armadas, éstas no son “Nacionales” sino fascistas, y las llamamos fascistas por que son el principal instrumento de opresión del gran capital en España.

El Ejército no puede ser instrumento de opresión, arbitrariamente utilizado contra la voluntad de la mayoría de los españoles; no debe ser una fuerza de policía…” El Ejército, señor Carrillo, es precisamente eso, un instrumento de opresión y dominación de la clase en el poder, como Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Tse-tung nos han enseñado. Y nuestro ejército, el ejército rojo, no será sino un instrumento por medio del cual impondremos a la burguesía nuestra dominación, por medio del cual defenderemos nuestras conquistas y oprimiremos a los explotadores. Ni más ni menos, señor “comunista” Carrillo.

Pero sigamos con las historias de estos caballeros acerca de la Revolución Cultural. Carrillo se refiere a “las fuerzas ultraizquierdistas” que se manifestaron “junto a las revolucionarias”, tergiversando el carácter de la lucha contra los agentas de la burguesía que caracterizó la GRCP. Veamos cual fué el carácter de estos ultraizquierdistas en la lucha de clases explicada por los propios chinos, tan incapaces de informar a “Occidente”: “Después de la caída de Liu Shao-chi, su camarilla revisionista y sus agentes en diversos lugares cambiando una y otra vez de táctica, lanzaron la consigna de “sospechar de todo”,”derribarlo todo”, consigna de izquierda en la forma y derechista en la esencia, con el vano intento de continuar atacando a muchos para proteger a un puñado: a sí mismos“. Más adelante. “Los repetidos zig-zags y reveses en el movimiento revolucionario hicieron comprender mejor a las grandes masas la importancia del Poder. Liu Shao-chi y su banda pudieron perpetrar fechorías principalmente porque habían usurpado el poder del proletariado en muchas actividades y lugares. Allí las masas eran reprimidas principalmente porque el poder no estaba en manos del proletariado“. (Informe de Lin Piao al IX Congreso)

De la misma manera, en los lugares en que tiene fuerza el revisionismo, la clase obrera es reprimida, engañada y llevada al desastre mediante provocaciones al servicio inmediato de las alianzas con la oligarquia, y mediante la ocultación del verdadero carácter de clase de los sindicatos fascistas, de la Iglesia, la policía, el ejército y demás instituciones de dominación del capital.

Sexta tesis:

La Revolución Cultural es un fenómeno exclusivamente chino: “Y es que la Revolución Cultural es un asunto interno que ellos no tratan de imponer a nadie, lo que les lleva a sorprenderse de que otros critiquen y combatan tanto su Revolución Cultural“.

Como de costumbre, Carrillo no vacila en poner en boca de los propios “camaradas chinos” estas frases, sobre las que “nos insistieron mucho”.

Ahora bien, ¿cómo consideran los chinos su Revolución Cultural? “La presente Gran Revolución Cultural Proletaria es completamente necesaria y muy oportuna para consolidar la dictadura del proletariado, prevenir la restauración del capitalismo y construir el socialismo” (Mao Tse-tung: Importantes documentos… pág. 3). “El Presidente Mao ha sostenido una lucha de medida por medida contra el revisionismo contemporáneo, cuyo centro es la camarilla de renegados soviéticos…ha hecho un balance completo de la experiencia histórica de la dictadura del proletariado en sus aspectos tanto negativos como positivos, y ha formulado la teoría sobre la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado para prevenir la restauración del capitalismo“. (Informe al IX Congreso).

La Revolución Cultural Proletaria es, pues, resultado de la experiencia histórica de la dictadura del proletariado. La dictadura del proletariado se ejerce precisamente para preparar el camino al comunismo, luchando contra las tentativas burguesas de restauración del capitalismo. La experiencia histórica de que nos hablan los chinos nos muestra cómo en los países dominados por el revisionismo, la dictadura del proletariado se ha transformado en dictadura de la burguesía, y como en China se estaba en camino de llegar a tal situación. La Revolución Cultural, por tanto, parte de UNA SITUACIÓN DE CRISIS DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN TODO EL MUNDO, PROVOCADA POR EL REVISIONISMO, y, tras un análisis científico de la misma, eleva la lucha contra la restauración capitalista a un nivel superior, hecho necesario por esa crisis mundial y su reflejo en China.

Por tanto, siendo el carácter de la GRCP el de la lucha contra el revisionismo y siendo esta dirección burguesa la que ha roto la unidad del movimiento revolucionario mundial, que ha usurpado el poder en varios países socialistas e introducido por un tiempo la confusión, la desmoralización y la duda en las masas obreras y en los revolucionarios de todo el mundo, tiene gran importancia para todos los revolucionarios del mundo.

Por medio de la lucha revolucionaria contra el revisionismo, el pueblo chino, dirigido por el pensamiento de Mao Tse-Tung marxismo-leninismo de nuestra época, ha reconocido a sus amigos y a sus enemigos, desarrollando su comprensión política, aprendiendo en la práctica a luchar contra el liberalismo, el burocratismo y todos los vicios contrarrevolucionarios en que se apoyaba y fomentaba la camarilla de Liu Shao-chi, ha desarrollado su iniciativa revolucionaria en todos los campos, fortaleciendo enormemente la dictadura del proletariado y frenando en seco los avances del revisionismo en China y el resto del mundo. Con ello ha dado un gran ejemplo a los revolucionarios de todo el mundo, asegurando la retaguardia y permitiendo el paso a la contraofensiva a nivel mundial. La Revolución Cultural no ha sido importante sólo para China, sino para el proletariado del mundo entero. De ella sacan importantes lecciones todos los verdaderos revolucionarios y marxistas-leninistas.

En cambio, Carrillo trata de limitar sus “peligrosas” consecuencias a China. ¿Qué diferencia hay entre estas posturas y la adoptada por la burguesía cuando, al verse obligada a reconocer los grandes triunfos conseguidos por el socialismo chino, dicen: “Sí, eso está bien para ellos, pero para nuestra mentalidad no serviría“.

Al mismo tiempo conviene señalar que es muy posible, en efecto, que los camaradas chinos hayan dicho a Carrillo lo que éste pretende. Pero vayamos por partes: los chinos ni se sorprenden ni se quejan de que “otros” combatan su Revolución Cultural. Estos otros son, naturalmente, los enemigos de la clase obrera. No se puede esperar de ellos otra actitud. En cuanto a la crítica comunista, los chinos han demostrado estar abiertos a ella en todo momento.

Lo que sí exigen los chinos de las potencias y grupos capitalistas, es la no intromisión en los asuntos internos, de acuerdo con la coexistencia pacífica. Y es evidente que estos turistas pertenecen a la categoría de grupo burgués (que no en vano representan los intereses de la oligarquía en la clase obrera) que se entrometen en los asuntos internos de China y, por consiguiente, todo lo que se les pide es que no se entrometan.

Los mismos carrillos no tienen más remedio que confesarlo cuando dicen: “los camaradas chinos, después de escucharnos durante una semana, no han hecho ningún juicio sobre nuestra política. De la misma manera no nos han pedido en ningún momento juicio sobre la suya“. Carrillo trata de presentar esto como relaciones leninistas entre partidos revolucionarios. Creemos que ni merece la pena comentarlo.

Fuente: Cultura proletaria

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