Carta abierta a José ‘Pepe’ Mujica

José G. Hernández Brizuela
Profesor Agregado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo. Valencia (Venezuela)

Nadie se atreverá a negarlo! La cordura, virtud honorable,
no debe jamás tratar de sustituir a la locura de la juventud,
porque solo conseguirá castrar a los pueblos y producir
 la infecundidad de la historia… La juventud es “loca”,
 pero su locura es sublime.

Argimiro Gabaldon

¡Querido Pepe!

Tú no sabes quién soy yo, pero eso no importa, porque en Artigas y Bolívar somos hermanos. Y los hermanos se reclaman cuando uno ofende al otro; cuando la ligereza de la lengua agravia en el honor.

Traigo a mi mente esas sabias palabras del Comandante “Carache” (Argimiro Gabaldón), para tratar de comprender lo que has dicho y ha causado tanto dolor en gente que te respeta y admira. Ciertamente quiero creer que tu impresión sobre nuestro otro hermano, Nicolás; es propia de la “Cordura” que debe caracterizar a un hombre de tu edad, sobre todo si ha tenido una vida intensa y comprometida como la tuya.

Te he oído decir lo siguiente: “pertenezco a una generación que quiso cambiar el mundo, fui aplastado, derrotado, pulverizado, pero sigo soñando que vale la pena luchar para que la gente pueda vivir un poco mejor y con mayor sentido de igualdad”. ¡Déjanos luchar entonces Pepe! Nicolás, quién escribe y otros tantos y tantas “cabras locas” de esta tierra gloriosa que parió a Bolívar, somos la “nueva generación” dispuesta a tomar la bandera que ya la “cordura” propia de tu edad, no te permite llevar. Seguramente no eras tan cuerdo cuando te lanzaste a la “locura sublime” de cambiar al mundo.

Pues ya ves hermano Pepe, el mundo no ha cambiado mucho; ni tu locura pasada ni tu “cordura”presente, han frenado las apetencias del mismo imperio que te torturó ayer y te limitó por años en tu presidio, solo a la compañía de una rata, según has contado. Es el mismo esbirro “torciéndonos el brazo”, haciendo “crujir nuestra economía”; cobrándonos el atrevimiento de ser soberanos y dejarnos arrastrar por la locura de dos muchachos: Hugo y Nicolás, hermanos tuyos y míos.

Lástima que la “cordura” suela ser a veces ligera, inoportuna. Es una pena que le cueste tanto ver el daño que puede hacer en ciertos contextos, al punto de contribuir a“castrar a los pueblos y producirla infecundidad de la historia”, cuando sirve al discurso de la reacción. Debe preocuparte Pepe que tu discurso encuentre eco en los sectores más retrógradas de Nuestra América; que los que ayer desde aquí te tildaban de “chulo”, tanto a ti como a la Gloriosa República Oriental del Uruguay, hoy se sientan congraciados por tus palabras.

No voy a sucumbir ante la rabia para irme al otro extremo y ofender tu grandeza. Nadie que te conozca lo hará y menos yo que soy tu hermano, aunque no nos conozcamos querido Pepe. Por cierto, tampoco lo hizo nuestro hermano Nicolás. Lástima que no hayas pensado igual antes de decir tus destempladas palabras. Ojalá las mismas no sean reflejo de “cierta forma de soberbia” que embriaga a la intelectualidad; sería muy triste Pepe que degrades a eso. Hasta ahora te hemos admirado mucho por la humildad que acompaña a tu sabiduría.

Pero algo si te digo para que lo tengas presente en tu próxima reflexión sobre nuestra patria y nuestro hermano presidente Nicolás Maduro. No es lo mismo gobernar a Uruguay, que al país con la mayor reserva de petróleo del mundo, sin contar las de gas y las auríferas. No es cualquier cosa ser presidente de una nación que con el peso histórico de tener a Bolívar como su más ilustre hijo, se lanzó en pleno siglo XXI a levantar puentes entre nuestros pueblos y a fortalecer lazos sociales, históricos y económicos. No es igual gobernar una pequeña población mayoritariamente longeva, que a un pueblo cuyo promedio de edad no alcanza los 40 años. No hay en Uruguay los recursos que aquí, razón por la que no ha sido necesario descalificarte Pepe, ni someter a tu pueblo a una guerra de cuarta generación, expresada en el más feroz ataque mediático y psicológico que país alguno en Nuestra América haya sufrido. Recuerdo haber visto que institucionalizabas la unión entre parejas de un mismo sexo (hecho revolucionariamente humano); aquí algo así sería el fin del mundo y el blanco perfecto para desatar una campaña acusando a la Revolución Bolivariana de acabar con los valores fundamentales de la sociedad. No Pepe, no es igual; a ti te dejaron gobernar porque nunca representaste un peligro real a las pretensiones imperiales, porque llegaste longevo a la presidencia y la ejerciste con la “cordura” propia de tu edad; pero ese no fue el caso ni de Hugo Chávez, ni de Nicolás Maduro.

Finalmente cito nuevamente a Gabaldón y su texto sobre la juventud: “¿Qué podría decirse de Bolívar en Cosacoima, cuando loco de fiebre, sueña despierto en llevar la guerra hasta el Sur? Los que lo oyeron se pusieron a llorar, porque su cordura, en la desesperada situación en que se hallaban, no les daba para pensar otra cosa que no fuera la de que Bolívar había enloquecido. ¡Gloriosa locura!” Si Pepe, es desesperante nuestra situación, es verdaderamente difícil; el imperialismo y sus lacayos internos nos tienen al borde de un precipicio brincando como “cabras locas”; pero con Argimiro Gabaldón decimos “Gloriosa locura” y nos lanzamos al martirio de defender hasta lo último esta Patria. No callaremos, no dejaremos de decirte que esta vez erraste camarada, porque con Galeano aprendimos que “hemos mantenido un silencio bastante parecido a la estupidez”. ¡Ya basta! Con la voz y guitara de Zitarrosa y Viglietti nos iremos a desalambrar el cerco que hace crujir nuestros sartenes. El llanto de nuestras mujeres se callará porque “el clarín de la patria llama”. Con nuestro hermano Benedetti te digo querido Pepe: “Ni colorín ni colorado, el canto no se ha acabado”.

Fuente: Aporrea

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