Siria: La batalla por Alepo

Sobre Alepo, la mayor ciudad industrial de Siria con más de un millón de pobladores, cayó a partir del 2012 una plaga de grupos armados abastecidos desde el exterior que ocuparon casi la mitad de la urbe y alteraron toda la vida.

Sitios web como Contrainformación ilustraron esos hechos: “yihadistas de diversas tendencias, compuestos en gran parte por mercenarios extranjeros, la rodearon, se infiltraron en varios barrios del centro de la ciudad. Los habitantes no colaboraron absolutamente en los ataques, al contrario sufrieron las consecuencias”.

De hecho —argumentó la publicación— las fábricas fueron desmanteladas por los yihadistas, los cuales recibían continuamente refuerzos y armas provenientes de Turquía, y fueron vendidas desmanteladas en ese vecino país.

A partir de entonces, en medio de una feroz guerra impuesta y ante ese ataque generalizado, las Fuerzas Armadas sirias intentan rescatar la región y traerla de nuevo al seno de la nación.

Nunca diarios como El País, El Mundo y otros medios de comunicación de Europa Occidental, manejaron con objetividad la realidad de lo que allí sucedía, incluso fueron más allá de la “visión informativa” de Estados Unidos.

Esas fuentes de comunicación ignoraron e ignoran el pleno derecho de Siria a recuperar territorios usurpados por la fuerza del terror y el absoluto desconocimiento de que Alepo es parte de esta nación del Levante y no un “foco de opositores rebeldes” opuestos al gobierno del presidente Bashar al Assad.

Ahora, cuando las Fuerzas Armadas sirias junto a sus aliados en el terreno asumen el papel de defensor de la soberanía nacional y expulsan paso a paso y en medio de cruentos combates a los grupos terroristas, Occidente exacerba el “llanto por “los rebeldes” y clama a gritos por miles de civiles atrapados en medio de los enfrentamientos.

En la propia ciudad y el resto de las zonas de la provincia de igual nombre cercanas a la frontera turca, se desarrolla una batalla sin precedentes en la región del Medio Oriente y en la que están involucrados no menos de 20 mil hombres, armas y medios de todo tipo.

A esta situación se suma el hecho de que ante las derrotas en el terreno, los grupos terroristas recurren al empleo de coches bombas suicidas, el bombardeo con morteros a zonas civiles y la insistencia de esas acciones sin medir consecuencias.

Tanto las autoridades sirias como Rusia, organizaron treguas, abrieron más de cuatro corredores humanitarios para la salida de civiles de las áreas de enfrentamientos y exhortaron a los irregulares armados a rendirse y evitar más derramamientos de sangre.

Esos intentos, ignorados por los armados, sobredimensionados y dramatizados al extremo por fuentes como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con sede en Coventry, Reino Unido, siguen sin aludir al derecho de Siria a recuperar un territorio nacional usurpado en medio de una guerra impuesta y no convencional.

Solamente en Alepo y sus inmediaciones, la cifra de muertos civiles sobrepasa el millar, con un número aún mayor de heridos, pero no por lo bombardeos sirios o rusos sino por el ataque indiscriminando de los terroristas, quienes incluso emplearon proyectiles con sustancias químicas.

Videos sobre bombardeos, destrucción de hospitales y otro tipo de hechos, reciben una amplitud desmedida desde Occidente y fuentes de Naciones Unidas recurren a procesos investigativos carentes de toda evidencia real, como si Alepo no fuera parte de la nación siria sino una nación extranjera agredida.

La batalla de Alepo, cada día más favorable al Ejécito sirio y sus aliados, implica además a instructores de tropas especiales —retirados o activos— de Estados Unidos, Turquía, Francia y Reino Unido, sobre cuyas acciones no hay una sola mención en la gran prensa occidental.

El presidente siro Bashar al Assad la comparó con la de Stalingrado, en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), porque significa el pulmón de una nación cuyo derecho a respirar libremente no puede negarse.

Fuente: Prensa Latina

Anuncios