Otro caso de complicidad de Amnistía Internacional con los yihadistas

El apoyo a los yihadistas vuelve a poner en la picota el papel de las ONG como correas de transmisión del imperialismo. Hasta 2012 Amnistía Internacional se destacó por sus campañas de defensa de Ussama Atar, un yihadista belga detenido en Irak. Una vez logrado su objetivo, Atar está hoy perseguido por la policía antiterrorista belga como dirigente del Califato Islámico.

Ahora la presión se ha vuelto contra la ONG, que ayer tuvo que difundir un comunicado para justificar su campaña favorable al yihadista. Dice que sólo criticó las condiciones de detención de Atar y su estado de salud, pero que nunca pidió su liberación. Las fotografías de la época, los carteles y las manifestaciones, convocadas junto con el Partido Socialista belga, el Ecologista y el CDH, dicen todo lo contrario.

Atar tiene 32 años y es primo de los hermanos Bakraui, autores de los atentados cometidos en marzo en Bruselas. Se trasladó a la región fronteriza entre Irak y Siria en 2002, cuando tenía 18 años y los irakíes le encarcelaron hasta 2012. Ahora es “el hombre más buscado de Bélgica”. La policía le acusa de ser el instigador de los crímenes cometidos por sus primos.

En el comunicado de ayer, Amnistía Internacional afirma que pidió al gobierno de Irak que tomara las medidas necesarias para atender en la cárcel a Atar, dado su estado de salud. Naturalmente el comunicado repite los tópicos rituales sobre la condena de toda clase de violencia, sobre todo si es “ciega” (casi tan “ciega” como la misma justicia).

No hay más “ciego” que el que no quiere ver. Amnistía Internacional, determinados partidos parlamentarios y el gobierno belga lograron que Irak liberara a Atar por razones de salud. Ahora quieren volver a meterle en la cárcel.

Cuando Amnistía Internacional inició la campaña ya era sabido que Atar era un dirigente del Califato Islámico y que había estado en prisión junto a su máximo dirigente Abu Bakr Al-Bagdadi.

Este tipo de acciones por parte de Amnistía Internacional no son ninguna casualidad. Ya ocurrió lo mismo con la campaña iniciada para obtener la liberación del checheno Ahmed Chataiev, a fin de luego pudiera cometer el mortífero atentado de Estambul el 29 de junio de este año. Ya lo denunciamos en este artículo, en el que también aparecía involucrada la misma ONG:

Terroristas que son demócratas contra demócratas que son terroristas
http://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com.es/2016/07/terroristas-que-son-democratas-contra.html

El apuro de los socialistas, ecologistas y demás partidos parlamentarios que participaron en la campaña no es menor que el de la ONG. Ya es extraño que ese tipo de ONG y partidos se preocupen de los presos y, sobre todo, de aquellos que cumplen su condena en Irak. ¿Sería Atar uno de esos presos “de conciencia” por los que se preocupa Amnistía Internacional?, ¿por qué no busca presos “de conciencia” también en cárceles un poco más cercanas, como las españolas?, ¿no hay presos enfermos en España?

No es muy habitual que digamos. Uno de los dirigentes ecologistas, el diputado Zoé Genot, se puso ayer a balbucear a los medios de su país: “Yo no sabía…” Es evidente que no tenía ni idea, ni de Atar ni de nada. Pero, ¿por qué no se quedarán en su casa? Los peores cómplices son siempre los más tontos.

Para el gobierno belga la cosa es más peliaguda: fueron ellos los que trasladaron a Atar desde una cárcel en Irak hasta la misma Bruselas, donde se cometieron los atentados de marzo. Se lo pusieron en bandeja. Naturalmente que el gobierno tampoco sabía nada de nada… ni quiere saber.

El apoyo a los yihadistas vuelve a poner en la picota el papel de las ONG como correas de transmisión del imperialismo. Hasta 2012 Amnistía Internacional se destacó por sus campañas de defensa de Ussama Atar, un yihadista belga detenido en Irak. Una vez logrado su objetivo, Atar está hoy perseguido por la policía antiterrorista belga como dirigente del Califato Islámico.

Los presos ‘de conciencia’ que defiende Amnistía Internacional resultan ser… yihadistas

Fuente: Movimiento Político de Resistencia

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