Matrices y mitos mediáticos

Miguel Guglianone

Uno de los graves problemas de nuestros tiempos está centrado en el papel de los medios de comunicación de masas en la sociedad actual, que se han constituido en herramientas de los poderes establecidos para mantener la dominación sobre grandes grupos humanos.

El sistema en que los medios generan dominación se apoya en lo que podemos llamar “hegemonía mediática”. Siete grandes corporaciones transnacionales generan hoy entre el 80%  y el 90% de toda la “información” que despliegan y manejan los medios de comunicación en todo el mundo. Estas corporaciones que aparentemente serían competidoras, en realidad están hermanadas por objetivos e intereses comunes. Comparten no solo criterios y métodos, sino también formatos informativos y están íntimamente relacionadas entre ellas a nivel corporativo. Y a diferencia de lo que pareciera, no son corporaciones especializadas. Cuando se las investiga, cada una de ellas muestra vínculos con los demás sectores corporativos. Un ejemplo es la Casa Disney, que aparenta ser una corporación de comunicación y entretenimiento, pero que tiene intereses directos entre otros en fábricas de armas, de productos de consumo y en transnacionales petroleras. Cuando esa hegemonía realiza su sistemática y cotidiana repetición, no solo de información sino además de opiniones, creencias, hábitos y valores, va generando una visión del mundo o cosmovisión (Weltanschauung, dirían los filósofos alemanes) que imponen a nivel global.

La Guerra de Cuarta Generación

Este proceso de conquista de las almas, las emociones y los pensamientos de las gentes es tan concreto, que los propios teóricos de los poderes centrales lo han considerado como una nueva cara de la guerra global (en la cual están empeñados esos países, sobre todo los EEUU). En 1989 especialistas del Ejército y la Infantería de Marina de los EEUU en el Pentágono emitieron un documento  que llamaron “El rostro cambiante de la guerra, hacia la cuarta generación”. Dos años después el profesor Martín Van Creved de la Universidad Hebrea de Jerusalén, complementó el modelo teórico en un libro llamado “La transformación de la guerra”. En la Guerra de Cuarta Generación “Las tácticas y estrategias militares son sustituidas por tácticas y estrategias de control social, mediante la manipulación informativa y la acción psicológica orientada a direccionar la conducta social masiva. Los blancos ya no son físicos, sino psicológicos y sociales. El objetivo no apunta a la destrucción de elementos materiales e infraestructuras, sino al control de cerebro humano… Las grandes unidades y equipos militares son sustituidos por un gran aparato mediático compuesto por las grandes cadenas y estudios de prensa, radio y televisión.  Las consignas e imágenes sustituyen a las bombas, misiles y proyectiles….”

La realidad virtual

Para lograr esta conquista a nivel psicológico y emocional, uno de los recursos que la hegemonía mediática emplea es no solo la manipulación interesada de la información (que ella mismo genera), sino la creación de un discurso coherente que implica además de los elementos informativos, también aquellos que tienen que ver con creencias, saberes, conocimiento, valores y pautas de conducta social. El objetivo que logran es generar a través de los medios, una “realidad” que no es real, sino producto de la producción mediática (que llamamos “realidad virtual”). Este es un proceso de alta complejidad, que no solo se realiza a través del uso de tecnologías de última generación, sino que implica una planificación y producción altamente tecnificada. Un famoso ejemplo entre muchos otros de creación de realidad virtual fue la invasión realizada por los EEUU a Somalia en 1992, cuyo desembarco fuera grabado por CNN como una producción de Hollywood, y que tal como en una de ellas tuvo que repetir el movimiento de las tropas, porque un súbito cambio de clima alteró las condiciones de iluminación y estropeó las primeras tomas.

Matrices y mitos mediáticos

Uno de los principales elementos para poder crear esa realidad virtual es la elaboración de matrices y mitos por parte de los “creadores” de la comunicación hegemónica. ¿A que nos referimos con esto? A que se elaboran como “verdades” informaciones, conceptos, opiniones e ideas que se presentan como realidades, y que se convierten en ellas a través de la repetición sistemática. Se usa el principio que “Una mentira mil veces repetida se transforma en una verdad” (frase atribuida a Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen hitleriano de la Alemania nazi, pero que en realidad nunca pronunció, aunque sí sentó sus principios). Se crean así “matrices de opinión” que se presentan como verdades evidentes (se dice, los expertos dicen, el mundo sabe, etc.). Ellas van a determinar los conceptos y juicios que los receptores desprevenidos usarán para “entender” el mundo que le presentan los medios corporativos. Complementan las matrices conceptos más puntuales, los “mitos mediáticos”, que también se comunican como verdades evidentes.

Algunos ejemplos

Vamos a analizar a vuelo de pájaro algunos ejemplos para hacer más clara su existencia y su uso y mostrar como algunas de las ideas y conceptos que representan se concatenan para formar una especie de red que en gran medida define una realidad virtual.

•             La “Comunidad Internacional” Según las cadenas de medios, el mundo en que vivimos está organizado coherentemente en una Comunidad Internacional que incluye a la mayor parte de los estados del mundo. Su opinión sería por supuesto la de la Humanidad en su conjunto. Esto permite le permite determinar quienes están dentro de sus criterios y quienes están afuera. Este abstracto organismo tiene el poder de representar la opinión mundial. Aunque ella sólo se expresa a través de los medios de comunicación, dónde desde los informativos hasta los “expertos” se erigen como sus voceros autorizados. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) sería el organismo seno de esta Comunidad. Todo esto es falso. No existe una Comunidad Internacional organizada. La ONU es una organización manejada realmente por su Consejo de Seguridad, dónde cinco naciones (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia y China) solamente tienen poder de veto. No pueden tomarse decisiones internacionales si esas cinco naciones no están de absoluto acuerdo. La Asamblea General de la ONU que reúne a más de 190 países, y que sería realmente quien representaría esa comunidad, no tiene ningún poder real sobre lo que sucede en el mundo. Sus resoluciones son meramente declarativas, y no se cumplen si no interesa a los países centrales (Recuérdese las múltiples resoluciones sobre Israel y Palestina, o sobre el bloqueo que hace más de medio siglo EEUU mantiene sobre Cuba, y etc., etc.). La verdad de este mito mediático es que la famosa Comunidad Internacional no responde más que a las necesidades y a los intereses de los EEUU y sus países adláteres (Europa, Japón y algunos más). Sirve para justificar realmente las necesidades de la política exterior de los Estados Unidos.

•             Los “Derechos Humanos” Se supone que la sociedad actual está regida por ciertos principios comunes, que comienzan por el respeto a los Derechos Humanos. Los Derechos Humanos son una idea surgida en la Europa del siglo XVIII en la Revolución Francesa, y existe una Declaración de los Derechos Humanos de la ONU realizada apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial. En nombre de los derechos humanos se interviene política, económica o militarmente en aquellos países o Estados que se dice “no los respetan o los violan”. Esto también es falso, los Derechos Humanos no pasan de ser una declaración o una aspiración que en los hechos no tiene peso real. La verdad es que no se respetan en la mayoría de los lugares del planeta. Aún aquellos Estados que tienen una legislación expresa para defenderlos, permiten que los gobiernos los violen cuando existen “Razones de Estado”. La verdad es que los principales países que “defienden e imponen” los derechos humanos, son quienes en realidad no los cumplen. Baste recordar como ejemplos que en los propios EEUU sigue vigente (aunque poco se hable de ella) la Ley Patriot, que viola expresamente con el pretexto del terrorismo, todos los derechos humanos de sus ciudadanos; o que la Cárcel de Guantánamo y las demás prisiones secretas de la CIA tienen institucionalizada la tortura. O que aún la respetable España, en nombre de “la ley” impide a sus ciudadanos ejercer su derecho a expresar colectivamente su opinión. Estos son solo algunas muestras de una interminable lista que prueba la no vigencia de los tan mentados Derechos Humanos y la falsedad de su mito.

•             La “Democracia” También se supone que la mejor forma de gobierno, a la que toda la Humanidad debería acceder es La Democracia, así con mayúsculas según los medios. En su nombre se tumban gobiernos, se hacen guerras, se desestabilizan países y se intervienen otros, para imponer “la democracia que los pueblos reclaman”. La verdad es que la democracia a la que se refieren es una versión actual de la democracia liberal de partidos que fue inventada también en la Revolución Francesa. El sistema de gobierno de la “libertad, igualdad, fraternidad” y “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” se ha convertido en el monopolio de una clase política, que en general solo permite la consulta electoral cada cierto tiempo de los candidatos que ella misma elige, y que por ejemplo hoy en Europa ha impuesto el más crudo sistema neoliberal beneficiario de los grandes capitales financieros que está acabando con todas las conquistas sociales logradas durante más de un siglo y medio de luchas sindicales y políticas. En los propios Estados Unidos, que se supone la “gran democracia del Norte”, los ciudadanos tienen casi nulo poder de decisión sobre la elección de sus mandatarios. Un bipartidismo cerrado impone sus candidatos producto del equilibrio de fuerzas de capitales y grupos de poder internos, como única opción de participación popular cada cuatro años. Con el tiempo, sus candidatos constituyen una dosis de lo mismo. La mejor prueba es que los gobiernos del demócrata Obama han ido más allá en la violación de todos los acuerdos y legislaciones internacionales (y haciendo guerras) que los del Republicano (y supuestamente más de derecha) George W. Bush. Este mito se hace tan fuerte, que se pretende imponer un sistema moderno inventado en Occidente, a culturas mucho más antiguas a las cuales el sistema les es absolutamente ajeno.

•             La “Demonización” Otro de los sistemas de matrices que utiliza sistemáticamente la hegemonía mediática es el de la Demonización. A los enemigos de los países centrales se les convierte en “el malo de la película”. Desde George W. Bush creando el “eje del mal”, hasta los actuales “Estados Forajidos”, los medios convierten a los adversarios políticos de los poderes centrales en demonios que el mundo tiene la obligación de combatir. Así se ha hecho en Latinoamérica con los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, todos ellos producto de elecciones populares, pero ello no importa para calificarlos de “despóticos” o “populistas”. En el caso particular de Venezuela, todavía los medios corporativos usan el mito de que sus gobiernos son “dictatoriales”, aún cuando hayan sido producto de ganar en 15 años 18 de 19 elecciones, avaladas como transparentes por organismos internacionales neutrales. Igualmente con el gobierno de países emergentes, como Rusia o China, a los cuales se presenta como “no democráticos, crueles, etc.”. El caso particular más grueso en la actualidad es el de la demonización del Islam. Un serio estudio de cómo funciona esta puede consultarse en el artículo Fundamentalismo islámico: una creación mediática, del escritor y periodista Marcelo Collussi.  Incluida la demonización de algunos como el Estado Islámico cuya peligrosidad es evidente, pero cuya realidad los medios se han empeñado en ocultar bajo la matriz de “grupo terrorista” que no nos permite llegar a entender el proceso social que produce no sólo sus desconcertantes triunfos militares, sino el atractivo que ejerce sobre jóvenes de Occidente que intentan incorporarse a su lucha. La demonización crea entonces matrices de opinión descalificantes y mentirosas de los adversarios, y si bien esto ha sido parte en otras épocas de la propaganda de guerra, lo preocupante es que su institucionalización cotidiana avala un estado de guerra continua y sin fin en la que nos han sumergido los poderes centrales.

En  definitiva, esperamos haber logrado mostrar someramente como la manipulación que ejercen los medios utiliza estos falsos elementos para modificar nuestra percepción del mundo y sus acontecimientos y la gravedad del asunto.

Fuente: Barómetro Internacional

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