España: El problema del PSOE y la socialdemocracia

Carlos Martínez
Politólogo

El PSOE tiene un problema acentuado ante este proceso electoral y es su falta de credibilidad. Se lo ha ganado a pulso. Su compromiso con el régimen y su pacto de sangre con la corona y con amplios sectores del IBEX le ha jugado la mala pasada de que no tenga respuestas y si las tiene, y algunas pueden tener, estas no son tomadas en serio por amplísimos sectores de las víctimas de la crisis de 2008. En estas elecciones, está que no levanta cabeza y solo una implantación todavía aceptable, logra que mantenga el tipo a duras penas.

No se puede achacar esta situación a la crisis de las ideas socialdemócratas. El problema de la socialdemocracia no ha sido no tener ideas, las tiene y tantas y tan buenas que parece que ahora todas quieren ser socialdemócratas. El problema es que anegada la socialdemocracia primero por Bad Gosberg, años después, el fracaso del miterrandismo, luego el felipismo y la tercera vía cuál puntilla de descabello, no solo abandona las ideas de Marx, de Kautsky, de Iglesias y de Jaures, sino también las de Bernstein. Eduard Bernstein el marxista heterodoxo y moderado, alemán, secretario general del SPD defendía un avance gradualista hacia el socialismo, pero este avance que partía de construir primero el estado social, no se quedaba solo en eso, sino en las transformación de las instituciones liberales en socialistas desde la democracia y en democracia.

Ese es el problema de los partidos de la llamada II Internacional, que desde los años sesenta y setenta del siglo pasado renuncian al gradualismo y entierran no sólo a Marx, sino a Bernstein o a Fernando de los Ríos en el caso español.

Claro que asesinado Olof Palme, ha habido que esperar a que socialdemócratas como Corbyn o Sanders, con el antecedente del socialismo democrático Oskar Lafontaine vinieran a reiniciar el gradualismo socialista, olvidado. Ese es el problema y se llama traición a los principios socialdemócratas. Porque tras garantizar las pensiones, la salud y la educación pública, el empleo digno y las prestaciones sociales, ¿Qué camino queda? ¿Con que se ilusiona? ¿Solo “reformando” el capitalismo? Pero si el socialismo, es superador del capitalismo.

El socialismo debiera estar hablando de democracia. De profundizar la democracia, si es que en democracia se quiere llegar al socialismo. Para lo cual es necesario avanzar hacia democracia cada vez más directa. Pero también democratizar la economía. Promover el acceso de las clases trabajadoras a la toma de decisiones económicas y a la gestión económica.

Democratizar la economía haciendo avanzar  el sector público, no solo en una nacionalización de la producción y distribución de energía eléctrica por ejemplo, sino con la creación de una banca pública, transportes públicos, sectores industriales públicos, comercializadoras públicas y una apoyo masivo y decisivo a la economía social, al mundo cooperativo y al trabajo social, al objeto de buscar el nuevo paradigma económico imprescindible y ocurre que,  todos y todas los líderes políticos del régimen, es decir insisto, todos- han renunciado a ello: pasa por incorporar el mundo del trabajo a la toma de decisiones y no tan solo a producir. De forma gradual, a lo Berstein, si se quiere, pero proponerlo y hacerlo. Pasa por crear al margen del capitalismo una nueva economía verde superadora de la economía del carbono. Pasa por el reparto y la justicia social universal.

La idea de gestionar el capitalismo y hacerlo bien, tratando de darle un rostro humano, ha sido la trampa en la que la socialdemocracia cae. El capitalismo, no puede ser humanizado o sería su final.

Ese es el problema, la falta de valores socialistas transformadores, que hoy en España, nadie salvo socialistas democráticos organizados en partidos socialistas alternativos defendemos y a los programas políticos me remito.

Por tanto ser socialdemócrata no lo garantiza ser del PSOE, no. Tampoco y al objeto de ganar una contienda electoral declararse uno tal cosa, pues queda bien y de paso se supera de inicio al partido de Pablo Iglesias y luego se le sustituye. No. Para ser socialdemócrata hay que exigir la nacionalización de sectores estratégicos, incluido sectores industriales –esto lo hicieron los socialdemócratas en numerosos países europeos entre 1945 y 1980 aproximadamente, incluso algún año más tarde–, nacionalizar bancos, crear y fomentar cooperativas y garantizar la sanidad, la educación y las pensiones públicas.

Fortalecer los sindicatos obreros y no enfrentarse a ellos. Poner lo público por encima de los intereses privados y planificar la economía desde los gobiernos, desde la democracia, que no es el libre mercado, sino la libre decisión y la libre capacidad de elección e incluso regresión lo que nos señala que es democracia. El libre mercado sin más es un problema, no es la solución sino para unos pocos, si no está regulado y controlado al menos.

Conclusión, hoy la socialdemocracia no está sin ideas. Está varada y vencida por ahora, por la cultura neoliberal. Está dominada en España por el régimen y en conclusión nadie cuestiona en el caso español, el fin del régimen valga la reiteración. El 15M lo hizo, pero eso ya está olvidado, más allá de vacíos gritos rituales.

Es sencillo, ¿Alguien en su sano juicio piensa que se puede avanzar a más democracia con una monarquía oligárquica? Ó ¿Que pertenecer a la OTAN es la simple pertenencia a una alianza militar contra “agresiones” externas? ¿Que una sociedad dominada por el mercado, no sujeto a regulación y planificación va a aceptar la toma de decisiones democráticas que le puedan perjudicar en una sociedad post-fordista y de capitalismo virtual, habiendo miles de lugares del mundo, donde invertir en condiciones de opacidad y con beneficios rápidos? O la mamá Troika y el FMI quedarán cruzados de brazos.

Pues bien todo ésto abrumó al PSOE hace treinta y ocho años, haciéndole cambiar de posición, discurso y actitud. Ahora también está abrumando a otros. Al menos en el PSOE hubo grandes resistencias internas -incluso Felipe perdió un Congreso- y  tardaron varios años de esfuerzos, expulsiones y escisiones, para hacer asumir la Corona y la OTAN a sus bases, pues incluso en el referéndum sobre el ingreso en la OTAN habría que recordar, lo que entonces se llamaba la familia socialista, votó dividida y personas como Nicolás Redondo se opusieron, sirviendo la UGT de refugio a numerosos socialistas disidentes.

Pero el principal problema para la socialdemocracia, surge con la implantación de la sociedad post-industrial y post-agraria de golpe, con la participación activa del PSOE de Solchaga y González. Con el consiguiente entierro de la clase obrera que había conquistado la democracia, importantes mejoras salariales y había impulsado al PSOE a implementar un estado del bienestar durante muchos años mucho más aceptable que ahora, tras el desmoche del PP tan bestia y tan cruel. La industria pesada fue destruida en favor de Alemania por lo que la España de sol y ladrillo, ni puede garantizar un estado del bienestar correcto ni una fuerza social organizada capaz de impulsar desde la lucha de clases el avance hacía el socialismo. Una sociedad de capitalismo rentista, es una sociedad muerta.

El PSOE mientras tanto no ha sabido encontrar ni siquiera su Corbyn (Tiene por cierto alguien que lo puede ser). Es incapaz, pues ha cercenado toda posibilidad de debate teórico serio, más allá de cuatro obviedades y unos aparatos carentes de brillantez, entrega e ideas socialistas. Una oligarquía de hierro desconocedora de su propio bagaje teórico. Todavía recuerdo como hasta hace muy pocos años un actualmente concejal de Ciudadanos por Granada y diputado en la pasada y brevísima legislatura llamado Luis Salvador, personaje agradable a la vez que ambicioso y de derechas, que jamás a leído a Marx más allá de textos académicos, ni a Bernstein ni a Kautsky, ni a … nadie socialista. Iba el personaje dando charlas formativas por toda España y era un formador del PSOE, un tipo ¡liberal! que ahora es dirigente de Ciudadanos. Con esos espartos, no se puede tejer un cesto socialista.

Tampoco ignorando a la tradición socialista, como otros hacen, y por tanto a los y las autoras socialistas y socialdemócratas,- los renegados según Lenin-, que tejen unos partidos, sindicatos y movimientos que si han transformado la realidad y logrado importantes victorias, las mismas que ahora el neoliberalismo y la derecha conservadora destruyen a pasos agigantados.

El socialismo democrático es el futuro y los es porque partiendo de bases reales y de la democracia, puede transformar y cambiar radicalmente, con libertad y alegría la sociedad. Tiene ideas para hacerlo. Es republicano. Es contrario a los bloques militares. Pero el esfuerzo no se puede dar en un solo país. Nación a nación, patria a patria nos destruyen y vencen. Por eso hay que tejer puentes y complicidades, ver con ilusión lo que Sanders ha sido capaz de hacer y seguir su estela. Aunque para ello hay que iniciar un discurso claro: hay que cambiar el sistema. Hay que finiquitar el régimen. Hay que pensar y decir que el capitalismo tiene alternativa. Hay alternativa.

Mientras tanto las personas socialistas democráticas no podemos permitir que el problema del PSOE contagie al socialismo con su enfermedad, como en gran parte ya ha hecho y tenemos que rescatar el socialismo para las clases trabajadoras y populares, como el único instrumento capaz de liberarlas en el siglo XXI. Humildemente, en ello estamos, desde el socialismo militante y como socialistas democráticos, sin disfrazar, ni nuestro nombre, ni nuestras ideas. El legado de Pablo Iglesias no va a desaparecer, los partidos socialistas independientes del poder ,del estado y de clase, tampoco.

Fuente: Socialismo21

Anuncios